Categoría: Educación
2 Febrero 2009
Desde un punto de vista individual, la libertad interior consiste en no dejarse controlar por la mente de otros, ejercitando el derecho a la rebelión intelectual, siguiendo sólo el dictamen del propio juicio crítico. La Universidad Complutense de Madrid tiene como lema la frase latina "Libertas perfundet omnia luce" (La libertad iluminará todas las cosas con su luz) que es similar a la doctrina europea del Siglo de las Luces, sintetizada por el "Sapere aude" (Atrévete a saber), sin más límites ni fronteras que el "imperativo moral" kantiano, soñado por la razón. "El sueño ilustrado de la emancipación, el sueño de la liberación de la humanidad erigido en promesa por la Ilustración, fue el sueño de la razón" (Javier Muguerza, "Kant y el sueño de la razón", capítulo incluido en La herencia ética de la Ilustración, Crítica, 1991).
La libertad no es un concepto unívoco, como ya se ha dicho. Para muchos ideólogos la libertad sólo existe como relación social y política, reduciendo su capacidad a lo que llaman "la libertad del consumidor", en unas sociedades dominadas por un capitalismo arrollador. Hay otras libertades de carácter social que afectan al individuo, subordinadas generalmente a la política, en las que hay que incluir la de expresión y la de imprenta, cuya consecución en los pueblos libres ha costado años de lucha y sufrimiento en el doloroso camino de la emancipación. Pero, aunque son entendidas de ordinario como la verdadera emancipación liberadora, estas libertades son ajenas a mi propósito, que pretende fijarse exclusivamente en la libertad interior del individuo, previa a las preocupaciones sociales, y cuyos límites deben ser conocidos por el sujeto reflexivo para alcanzar su identidad, de autodominio y dignidad personal. La metáfora de El gen egoísta, de R. Dawkins, proclama que, en realidad, somos esclavos de nuestros genes, que son los que ‘de verdad' tienen intereses. Es como si manipularan nuestros deseos en su beneficio, como si nosotros sólo fuéramos los vehículos que los transportan a través del tiempo, en su viaje a la eternidad. Si la liberación de la esclavitud genética, con la que todos nacemos, es difícil de conseguir, mucho más lo es cuando se trata de superar los memes maléficos, que no tienen más objetivo que la anulación del individuo pensante para lograr la supervivencia de una colectividad, mediante la esclavitud ideológica. Sólo nosotros tenemos, en contrapartida, las únicas armas para contenerlos: la razón y la voluntad. ("La inteligencia es como el alma de la libertad", decía Leibniz). Por eso somos los únicos seres capaces de ser libres.
Nuestra primera obligación, como seres humanos, es la de ver con claridad dónde están las fronteras de esa libertad interior o espiritual que se nos quieren ocultar convirtiéndonos en seres clónicos, anulando nuestra singularidad, con el pretexto de que, fuera del colectivo, nunca llegaremos a encontrar la puerta de la salvación. La educación puede ser, ya se ha visto, tanto un proceso de liberación como de esclavitud. El adulto que adoctrina deja en sus discípulos escaso margen para la libertad de pensamiento. Es tal el cúmulo de condicionantes que mediatizan nuestros actos que el campo de la libertad se estrecha hasta límites agobiantes. ¿Quién no se ha sentido en alguna ocasión marioneta del destino, de las costumbres, del poder político o de ‘sagradas' enseñanzas?
Llegados a este punto, es necesario detener la mirada en la libertad de conciencia, derecho fundamental del ser humano, inmediato al derecho a la vida. Esta libertad me permite elegir una creencia espiritual entre todas las existentes, incluso la no-creencia. Se trata de una elección personalísima entre los diferentes memes espirituales que reclaman mi adhesión, descalificando a los adversarios con el estigma de la falsedad. Pero como los memes religiosos son productos culturales, habrá tantos como culturas, por lo que conceptos como verdad o falsedad son siempre relativos. Lo que sí pretenden todos es someter el juicio crítico de cada posible militante a una doctrina común que sirva de aglutinante a una masa auto-sugestionada por el atractivo del líder ideológicamente carismático. Para quienes se resistan al adoctrinamiento se reservan toda clase de ‘castigos', temporales o eternos, incluso la aniquilación corporal, como ha sucedido siempre con los sucesivos fanatismos, enemigos seculares de la libertad. Hay otra forma de afrontar la disidencia, más humana, pero siempre taimada y sostenida por la soberbia, que es la ‘displicencia" tolerante, en aras de una más civilizada convivencia. Sin embargo, el derecho a la libertad espiritual no admite más solución que la libertad de conciencia, incluso para el ateo o el agnóstico. Esta es la única frontera que dignifica al ser humano, y que debe ser tan respetada como el derecho a la vida. Con sus inseparables secuelas del derecho al libre-pensamiento, a su libre expresión y a la libre difusión del mismo. Nadie debe impedir ni escandalizarse de que se difundan las ideas cristianas, budistas, hinduistas o musulmanas. Pero tampoco de que lo hagan los agnósticos o ateos convencidos. El respeto mutuo es la condición inexcusable de la felicidad y de la convivencia en paz, como enseña la doctrina laicista, que no pretende imponer a nadie sus ideas, sino respetar por igual a todas las religiones.
