Publicidad:
La Coctelera

La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

1 Enero 2009

OJOS QUE NO VEN (1)

 

 

INTRODUCCIÓN 

 

En el capítulo 67 de la segunda parte (1615) de la genial novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, el protagonista propone a Sancho vivir una pacífica vida pastoril en el mismo prado donde poco antes habían topado con "las bizarras pastoras y gallardos pastores que en él querían renovar e imitar a la pastoral Arcadia". Don Quijote sería el "pastor Quijotiz" y Sancho Panza "el pastor Pancino", imaginando la felicidad del momento, entregados a la placentera ociosidad y creando poemas de amor "con que podremos hacernos eternos y famosos". La respuesta de Sancho, entrando en el juego de la fantasía, se resume en una retahíla de refranes que producen la irritación del caballero, porque "el refrán que no viene a propósito, antes es disparate que sentencia".

Uno de esos refranes de Sancho me ha servido para intitular este largo ensayo de reflexiones al cabo de la vida: "Ojos que no ven, corazón que no quiebra". Los demás sentidos se encargan de suplir la ceguera natural, pero no pueden ayudar a la ceguera voluntaria, que pretende eliminar la "quiebra del corazón" ante la angustia vital. La persona inmadura prefiere cerrar los ojos ante la incómoda verdad desvelada por la razón. Es decir, si los ojos no quieren  ver la verdad, nada siente ni sufre ni se lastima o quiebra el corazón (hoy diríamos el cerebro), que premia esa actitud con la ilusión de ‘otra' verdad imaginada. Como ocurre en la película de Jonas McCord, The body (2002), cuando el sacerdote cristiano se lamenta con un escueto "no conoce mi verdad", al escuchar el relato de la verdad científica sobre la osamenta de Jesús descubierta en Jerusalén. Cuando entran en contradicción, la verdad de la razón es rechazada por la verdad de la fe religiosa, la fe de todos los dogmatismos. El fanático del Talmud, lo mismo que el fanático del Corán o el fanático de los Evangelios, siempre verán lo que quieren ver. Serán ciegos voluntarios.

En esta evolución psíquica, capitaneada por el ‘poder de la imaginación', como se verá más adelante, no hay otra meta más que la ilusión de la esperanza para dominar la ‘angustia existencial', que conduce a la desesperación si no es controlada y superada. La vida pierde su ‘realidad' y se convierte en ensueño ‘virtual', capaz de afrontar los retos de la conciencia razonante. Así lo explica el psicólogo Paul Diel en los casos extremos de fanatismo: "La imaginación, convertida en delirante, acaba por rodearse de una realidad alucinada.  El contraste entre imaginación y realidad se ha borrado: la realidad misma no es ya sino un fantasma. Insensible a la advertencia de culpabilidad, al mensaje del superconsciente, el  individuo, después de haber huido ante  la verdad respecto del mundo y de sí mismo, no tiene ya otra protección sino atrincherarse en el error. Mediante su rechazo de la verdad, pierde los últimos restos de la razón" (El miedo y la angustia, FCE, 1966). Recordemos a Holbach: "Los errores ciegan a la mayoría de los mortales".                                                   

Creo, pues, que, en este caso, el dicho refrán no es disparate sino sentencia que responde a la realidad que quiero desvelar y desmitificar: la que millones de seres humanos desde la prehistoria no han querido ver como mito irracional, sino como verdad ‘verdadera', el mito de los dioses, convertido en la guía y sostén de una esperanza insostenible. En la antesala, el mito de las almas,  la falacia animista, necesaria para el deseo de supervivencia, en el edificio religioso construido por la imaginación humana para calmar la angustia que le provoca el inexorable, tanto como inexplicable, fin de su existencia.  La creencia religiosa, como el humo, ciega los ojos. El fanatismo obnubila la razón; y la costumbre, por muy demencial que sea,  se adueña de mentes y conductas. Es una tupida red de la que no es fácil salir. Quien lo consiga será el ser humano cabal, pleno de dignidad y sabiduría.

Ojos que no ven, corazón que no quiebra será, pues, el título de este libro, que estará dividido en tres partes: EL MISTERIO DE LA VIDA, LA INVENCIÓN DE LOS  ESPÍRITUS y DEL POLITEÍSMO AL MONOTEÍSMO. Intruso en el tema, ajeno a las disciplinas científicas y teológicas, la finalidad de estas páginas no es otra que saciar mi curiosidad, calmar mi angustia final con los conocimientos adquiridos en mis días de jubilación y comunicarlos a otras personas  No es ningún tratado original, expuesto a la disección de los sabios, sino la sistematización de lo aprendido en los libros de ciencia y filosofía, con ánimo de entender y  divulgar los espectaculares avances científicos de los últimos años, que no sólo ponen en tela de juicio sino que destruyen cuantos mitos y falsedades nos han transmitido nuestros antepasados, basados en unas supuestas ‘revelaciones', que ha confundido a los pobres humanos, ignorantes y menesterosos, en la transición por este planeta que nos da cobijo en el instante de la vida. También podría titularse La quimera de los dioses, recordando la antigua leyenda del sánscrito que se aventura en la búsqueda del elixir de la inmortalidad y de la eterna juventud.

