La Madre Tierra

Evolución de la Tierra
en los últimos 500
millones de años.
Acabo de leer el segundo libro que han escrito al alimón dos conocidos investigadores, Ignacio Martínez y Juan Luis Arsuaga. Amalur. Del átomo a la mente (2002), en el que se analiza la teoría clásica que hace del planeta Tierra la madre de todos los vivientes (Amalur, en vascuence, significa precisamente “La Madre Tierra”). La idea está tomada del poema de Lucrecio De rerum natura, donde se dice que “La Tierra con razón adquirió el nombre de Madre, por haber sido criados todos los seres por la misma Tierra”. La metáfora es bella, pero no deja de ser una metáfora, es decir un mito fabulado, que intenta dar explicación del origen de la humanidad. La Tierra, el planeta que nos cobija, se comporta unas veces como madre y otras como madrastra. Lo mismo nos ofrece los más bellos espectáculos que maravillan a nuestros sentidos, como una puesta de sol o los rítmicos latidos de una cascada, que nos atemoriza con la furia de los volcanes, tormentas, inundaciones o movimientos sísmicos. Incluso nos amenaza con el suicidio si no la dejamos respirar o la privamos de esa barrera, hasta ahora infranqueable, del ozono, que la protege de los rayos ultravioletas del padre sol.
Porque esta Madre/madrastra no ama a sus hijos. Siempre se muestra indiferente a sus dolores y desgracias, siguiendo unas leyes de egoísmo perpetuo, para quien nada significan los individuos ni las especies, sólo su permanencia con voluntad de eternidad. Aunque dudo que tenga conciencia de que su fin llegará, como el de cada uno de sus hijos. Navegando con rumbo fijo, pero sin amor, ¿cómo es posible que alguien inteligente, como el químico británico James Lovelock , pueda creer en la hipótesis de una Tierra madre amantísima de cuanto vive sobre ella? ("De pronto, a la manera de una revelación, contemplé la Tierra como un planeta vivo. La búsqueda del conocimiento y la comprensión de nuestro planeta como un astro con el comportamiento de un ser vivo y que ha conservado para nosotros su calidad de hogar, ha sido el Grial que me ha guiado desde entonces como un faro" , Homenaje a Gaia, 2005). ¿Es posible creer que un planeta –cualquiera- pueda ser un superorganismo global, con alguna clase de conciencia que le permita “sentir” en sentido humano las agresiones de que es objeto? ¿Y que intente defenderse atacando al viviente que las causa? ¿Una Madre eliminando a sus cachorros? Todo parece indicar que así será, más tarde o más temprano. Pero para llegar a ese fin no hace falta la conciencia. Es la simple respuesta de la pared que rechaza la bola del pelotari.
Esta idea panteísta de la Madre Tierra puede tener la pretensión de sustituir la noción de Dios, un ser extraterrestre, ajeno a la naturaleza, por esa diosa imaginada por los griegos, de nombre Gaia (o Gea), hija del Caos primitivo, unida sexualmente a su propio hijo, el dios Urano, símbolo del cielo estrellado, y considerada como el origen de todas las cosas, diosa de la fertilidad. Mitologías aparte, la Madre Tierra, como hoy sabemos, fue veleidosa durante millones de años, cambiando sus límites, hundiéndose o emergiendo de los distintos mares, dando vida y muerte a miles de especies distintas, esclava de unas leyes físicas que le impedían salir de su órbita y diseñar su propia vida. ¿Cómo conceder seriamente la condición divina a un ser tan dependiente? ¿Cómo puede basarse en ella un sentimiento religioso? En todo caso, la Geología, la Geofísica y la Astronomía nos deben ayudar a eliminar de nuestros pensamientos idea tan pueril.
La religión, como ya enseñaron los antiguos, se reduce al ámbito humano. Surge como producto de la evolución biológica y cultural de la especie humana, lo mismo que el lenguaje, la música y el razonamiento. Incluso recluyéndola en el terreno sagrado o mítico hay que rechazar la idea de una Madre Tierra, no ya procreadora, sino amante de sus hijos. La religión puede tener, y de hecho tiene, consecuencias beneficiosas para muchos individuos, aferrados a ella para encontrar un sentido a la vida más allá de la muerte. Pero también tiene, en esos mismos individuos, efectos cancerígenos que van paulatinamente degradando el espíritu crítico y la libertad, como afirma con buenas razones el filósofo inglés Daniel Dennet, uno de los más activos seguidores de Darwin en la actualidad. Las personas “piensan que creyendo en Dios van a ser mejores, que abrazando una religión les va a ser más fácil apartarse del mal”. Es una razón moral, muy extendida, pero tan dañina como el cáncer. Porque así se bloquea toda posibilidad de dar alas al pensamiento libre, con tal de mantener una doctrina a todas luces alejada de las conclusiones científicas. “La teoría de Darwin- declara Dennet en una entrevista periodística- sirve para explicar casi todo en esta vida, incluida la noción de Dios”, ya que la evolución por la selección natural no necesita la actividad de un ser sobrenatural. “Gracias a Darwin es concebible pensar que la vida surgió a partir de cosas no vivientes, que la conciencia ha evolucionado a partir de seres no conscientes”. Concluye que las teorías del creacionismo y del diseño inteligente son un fraude, porque no forman parte de la ciencia y se intentan vender como tal.
Estas afirmaciones no son hechas por un individuo cualquiera. Proceden de un graduado en Oxford, Director del Centro de Estudios Cognitivos de una Universidad de Boston, en los Estados Unidos de América, donde el no creyente queda, en cierto modo, marginado de la sociedad. Lo mismo defienden los autores de Amalur, aunque siempre respetuosos con las ideas contrarias. Pero su libro es una excelente síntesis de cuanto se sabe a comienzos del siglo XXI acerca del origen y mantenimiento de la vida, con explicaciones satisfactorias y muy accesibles a toda persona culta que se interese por el más excitante misterio de nuestra vida, que equivale al misterio del Infinito, en su proyección matemática.
Para rematar el tema, copio literalmente las palabras de Dennet: “Puestos a creer, creo que los hombres y todos los seres vivos estamos aquí, en un pequeño planeta, en el sistema solar, en una galaxia, en medio del tiempo...Es increíblemente maravilloso que estemos en la Tierra, y estaría muy bien que existiera alguien a quien poder dar las gracias por todo esto. Pero no existe...Algunos consideran la vida como el milagro de un creador; yo pienso que todo lo que somos es el producto asombroso de la evolución. Como creo que no hay nadie a quien poder agradecérselo, la única manera de expresar nuestra gratitud es dejar el planeta en las mejores condiciones posibles a la gente que viene detrás de nosotros, eso que llaman las siguientes generaciones”. Nadie podría decirlo mejor, ni con más exactitud, ni con más autoridad. Vandalio.


lis dijo
latierra me cae goda destruyanla
11 Noviembre 2008 | 08:23 PM