Dos palabras más sobre la libertad predicada -algo diferente de ayer a hoy- por el cristianismo. Para la doctrina cristiana no hay más esclavitud esencial que la del pecado. Si para Isaías, en el Antiguo Testamento, lo importante era la "liberación de los cautivos" (Is.61:1-2), para Jesús de Nazaret, según el evangelio de Juan, "Todo el que hace el pecado es esclavo del pecado" (Ju. 8:34). Esta doctrina, que sólo se encuentra en el cuarto evangelio, es la misma de Pablo de Tarso en su Carta a los Romanos: "Liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia" (Ro. 6:18). Ahora bien, como es sabido, está demostrada la dependencia doctrinal del evangelio de Juan con respecto a ese tratado teológico que es la carta paulina a los Romanos, escrita medio siglo antes. (La carta de Pablo se calcula que fue enviada en el año 57, mientras que el cuarto evangelio fue redactado a comienzos del siglo segundo). En este caso, como en otros, se advierte la transformación de la doctrina mesiánica de Jesús en la doctrina mística de Pablo, con su obsesión por el pecado y el odio a la naturaleza carnal del hombre. De hecho, Pablo, "que creó a Jesucristo" (Richard Ambelain), dio el paso fundamental del cristianismo judaico al cristianismo helénico, más idealizado, influido sin duda por la doctrina pagana del orfismo esotérico, como señala O. Macchiero (Orfismo e Paolinismo).
Esta idea teológica de liberación no es sino una obligación hacia el Dios-juez imaginado, que amenaza con el castigo futuro, el meme más incardinado en la estructura mental de Occidente. Así, el hombre ha de conseguir la liberación del castigo mediante una compulsiva esclavitud, la del temor o, en caso de premio, la del interés. Pero, actuar racionalmente contra la pretendida voluntad de Dios (mero símbolo creado por el hombre) es también un acto de liberación, ya que, como afirma Eric Fromm: "el acto de desobediencia, como acto de libertad, es el comienzo de la razón" (El miedo a la libertad, Paidós, 1973). No hay mayor liberación para el hombre religioso que sacudirse la angustia de sentirse pecador (obsesión inconsciente) ante la inevitable realidad de la muerte. Ya hay suficientes causas de angustia en esta vida para que, además, nos dejemos intimidar por un delito inexistente, tan ilusorio como el ser infinito que nos intenta esclavizar a su voluntad, o mejor, a la voluntad de los que crean y difunden una doctrina tan fantástica como el dios que predican. (Continuará).
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22 Enero 2009
Pierre Magistretti, director del Instituto suizo ‘Mente y Cerebro', confiesa sin ambages que el individuo humano ha sufrido manipulaciones interesadas a lo largo de la historia, con objeto de lograr ´clonaciones ideológicas´. ("Más temo a la clonación cultural que a la genética"). La primera, desde luego, la ‘clonación' religiosa. Sin embargo, para el Director del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts (Boston), el filósofo oxoniense Daniel Dennet, "hay una manera natural de explicar el fenómeno religioso... que es, simplemente, un producto de la evolución cultural de la especie, como el lenguaje o la música". Podría explicarse su evolución "como se explica el cáncer". No basta con la educación, ni con la insistente promulgación de los memes religiosos por los responsables familiares: "los hombres piensan que creyendo en Dios van a ser mejores, que abrazando una religión va a ser más fácil apartarse del mal". Muchas personas endebles de espíritu necesitan encontrar un sentido a la vida, que solamente lo proporcionan las agrupaciones de creyentes "en algo": es la gran fuente de prosélitos de las diferentes Iglesias. Así se consigue formar parte de un grupo, sentirse arropado y protegido por los miembros del mismo ‘club'. Por miedo a la soledad.