Quisiera que estas páginas fuesen mi humilde homenaje al sabio naturalista Charles Darwin, cuyo segundo centenario se cumple el 12 de febrero de 2009.  Su obra, atacada, perseguida y censurada por las autoridades eclesiásticas, debe ser conocida y estudiada, entre polémicas inevitables, como base científica de los descubrimientos biológicos posteriores, que han abierto nuestros ojos a la verdad de la existencia natural. A ello ha contribuido la modélica Bibliografía crítica ilustrada de las obras de Darwin en España (1857-2005) preparada por mis amigos Alberto Gomis Blanco y Jaume Llosa Llorca, y publicada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (2007). En España, atrasada siempre en el conocimiento de los avances científicos, no apareció una edición (incompleta) del Origen de las especies  hasta 1872, siendo la primera edición de El origen del hombre. La selección natural y la sexual, la de Barcelona, 1876. A pesar del interés suscitado en el siglo XX por las obras de Darwin, todavía quedan por traducir otras tres obras suyas al español, como indican los autores de esta bibliografía. Además, la censura prohibió la publicación de las dos primeras, desde 1936 hasta 1950. Hora es de hacer justicia a quien tuvo la inteligencia suficiente para sentar las bases de la evolución orgánica y la osadía, inusual en su época, de hacer públicos sus descubrimientos, que minaban las ancestrales ideas creacionistas.

Mi propósito ahora es ir publicando este libro en internet, por entregas, como si de la prensa periódica de otros tiempos se tratara, conforme lo vaya terminando. Así lo hicieron, aunque sujetos al papel impreso, grandes escritores, como el novelista Pérez Galdós (Los Episodios Nacionales) o el filósofo Miguel de Unamuno (Del sentimiento trágico de la vida). De haber vivido hoy, también hubieran aprovechado este medio de difusión digital. Aquí va solamente, dividida en siete capítulos, la PRIMERA PARTE de mi libro.  

Tomo prestada una frase del prestigioso Premio Nobel de Economía, Friedrich A. Hayek, quien dijo de su obra más conocida, Los fundamentos de la libertad (8ª ed. Unión Editorial, 2008): "Mi obra pretende facilitar la comprensión, no encender entusiasmos". Máxime cuando el que escribe no es especialista, sino un simple lector, que desea comunicar el término de su evolución ideológica hacia la felicidad, que se obtiene con el conocimiento, por si algún lector pudiera sacar provecho de estas páginas, que no pretenden más que oponer ‘mi verdad', adquirida con esfuerzo de lectura y meditación, a ‘la verdad' sobrenatural, impuesta durante siglos de ignorancia consentida. Si, como creo, no existe otra vida más allá de la muerte, nada voy a conseguir predicando a voz en grito mi verdad y batallando contra la superstición. Me basta con lanzar al aire mis pensamientos, en forma sosegada, por si alguien encuentra en ellos, como yo,  una brizna de paz y felicidad. Desde luego, nunca la desesperación, como anuncian los agoreros, angustiados sin duda por su propia incertidumbre.

La libertad de conciencia con que hemos de enfrentarnos a la vida ha de ser precedida de una comprensión meditada de la realidad que nos rodea, incluidas, muy en especial, las ideas procedentes de los defensores del ‘pensamiento único', excluyente de otros pareceres. La  creencia inamovible, moral, política o religiosa, es como una losa que impide el movimiento, un lastre de plomo en las alas, que hace imposible el vuelo en libertad. Como enseña Eduardo Punset, (Por qué somos como somos, Ed. Aguilar, 2008) "cuando el cerebro se enfrenta a una disonancia, algo opuesto a lo que cree, se inhibe, aunque sea real". Se cierran los ojos y así nada se siente.  Todo mi respeto para quien, contra viento y marea, consiga tener la mente en vigilia y  los ojos abiertos. (Continuará).

 

 

 

servido por Francisco 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Francisco Aguilar Piñal

Francisco Aguilar Piñal dijo

Pido mil disculpas por una errata, que se ha deslizado en el párrafo sexto. El apellido del autor de la "Bibliografía" sobre Darwin en España, no es Llosa LLorca, sino Josa Llorca. Vandalio.

1 Enero 2009 | 08:10 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de Francisco

La bitácora de Vandalio

Madrid, España
ver perfil »
contacto »
Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis

Fotos

Francisco Aguilar Piñal todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera