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La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

Categoría: China Japon

22 Septiembre 2009

OJOS QUE NO VEN (93)

 

Diversidad de religiones (7)

 

CONFUCIANISMO. Es el conjunto de las enseñanzas de Confucio, pensador y político chino que vivió entre los años 551 y 479 a.C.  Su doctrina ética y religiosa, postergada por la política comunista, está renaciendo en China, su lugar de origen, donde cuenta hoy día con poco más de cinco millones de adeptos, algo realmente minoritario en un país de casi 1.500 millones de personas. El confucianismo no es propiamente una religión, sino más bien la manifestación de un código moral, que obliga a practicar el bien, a trabajar mucho, ahorrar y no mostrar inclinación a la vida lujosa. Las principales virtudes son la lealtad, la prudencia, el esfuerzo y la obediencia, expuestas en sentencias recogidas por sus discípulos en el libro Las conversaciones de Confucio, se completan con la importancia de la piedad filial (xiao) que siempre ha caracterizado a la moral china y países del Oriente lejano, como Japón, donde convivió con el sintoísmo, predicando la buena educación, las relaciones respetuosas y los ritos de armonía social. La fuerza del pensamiento de Confucio se puede apreciar en cualquier comunidad china como aglutinante de las más diversas creencias, ya que se respeta la libertad individual en materia religiosa y en una misma familia puede haber practicantes católicos, budistas, protestantes o taoístas, sin que aparezca el conflicto religioso.

A pesar de los esfuerzos de la Revolución Cultural, cuyo máximo componente era la doctrina atea del comunismo, el ideario de Confucio permanece como un profundo componente milenario de la cultura china, que no se ha expandido por otros continentes. No tiene dioses, ni revelaciones, ni reliquias, ni templos ni ciudades santas, pero se respetan los lugares sagrados de otras religiones, especialmente las montañas taoístas o budistas del este de China. La tumba de Confucio, que murió pasados los 70 años de edad, está situada en el cementerio de la ciudad china de Qufu, visitada anualmente por millones de personas, fieles o turistas.

TAOÍSMO. Convive en China con el confucianismo desde el siglo V a.C. y sigue la doctrina expuesta por Lao-Tsé en el texto Tao-Te-king, o libro del Tao, naturaleza única y eterna, ser universal, indeterminado e inefable, del que todo deriva y al cual todo vuelve; con él se alcanza la paz perfecta y la inmortalidad. Los taoístas no creen en un único Dios supremo, sino en miles de dioses y en las fuerzas de la Naturaleza (Yin y Yang) que, mediante la tensión creadora que existe entre ellas, logran mantener el equilibrio y el movimiento del universo. Este par de fuerzas existe eternamente y no fue creado por ser alguno. No hay que esperar un fin del mundo, sino el viaje personal hacia la inmortalidad, mediante sucesivas reencarnaciones, doctrina similar a la del budismo. Al morir, el alma es juzgada por un tribunal de dioses y después de ser purificada por un castigo, renace de nuevo. Una de las fiestas más celebradas es el Festival de los Fantasmas Hambrientos, o liberación de las almas en pena, ya que la reencarnación puede llegar a ofrecer al cuerpo humano la inmortalidad, considerada como un estado de no corrupción, que se alcanza mediante la práctica continuada de una moral no beligerante ni activa.

Taoísmo y Confucianismo constituyen las dos caras de un mismo mundo. Opuestos, pero a la vez complementarios, como el yin y el yang, el primero representa la espontaneidad y la trascendencia, el segundo el clasicismo y la tradición.  La vida del buen taoísta ha de tener como lema el "no hacer nada para alcanzarlo todo". Las doctrinas de Tao y de Confucio son seguidas por más de 700 millones en el continente asiático. Su influencia se ha extendido a, Malasia, Australia y Estados Unidos de América.

SHINTOÍSMO. El Shinto, religión originaria del Japón, carece de dogmas, de libros sagrados, de afán proselitista y de sacerdotes. No tiene fundador, ni doctrinas, mandamientos o preceptos, no enseña ni la salvación ni el pecado, pero busca ‘purificar' almas y cuerpos, para entrar en contacto con los kami (divinidades espirituales, héroes y hombres famosos, objeto de veneración y culto, sinónimos de sobrenatural). Son deidades del hogar, de la región, que habitan en las montañas, en los ríos, en los árboles, en los animales...que presiden toda actividad humana. El shintoismo carece de organización y de ídolos, aunque predica el culto a los antepasados y un cierto ‘animismo naturalista' con una antigüedad muy anterior a la llegada del confucianismo chino. Cada persona siente a su modo el misterio de la vida en el país o "Tierra del Sol Naciente". En la actualidad hay en Japón más de 80.000 santuarios o ‘lugares sagrados' cuya entrada está marcada por el torii (esquema de ‘puerta sagrada' con sólo dos jambas, que sostienen un dintel curvado hacia arriba) y cerca de 6.000 kannushi o maestros del Shinto.

Los creyentes sintoístas son tres millones y medio de japoneses, que toman aspectos sustanciales de su doctrina del budismo indio y del confucianismo chino, pero  poniendo en la clave de esa religión político-filosófica la figura endiosada del emperador, cuyos antepasados descendían directamente, según la creencia popular, de Amaterasu, la Diosa del Sol, la principal deidad del shintoísmo. Mientras el pueblo hebreo vivía su peculiar peregrinación en busca de la Tierra prometida por Jahvéh, en el oriente brillaba con luz propia el imperio japonés, cuyos emperadores descendían de los dioses, y vivían en el aislamiento lujoso de su divina condición. Con la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, el emperador renunció explícitamente a su carácter divino, pasando de Jefe del Estado a ‘símbolo del Estado'. A pesar de todo, al acceder al trono en 1989, el nuevo emperador Aki Hito cumplió con la ancestral ceremonia de dialogar con su antepasada la diosa Amaterasu. El sintoísmo es una religión politeísta, no proselitista, con numerosas variantes, que puede convivir con otras religiones, como el budismo, el confucianismo y el taoísmo, y que considera como su lugar sagrado el Monte Fuji. Sus fieles creyentes suman unos 110 millones. (Continuará).

 

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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