La conducta humana responde tanto a los memes como a los genes, pero en el ámbito de la moral es donde más se alejan unos de otros. Para los genes no existe la moral, ya que son indiferentes a todo lo que no sea la supervivencia de la especie. Para los memes, en cambio, los valores morales (o inmorales), como todo lo aprendido, son el campo de juego en el que consiguen las mejores victorias. Muchas personas no entienden bien en qué consiste este novedoso concepto de meme. Baste decir que de él dependen la ética y la estética, la política y la solidaridad, la fe y la caridad, es decir, todo lo que puede englobarse en la axiología de una persona, la suma de los valores que conforman una personalidad. Los memes serán, pues, los productos derivados de una educación, de un ambiente, de unos ejemplos, de unos consejos, de unas lecturas. (Los muertos nos educan y enseñan a través de sus obras. Valoremos la importancia de los libros).
Los genes, por su parte, dependen de la química hormonal, sin valoraciones ni consideraciones de carácter ético, aunque sí afectivo y emocional. El altruismo, por ejemplo, que encontramos a cada paso en personas de bondad reconocida, depende de la ‘vasopresina', una hormona vinculada a la creación de vínculos sociales. Un altruista es, simplemente, un ser humano que tiene mayor cantidad de ‘vasopresina' actuando en su comportamiento. Además, los buenos ejemplos, las actitudes de amor y compasión adquiridas en el entorno no dejan de presionar al cerebro para animar y justificar tales actos. (Aquí no se habla de genes, sino de cerebro). El psicólogo Daniel Goleman, autor de La inteligencia emocional, escribe que "El cerebro humano tiene más propensión biológica hacia el amor, la compasión y la cooperación que hacia la ira, la envidia, el egoísmo. Infinitos actos de bondad que ocurren todos los días y que superan con creces a los de crueldad" (La inteligencia social, Kairós, 2006).
La bondad, la generosidad, la caridad, la compasión, los múltiples casos que vemos a diario de lo que llamamos ‘buena conducta', pueden responder tanto a reacciones hormonales de la herencia como a una educación esmerada en buenos sentimientos. Pero también a una ‘simulación' de intereses egoístas. La honestidad puede no depender de las creencias, sino de un motivo oculto para favorecer la convivencia, como la propia reputación. (¿Acaso todos nos comportamos igual en las relaciones sociales que en los momentos de privacidad?). La ciencia de la Sociobiología, creada por los neo-darwinistas (Edgard O. Wilson) explica el altruismo, la cooperación y la no-violencia de los humanos por la ‘apariencia' con que deseamos presentarnos en sociedad. El miedo al castigo ¿no es también un motivo de auto-represión? "No peques nunca, porque Dios te ve": esta es la premisa de toda educación religiosa que se precie. El meme de la represión es el que impide la verdadera educación "en" y "para" la libertad. Freud creía que la ‘civilización' es posible gracias a la inhibición de los instintos violentos: es la ‘sublimación', proceso misterioso, por el cual los instintos criminales más primitivos se civilizan. Pero "la regresión a la barbarie -añade Norman Doidge- siempre es posible y la civilización siempre será algo frágil y vulnerable que debe enseñarse con cada generación, como si de algo nuevo se tratara" (El cerebro se cambia a sí mismo, Aguilar, 2008).
Lo que ahora me importa es profundizar en los memes de las creencias religiosas, en especial de las católicas, con las que, como dócil hijo y aplicado escolar, he convivido durante mis mejores años, sin apreciar mi condición de esclavo ideológico, siempre angustiado por una absurda cosmovisión que me condenaba al sufrimiento psicológico y a la angustia de un futuro incierto. Afortunadamente, llegó la hora de abrir los ojos y de la sublime decisión de hacer frente al acoso de los memes que me dominaban. Haciendo uso de mi propio juicio crítico, supe al fin ver el sinsentido a que me conducían las creencias recibidas, la falacia de las fantasías religiosas, y tuve el valor de sacudir ese pesado yugo, logrando hallar la felicidad en esa sacudida espiritual, antesala de la verdadera libertad, la de conciencia. Hago mías las palabras de Buda, transcritas por Fernando Sánchez Dragó en su Carta de Jesús al Papa (Planeta, 2001):
"No creáis en nada simplemente porque lo diga la tradición, ni siquiera aunque muchas generaciones de personas nacidas en muchos lugares hayan creído en ello durante muchos siglos. No creáis en nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen. No creáis en nada sólo porque así lo hayan creído los sabios de otras épocas. No creáis en lo que vuestra propia imaginación os propone, cayendo en la trampa de pensar que Dios lo inspira. No creáis en lo que dicen las sagradas escrituras sólo porque ellas lo digan. No creáis a los sacerdotes ni a ningún otro ser humano. Creed únicamente en lo que vosotros mismos habéis experimentado, verificado y aceptado después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia".
(Continuará).
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21 Enero 2009
‘Educar', en realidad, es "una actividad por la cual unos hombres modifican la conducta de otros" (Octavi Fullat, El pasmo de ser hombre, Ariel, 1995). Es decir, comportamiento, axiología, conducta. Sectas religiosas, partidos políticos, fanáticos de toda índole, desde los deportes a las manifestaciones artísticas o costumbristas, quieren hacer prosélitos entre los más incautos, indefensos o atrasados mentales, a fin de conquistarlos para su causa, mediante la instalación en el cerebro de un ‘chip' memético. Es desconocer la libertad que nos hace humanos. Mi cerebro, que condiciona y activa todos mis actos y pensamientos, reclama una educación ‘en' y ‘para' la libertad, algo extraño a la educación ‘dirigida' con el pretexto de hacer el bien a las mentes menos formadas. Todo joven tiene el derecho al aprendizaje del lenguaje que le permita hablar, pensar, filosofar y decidir con ‘espíritu crítico', sin sometimiento reverencial a ninguna autoridad que lo pretenda embaucar con un ‘pensamiento único'. La educación es algo más que una transmisión de mensajes interesados. Es una formación en valores éticos, de conducta, de creencias, de cosmovisión, de autodominio emocional. Nada tiene que ver con los libros de texto. La única finalidad de la educación es potenciar la libertad para poder cada uno pensar por sí mismo, esforzarse y ser dueño de la propia vida.
La formación intelectual supone la demostración de verdades científicas o históricas y su asimilación por el cerebro y la memoria, es decir, la acumulación de saberes. Por el contrario, la formación educacional es un aprendizaje de valores, una axiología, ciencia olvidada pero indispensable. "El verdadero educador, decía el filósofo Xavier Zubiri, es el que enseña a sus discípulos a ver el ‘sentido' de los hechos, la ‘esencia' de todo acontecimiento, situarlos en el ‘punto de vista' adecuado para que vean por sí mismos el objeto". Para lo cual añadía que "el ejemplo es el instrumento esencial". El reto actual de la ética es, precisamente, la reorientación moral de la juventud, el rearme intelectual que les permita sacudirse el polvo de la (mala) educación recibida y fijar la vista en un horizonte más decididamente humano, basado en la libertad de conciencia, una ética secularizada, fundamentada en la Declaración de Derechos Humanos, sin dejarse seducir por los cantos de sirena de ningún partidismo de cualquier clase que sea.
El futuro del ser humano pasa por la libre elección de valores, que no han de ser predicados necesariamente por ningún gurú de la pedagogía. Los valores del respeto mutuo, la sinceridad y la conducta recta, sin ‘enganches' ideológicos, por muy atractivos que sean los carteles desplegados de un pensamiento uniforme. Ante todo, los hombres (y mujeres, por supuesto) no han de olvidar que para ser ‘personas' necesitan criterio propio, no contaminado, sino nacido de la propia conciencia de ser libre, aunque menesteroso. El espíritu enteco, que se deja influir por los demás aceptando sin oposición los memes ajenos, no pasará de ser un número en una agrupación, carecerá de personalidad (y por tanto, de verdadera humanidad). Apóstoles de toda clase de credos están al acecho de los más débiles para sumarlos a su causa, mediante procedimientos de captación ‘educativa'. Sólo un espíritu fuerte podrá hacer frente a esa llamada a la esclavitud intelectual y moral.
Informar y educar no son conceptos sinónimos. Para informar o instruir se necesita la sabiduría del docente y un sistema pedagógico; para educar, el máximo respeto a la conciencia del educando y unas máximas éticas que han de comenzar por el ejemplo. Si difícil es lo primero, muchísimo más lo es la transmisión de los valores que han de perpetuar la educación en libertad. Los encargados de transmitir los saberes deben también participar en la educación ética; pero su cometido principal es distinto. Quienes se ocupen de la educación han de valorar la riqueza de la semilla que plantan en el cerebro tanto como el escrupuloso respeto a la personalidad de quien la recibe. Porque, según palabras del filósofo español Emilio Lledó, "sin belleza, justicia y bondad, o sea sin el fondo que armoniza y conjuga las acciones individuales, toda existencia es una semilla perdida" (El surco del tiempo, Crítica, 1992). La especie humana puede llegar a metas insospechadas de sabiduría científica o tecnológica, pero si falla la educación ética estará irremisiblemente condenada a la degradación y al fracaso.
