Humanos al margen
Ampliando el título de Américo Castro, extiendo la marginación a todos los humanos, presentes, pasados y futuros. Pero no entiendo lo mismo por la expresión “al margen” que el adjetivo aplicado a los “marginados”. Mientras que ésta es una marginación muy a pesar de quien la sufre, la primera es no sólo consentida, sino buscada afanosamente. Los pobres marginados son los chabolistas de todas las grandes capitales, los inmigrantes que huyen de la pobreza, los clochards que pernoctan en tiendas de campaña a orillas del Sena. Aunque algunos se autoexcluyan de la sociedad por motivos de insumisión, de incompatibilidad familiar, incluso por pereza o falta de ánimo para afrontar los embates de la vida, todos ellos merecen nuestra compasión, nuestra ayuda y nuestro respeto. Pero no la consideración del poderoso. Como dice el “sapientísimo Kalícatres” (Federico Jiménez Losantos), mirando a un pobre, “los ricos no te tienen envidia”.
Ellos son quienes han conseguido, por caminos de corrupción muchas veces, por motivos inconfesables casi siempre, vivir “al margen” de esa misma sociedad, que los adula y los halaga mientras cordialmente los envidia o incluso los odia. Me refiero, naturalmente, a los poderosos de este mundo. Poder que difícilmente se puede conseguir sin dinero y sin intrigas injustificables, tanto en las ámbitos políticos como en los sociales o religiosos. En el mismo París de los mendigos ribereños, se abre estos días una rutilante exposición de pinturas del gran Tiziano, en la que brillan por derecho propio los retratos de los más ilustres personajes de la época del pintor, que, tan entregado al esplendor de la nobleza y de la naciente burguesía, no tuvo tiempo –ni seguramente intención- de plasmar en sus lienzos escenas de mendicantes y pobretones “marginados”, como sí hizo nuestro gran Velázquez, cuyos cuadros se exponen también con éxito sin precedentes en la gran National Gallery de Londres.
Los ricos y poderosos son los “humanos al margen”, que supuestamente han conseguido zafarse de las miserias de la vida y aparentar una felicidad de la que carecen. Son los grandes retratistas, como Velázquez y Tiziano, quienes nos acercan a esa realidad interior donde reina la soberbia, la vanidad, la lujuria, la agresividad, la avaricia, la gula, la codicia, la ambición...Todos los vicios, menos la envidia. Aunque sólo fuera por esta razón de un realismo psicológico que nos acerca a los más oscuros rincones de la condición humana, mi gran pasión artística que son los retratos se ve colmada con la pintura de los siglos pasados. La destrucción del arte, promovida por la pintura moderna, desde el cubismo y la abstracción, es también la destrucción del espejo mágico del retrato, que enaltece al pintor y descubre la realidad de los más íntimos sentimientos humanos. Tanto de los que viven “al margen” como de los “marginados”. ¿Qué podríamos saber de la historia de los hombres y mujeres, antes de la fotografía, sin la maravilla de los retratos y demás composiciones realistas de la historia del arte? Vandalio
Francisco I (1538) por Tiziano

Mendigo (1640) por Murillo

