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La Coctelera

La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

2 Diciembre 2006

Polvo de estrellas

Recreación del Big Bang
en flores secas, por FAP.

El título no es muy original, pero responde acertadamente al intento de esta reflexión. Hace años escribí un artículo reconociendo que “Somos hijos de la luz”. Y es muy cierto, si pensamos que la luz solar alimenta a los vegetales mediante la fotosíntesis. Pero en la actualidad, los conocimientos científicos han avanzado lo suficiente como para decirnos que también somos “nietos” de las estrellas.

Esta afirmación me parece ridícula, más poética que real, pero la lectura de libros científicos me obliga a revisar mis prejuicios. He de comenzar aceptando la teoría del Big-Bang, por la cual, según los astrónomos, el universo al que pertenezco empezó hace entre diez y veinte mil millones de años por una explosión inicial, que aún continúa, y de la cual emergieron las fuerzas físicas básicas y las partículas elementales de la energía. Así comenzó el tiempo, pero también el espacio, repleto entonces de partículas subatómicas (protones, neutrones y electrones) a una temperatura de diez mil millones de grados, que se fue enfriando progresivamente. Qué motivó esta explosión excede, hoy por hoy, mi capacidad de comprensión.

Pero, aceptado este comienzo, lo que sigue es, quizás, de mayor interés. Porque la vida aún no era posible en ninguna de las nubes de gases que se fueron enfriando durante miles de millones de años. Sin embargo, como afirma la ciencia, el universo venía lleno de información, porque sin ella no podría cambiar ni expandirse. Debería regirse por algunas leyes, como la gravitación, ley fundamental que afectará a ese mismo universo hasta el fin de sus días (si es que le espera algún fin).Gravitación que, del mismo modo, es la fuente última de la vida y de la complejidad que la acompaña. Es decir, que la vida no es un milagro, si hemos de creer a los científicos. Aunque esa vida, durante millones de años, se reduzca a los microorganismos que poblaron la Tierra como antecesores de plantas y animales. Era temporal que recibe el nombre de “Era de las Bacterias” (Stephen Gay Gould, en Life’s Grandeur, trad. como La grandeza de la vida, 1997) ya que estos minúsculos seres serán los únicos pobladores del planeta durante 3.800 millones de años, es decir, el 85% de su historia. (En 1980 se hallaron los fósiles más antiguos, estromatolitos fosilizados hace 3.500 millones de años).

Los astrónomos han descubierto también que los átomos son los mismos en cualquier lugar del cosmos accesible: carbono, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y fósforo. Elementos químicos indispensables para la vida, sobre todo el carbono, inexistentes en el Big-Bang, cuyas temperaturas sólo permitían partículas simples como los protones y neutrones. La mayor cantidad del carbono del universo –elemento químico de que se compone gran parte de la materia orgánica, también mi cuerpo- procede, pues, de las estrellas, formadas posteriormente, que funcionan como reactores de fusión nuclear, quemando hidrógeno para producir helio, que se transformará en carbono. Por tanto, el material orgánico de la Tierra es sólo “ceniza nuclear” de aquellas miles de estrellas que brillaron y murieron mucho antes de que existiera el sistema solar.

Son varias las teorías científicas que pretenden explicar el origen de la vida en nuestro planeta (dando por descontado que se trata de “toda” vida, no sólo la humana). Origen que sigue en el misterio, pero en el que se investiga intensamente. La causa está en una molécula inicial, por supuesto, cargada de información genética, sobre la que sólo se puede teorizar; aunque, sin examinar su origen, sí se puede investigar sobre su procedencia. Como han demostrado múltiples investigaciones, las bacterias son microorganismos simples que se pueden adaptar a las condiciones más extremas, desde el calor al frío, siendo algunas resistentes a las radiaciones nucleares, a un medio salino o alcalino, pudiendo vivir tanto en las aguas antárticas como en los volcanes, alimentándose incluso de elementos venenosos como el azufre. Y parece poco probable, según los mismos científicos, que su procedencia sea de la superficie terrestre. Unos indican como segura las procedencia de zonas profundas pero fangosas, otros de los fondos submarinos, otros de las capas calurosas del subsuelo, en todo caso, de una “sopa primordial” en la que no podía faltar el agua.

Sin embargo, a principios del siglo XX tomó cuerpo la idea de “panspermia” o lluvia de micro-organismos procedentes de otros planetas (“semillas en todas partes”) que llegaron a la Tierra en meteoritos gigantes, dando por supuesto que la vida puede saltar de un planeta a otro. Aunque fuera cierto, el problema del origen de la vida no quedaría resuelto. Sin embargo, ya es un gigantesco avance que la ciencia haya podido establecer que la vida haya comenzado por una bacteria replicadora, de la que procede todo cuanto vive en este planeta. Todas las especies se han desarrollado por evolución, siguiendo las estrictas reglas de la selección natural, pasando de una rama a otra, sin descanso, en el árbol maravilloso, aunque incomprensible, de la vida. Pero el comienzo fue lento, durante miles de millones de años, en los que organismos microscópicos se instalaron –sea como fuere- aquí, en un viaje interestelar en el que, como hay que suponer, sólo pervivirían los más fuertes o capacitados, siguiendo las leyes evolutivas diseñadas por Darwin. Mi primer ancestro es, en cualquier caso, un “Adán microbiano”, no un peludo simio creado directamente por un Dios inventado.

También sabemos que cuando un organismo muere y se desintegra, sus átomos son liberados en el entorno. Es decir, son átomos eternos, que viajan de un ser a otro. “La simple estadística revela, dice Paul Davies, que el cuerpo de cualquier persona contiene aproximadamente un átomo de carbono procedente de cada miligramo de material orgánico muerto, con más de mil años de antigüedad...La próxima vez que usted mire su cuerpo, reflexione sobre la larga y azarosa historia de sus átomos y recuerde que la carne que usted ve, y los ojos con los que la ve, están hechos literalmente de polvo de estrellas”. Vandalio.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Maga terrenal

Maga terrenal dijo

Muy buen post. Me gusta leer la base científica de mi frase favorita: Somos polvo de estrellas, lo he usado para significar la dignidad del hombre y su trascendencia divina, pero para los excépticos esa explicación les va mejor.

Saluditos

p.d. Lindo blog

4 Diciembre 2006 | 05:40 AM

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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