Al considerar la idea de Dios y del sentimiento religioso, Dawkins se pregunta: "¿Qué hay en la idea de un dios que le da estabilidad y penetración en el medio cultural?". Se responde a sí mismo afirmando que el valor de supervivencia del meme dios en el ingente acervo de memes resulta de la irresistible atracción psicológica que ejerce. Aporta una respuesta superficialmente plausible a problemas profundos y perturbadores sobre la existencia. Sugiere que las injusticias de este mundo serán rectificadas en el siguiente. "Los ‘brazos eternos' sostienen un cojín que amortigua nuestras propias insuficiencias y que, a semejanza del placebo de un médico, no es menos efectivo que éste por el hecho de ser imaginario". La explicación de Dawkins no podía ser más sensata: "Estas son algunas de las razones de por qué la idea de dios es copiada tan prontamente por las generaciones sucesivas de cerebros individuales. Dios existe, aun cuando sea en la forma de un meme con alto valor de supervivencia, o poder contagioso, en el medio ambiente dispuesto por la cultura humana".
La mayoría de los memes fabricados por el hombre pueden desaparecer con el tiempo, pero la idea de un dios creador omnipotente y justiciero ha superado varios miles de años de fructífera y veloz propagación en el cerebro de casi todos los humanos. ¿Por qué? El mismo autor, además de la explicación psicológica, añade que la causa está en "la gran permanencia potencial de los registros escritos". Se refiere, por supuesto a la Biblia de las tres religiones monoteístas. Pero también a la concomitancia de otros memes que se ayudan mutuamente y perviven de forma simbiótica. En este sentido, escribe: "quizá podríamos considerar una iglesia organizada, con su arquitectura, sus rituales, leyes, música, arte y tradición escrita, como un juego estable coadaptado de memes que se ayudarían mutuamente". Así la fe, que renuncia al juicio racional, y que confía ciegamente en un líder o una doctrina, en ausencia de pruebas, incluso frente a evidencias. Su renuncia a la razón es, paradójicamente, la clave de su éxito: "El meme para una fe ciega asegura su propia perpetuación por el simple e inconsciente recurso de desalentar una investigación racional". Creer es no desear saber nada distinto del dogma. (Continuará).
servido por Francisco
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20 Enero 2009
En el capítulo XI de su libro, Dawkins expone su brillante teoría de los memes como parte segunda y fundamental de la teoría de las entidades "replicadoras" que actúan como base biológica de nuestra conducta. Los genes biológicos forman parte de la herencia de cada individuo, son de carácter químico y limitan de manera notable la tan cacareada libertad del ser humano. El ADN de cada célula viva lleva actuando más de tres mil millones de años, pero, según el autor, "la antigua evolución seleccionadora de genes, al hacer los cerebros, proveyó el ‘caldo' en el cual surgieron los primeros memes. Una vez que surgieron estos memes capaces de hacer copias de sí mismos, se inició su propio y más acelerado tipo de evolución". Esta nueva entidad no es genética, como digo, sino cultural. "El nuevo ‘caldo' necesario para el cultivo de las muestras es el ‘caldo' de la cultura humana, siendo estos memes algo tan usual y corriente como las ideas, las modas, las manufacturas, la belleza del arte y de la música, y todo aquello ‘abstracto' que pueda saltar de un cerebro a otro, para seguir su propia existencia en la mente del nuevo individuo. Es decir, que según el mismo autor "se debe considerar a los memes como estructuras vivientes, no metafórica sino técnicamente".
Al hacer la comparación entre genes y memes, Dawkins reflexiona de la siguiente manera: "Cuando morimos, hay dos cosas que podemos dejar tras de nosotros: los genes y los memes. Fuimos construidos como máquinas de genes, creados para transmitir nuestros genes. Pero tal aspecto nuestro será olvidado al cabo de tres generaciones... Nuestros genes pueden ser inmortales, pero la colección de genes que forma a cada uno de nosotros está destinada a desintegrarse hasta desaparecer...No debemos buscar la inmortalidad en la reproducción. Pero si contribuyes al mundo de la cultura, si tienes una buena idea, compones una melodía, inventas una bujía, escribes un poema, cualquiera de estas cosas puede continuar viviendo, intacta, mucho después que tus genes se hayan disuelto en el acervo común. Sócrates puede o no tener uno o dos genes vivos en el mundo actual...pero ¿a quién le importa? En cambio, los complejos de memes de Sócrates, Leonardo, Copérnico y Marconi todavía son poderosos".
Esta idea (este meme, transmitido culturalmente) me anima a seguir escribiendo. Porque, después de todo, mi gran ilusión es ser fiel a mí mismo, sin dejarme esclavizar, dentro de lo posible, por genes ni por memes. A fin de cuentas, es lo que concluye Dawkins:."Nosotros, sólo nosotros en la Tierra, podemos rebelarnos contra la tiranía de los replicadores egoístas". Deseo que esta sea mi liberación y mi camino. Por él quiero seguir antes de morir, y es la sola razón de este libro. Enfrentándome a tradiciones sin base científica y a creencias impuestas que no puedo admitir, he levantado en lo más íntimo de mi conciencia un altar a la diosa Razón, como los revolucionarios franceses en Nôtre-Dame, que no podían entender la dignidad de la vida humana como sumisión, sino como un progreso hacia la fraternidad, dentro de una cosmovisión de igualdad en lo social y de libertad en lo individual. (Aunque condene los asesinatos de la guillotina).
Hay conductas que no responden a ninguna satisfacción genética, sino que nacen de una ideología, es decir, de unos memes inculcados durante la fase formativa de la vida. La infancia aparece en el mundo dispuesta a creer cuanto ve, oye o contempla, sin plantearse dudas ni rechazos. La educación infantil, que debería servir para formar al individuo en la libertad de pensar, es casi siempre un abusivo implante de ideas no contrastadas en la mente frágil y maleable del aprendiz de hombre/mujer. En esa primera edad arraigan en la conciencia las semillas del bien, pero también pueden aceptarse sin dudar las más crueles costumbres, las más disparatadas tradiciones, las historias más inverosímiles. (John Watson, el fundador del conductismo, proclama que sólo mediante la educación se puede ´fabricar´ la conducta de cualquier niño). Pero ha de llegar la hora de la razón y del sano juicio, crucial para escoger entre la esclavitud y la rebeldía, entre lo irracional y lo justo para el triunfo de la libertad y la responsabilidad. La experiencia histórica dice, sin embargo, que el común de los mortales prefiere sacrificar parte de su libertad, tanto política como religiosa, en el altar de la comodidad y la seguridad.
El más enraizado conjunto de memes personales es debido, como parece evidente, a las ideas recibidas durante los años de formación familiar, escolar, intelectual y moral. Dando por supuesto que la ‘instrucción' o la ‘información' se desarrolla en un plano intelectual, que recoge, asimila y aprende las enseñanzas para memorizarlas, sin afectar a la ética, las costumbres o la convivencia, lo más perentorio que debe acuciar a políticos y pedagogos es el verdadero contenido semántico de la palabra ‘educación'. Que no es una actividad inocente y angelical, como podría parecer a tenor de cuanto a ella se han referido con apasionado entusiasmo quienes, a lo largo de los siglos, han pretendido cambiar el rumbo de la historia del homo sapiens. Sin duda, y en la mayoría de los casos, con las mejores intenciones, pero con nefastos resultados. Hemos de estar prevenidos contra los auto-proclamados ‘mensajeros de la verdad', propagandistas de ideas contrapuestas sobre las creencias o las conductas de los humanos. Por eso estuve tentado hace tiempo de escribir un libro, que se quedó en mero propósito, sobre algo tan escandaloso para muchos como Los peligros de la educación. (Continuará).
servido por Francisco
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16 Enero 2009
Los avances en el estudio genético son tan rápidos y espectaculares que ya puede hablarse de la "genómica individual", dando por superada la genómica de la especie. El estudio lo ha realizado el propio investigador Craig Venter, el primero en establecer el Genoma Humano, que ha secuenciado y analizado, en el año 2007, su secuencia genética íntegra a partir de unos 32 millones de fragmentos de su ADN, dando por demostrado que las diferencias entre los individuos es mayor de lo que se creía, desde un punto de vista genético. Los 300 genes descubiertos en el genoma de Venter que están asociados a diversas enfermedades le permitirán hacer frente a su salud futura. Lo mismo ha de ocurrir a la totalidad de la especie cuando cada individuo conozca su genoma personal, en una hipotética humanidad solidaria. En todo caso, ya la ciencia ha establecido como verdad indiscutible la existencia de los genes, que tienen un doble trabajo: transmitir la herencia y regular las funciones celulares, activando y desactivando mecanismos moleculares en el laboratorio. Un paso importante se dio en el año 1998, cuando se descubrió la forma de manipular, bloquear o silenciar un gen.
Más de medio siglo ha transcurrido desde que dos jóvenes investigadores de Cambridge, James Watson y Francis Crick (fallecido éste en 2004), anunciaron en la revista Nature (abril de 1953) el descubrimiento de la estructura molecular de casi dos metros de larga, en forma de doble hélice, del ácido desoxirribonucleico (ADN) que vive enrollada en el interior del núcleo de cada célula de todo organismo vivo, hasta el anuncio de haberse completado, mucho antes de lo esperado, la secuencia completa del genoma humano (abril de 2003). Ambos científicos, profesores de la universidad inglesa de Cambridge, obtuvieron en 1962 el premio Nobel de Química, en unión del tercer descubridor de la doble hélice, Maurice Wilkins, del King's College londinense, lo que consagró su descubrimiento ante los ojos de todo el mundo. Desde entonces, las investigaciones sobre biología molecular se han ido sucediendo sin descanso, en una apasionante carrera para penetrar en los recónditos arcanos del ‘secreto de la vida'. No han faltado los tropiezos, pero tampoco los brillantes hallazgos que han permitido avanzar en esta competitiva carrera de obstáculos.
La vida sobre el planeta Tierra, según las más recientes teorías científicas, apareció una sola vez, por un azar físico-químico que es casi imposible vuelva a repetirse. Y esa vida inicial se ha ido replicando y reproduciendo, a través de individuos, especies y generaciones, a lo largo de millones de años, mediante la información genética contenida en las células. Los genes ni piensan ni toman decisiones, sino que dirigen automáticamente la construcción de un cuerpo, desde la primera célula hasta los trillones que fabrican durante una vida, estableciéndose como un director de orquesta en cada una de ellas. Al replicarse, las células se dividen continuamente, incluso con errores que producen las mutaciones en el individuo (Si se muta demasiado se produce el cáncer). La vida es una, aunque diversificada en miles de millones de especies distintas, originadas por azarosas mutaciones genéticas. ¡Qué gran humillación para el hombre saber que el despreciable ratoncillo comparte con el ser humano el 99% de sus genes! Envejecemos cuando ya los genes no necesitan nuestro cuerpo, porque nos hemos reproducido, que es lo único que les interesa para su supervivencia. Quien resista, y llegue a la vejez lúcida, se dará cuenta de que es ‘un lujo vivir'.
A comienzos de los años 90 se vio la necesidad de estudiar en su conjunto y de forma coordinada el papel de la Genética en la transmisión de la vida. Primero se estudiaron los organismos más simples (levaduras, bacterias, gusanos) hasta centrar las investigaciones en un insecto de fácil estudio y pronta reproducción, la mosca del vinagre, como queda escrito. En pocos años se consiguieron secuenciar los genomas (conjunto de genes) de más de treinta organismos vivos, tanto animales como vegetales. Pero quedaba el más complejo, y el que más nos importa, nuestro propio Genoma. Como afrontar su estudio excedía los límites de una sola institución, se formó un Consorcio internacional (Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Francia, China y Japón) para la investigación genética del hombre, al que se puso por nombre Proyecto Genoma Humano, y al cual se sumaron algunas compañías farmacéuticas privadas, cuya primera fase (meramente descriptiva y estadística) concluyó con éxito en abril del año 2003. Así pues, nos encontramos al principio de una nueva era científica, la 'Era Genómica'. Conocidos los genes humanos, quedan por estudiar sus funciones y aplicaciones, que han de ser continuadas por el estudio de las proteínas, a nivel molecular, responsables de las transformaciones metabólicas, en un nuevo Proyecto Proteoma Humano, que dará ocupación a los biólogos y médicos de las futuras generaciones. Aunque a las puertas de la ciencia está llamando otra investigación no menos sorprendente: el Proyecto Ideoma Humano, basado en el estudio de los memes .
Dejando de lado las consecuencias económicas y políticas, éticas y sociales de tales descubrimientos, será preciso profundizar en la significación genética de la herencia para entender mejor la condición del hombre, su esclavitud física y los límites de su responsabilidad. Los genes estudiados permiten asegurar (noticias que aparecen casi a diario en los medios de comunicación) que a ellos se debe, sin intervención ajena, la formación de órganos y tejidos, incluido el cerebro y sus funciones mentales, malformaciones y enfermedades puramente físicas y psíquicas, como la esquizofrenia, el síndrome de Down, el Alzheimer, la diabetes, la tensión arterial y las cardiopatías, la dislexia, los oncogenes (diversos tipos de cáncer), las alergias, la aterosclerosis, la distrofia muscular, la meningitis, la sífilis y tantas otras enfermedades infecciosas, incluido el envejecimiento del organismo, que se debe al deterioro progresivo que provoca la combustión energética en el seno de las células.
En efecto, cada vez que respiramos morimos un poco. Es el alto precio que tenemos que pagar por vivir. Se están investigando los efectos de la dieta vitamínica en el ritmo de la vejez (Tom Kirkwood, ¿Por qué envejecemos?, Tusquets, 2000) así como la causa química, que no es otra que el exceso de oxidación de las células. El consumo de oxígeno está ligado a la longevidad, ya que, por una parte, produce la energía necesaria para la actividad de las mitocondrias, pero, por otra, el sobrante, los llamados ‘radicales libres', se acumulan como basura en las células, que sólo se neutralizan por los antioxidantes contenidos en algunos alimentos, en especial los que portan las vitaminas C y E, más los carotenos. (Katty Keeton, El secreto de la longevidad, Ediciones B, 1993).
La búsqueda de la ‘eterna juventud' es una quimera a la que la ciencia no ha podido resistirse, buscando fármacos apropiados: antioxidantes y terapias hormonales, algunas con resultado incierto, como la melatonina, por sus efectos colaterales. A los 30 años, dice el doctor Mora, hay que despedirse ya de la juventud, porque el cuerpo comienza a envejecer. Y eso ocurre, precisamente, por los efectos químicos de una hormona, la DHEA (de-hidro-epi-androsterona), que va disminuyendo a partir de esa edad, y que es una hormona específica de los primates. Hay mucha gente que cada mañana se aplica un parche de DHEA con la esperanza de prolongar su juventud. ¡Sueño inútil y falaz! Ni parches ni productos de cosmética, tan publicitados, podrán detener más que superficialmente el paso del tiempo. Ciertamente, se han encontrado algunos genes que ayudan a la formación natural de antioxidantes, pero con ello no desaparece su ‘tiranía vital'. Dependemos absolutamente de nuestro genoma, que, si no nos señala la hora de la muerte, sí es el responsable de que nuestro organismo funcione correctamente, mediante la intervención de unos pocos genes, combinados entre sí, pero fáciles de manipular.
En cambio, nadie piense que a cada actividad humana corresponde también un grupo pequeño de genes, lo que permitiría modificar nuestra conducta. Como asegura el científico italiano Edoardo Boncinelli, "los caracteres complejos, como la inteligencia, la docilidad, la bondad y la voluntad, no son controlados por un solo gen, ni tampoco por cientos o mil, sino probablemente, por miles de millones". Se podrán controlar algunas características, pero no podemos esperar que cambiando uno o diez genes se obtendrán grandes resultados. Incluso la ideología política o religiosa tienen algún componente genético, que no se puede controlar a voluntad, como tampoco el azar o la suerte... "Lo único que se puede controlar, y sólo dentro de ciertos límites, es la educación", afirma Boncinnelli en una entrevista concedida al periódico El Mundo, en diciembre de 2008. En la práctica, dada la enorme cantidad de grupos de genes que intervienen, resulta difícil luchar contra la ‘tiranía vital' de los genes. (Continuará).
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19 Diciembre 2008
OJOS QUE NO VEN,
CORAZÓN QUE NO QUIEBRA
Siempre que dejamos de tomar a la experiencia por guía
caemos en el error. Nuestros errores se hacen más peligrosos
e incurables, si cabe, cuando tienen la sanción de la religión.
Es entonces cuando no consentimos jamás en volver
sobre nuestros pasos; creemos que no nos interesa
ver ni escuchar nada más y suponemos que
nuestra felicitad nos exige cerrar los ojos a la verdad.
Renunciemos a nuestros prejuicios,
descartemos las conjeturas teológicas,
desgarremos los velos sagrados que no tienen
otro objetivo que cegar nuestros ojos
y confundir nuestra razón
(Barón de Holbach, Sistema de la naturaleza, ,1770)
PRIMERA PARTE
Sumario
Introducción
El misterio de la vida
***
I. La angustia existencial
II. Origen de la vida
III. La tiranía vital de los GENES
IV. La tiranía cultural de los MEMES
V. El ordenador emocional
VI. Mente y conciencia
VII. Las fronteras de la libertad
(Esta es la portada y contenido del libro que se publicará diariamente a partir del próximo mes de enero de 2009)
servido por Francisco
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