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La Coctelera

La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

2 Enero 2009

OJOS QUE NO VEN (2)

 

 

PRIMERA PARTE

EL MISTERIO DE LA VIDA

 

La ciencia es para mí una viva fuente de gozo,

y tengo la esperanza de que eso se refleje

en mis palabras.

(Richard Dawkins, El capellán del diablo, 2005)

 

"Un organismo vivo es un complejo sistema de procesado de información", afirma Paul Davies en El quinto milagro  (Crítica, 2000),  que completa la idea con otra frase: "Una teoría completamente satisfactoria del origen de la vida exige algunas ideas radicalmente nuevas...porque en la biogénesis hay implicado algo nuevo y sorprendente". El trabajo de la ciencia consiste en resolver, siempre que pueda, los misterios que nos rodean, sin recurrir a una supuesta intervención sobrenatural. La opinión de Davies es que "el solo hecho de que los científicos estén aún inseguros de cómo empezó la vida no significa que la vida no pueda haber tenido un origen natural".

Llega un momento en la vida del ser humano -pasadas las extravagancias y utopías de la juventud- en que toda persona adulta toma conciencia de la existencia del misterio. Algunos cierran los ojos y ocultan la cabeza, como el avestruz, creyendo que así todo será cierto y que, siguiendo las costumbres y los tópicos instalados en la sociedad, serán más felices que quienes se enfrentan a los problemas derivados de su misteriosa y frágil existencia.  Pero la razón insiste en sus obsesivas preguntas, que angustian a toda persona cabal: ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿cuál será mi futuro? ¿será verdad que, si la nada fue mi origen, a la nada volveré? ¿o por el contrario mi destino será eterno, en la felicidad o en la desgracia? Los más desoyen los aldabonazos de su conciencia y no abren los ojos de la razón a la verdad científica, que resulta tan incómoda.

Sin embargo, ahí están los hechos y las evidencias que van saliendo a la luz de la historia y de la ciencia, intentando dar alguna respuesta a tanto interrogante angustioso. Basta entreabrir los ojos para comprobar que nos rodea el misterio, desde la infinitud del cosmos hasta las microscópicas partículas. Pero estas mediciones espaciales o temporales están sometidas a la propia medida de nuestra visión. ¿Quién nos dice que lo que a mí me parece el confín astronómico del universo no es, desde otro punto de vista (es decir, desde otros ojos no humanos) algo infinitesimal, fin o comienzo de otras mediciones? ¿Y si resultara que los protones y electrones son para otros seres un colosal y muy diferente universo? Todo es relativo. No existe, al menos desde Einstein, nada absoluto. Para mi mundo, el hombre es la medida de todas las cosas (‘homo mensura'). Cada día se llega más lejos en el escrutinio del universo, con mediciones exponenciales que nuestra mente tiene gran dificultad para entender. Pero no es menor la dificultad para  alcanzar lo más pequeño de la materia. Desde los griegos, con Leucipo (s.V a.C.) y sus seguidores Demócrito de Abdera y Epicuro,  defensores del ‘atomismo',  lo más pequeño era el átomo (‘que no se puede dividir'). Con la tecnología actual se ha dividido el átomo, han convergido  materia y energía, y han aparecido los 'quarks' con la física cuántica como modelo que ha de explicar todo lo existente. (¿No estamos ya inmersos en un "siglo cuántico"?). Las medidas de lo pequeño ya se miden por ‘nanos', medidas que se escapan a la comprensión:¿hay algún límite de tamaño para la vida? En definitiva, me pregunto si no viviremos en una pura ilusión, por más que lo real parezca tan evidente.

Ya dejó dicho Sófocles que "Muchas cosas hay misteriosas, pero ninguna tan misteriosa como el hombre". La célula misma, cuyos componentes conocemos, es una unidad de vida de incesante actividad, que se divide continuamente, sin tener yo conciencia de tal espectáculo. Llegar a ser hombre/mujer es uno de los más apasionantes misterios que nos rodean. Aunque ya, gracias a la ciencia actual, lo sea menos que lo fue para nuestros padres. Una técnica revolucionaria de nuestros días ha permitido fotografiar y ampliar imágenes nunca vistas de la fecundación, es decir, de la unión de dos células muy distintas para crear una persona, antes inexistente. Es el viaje más importante, en el que se define nuestra existencia. De los dos células, una es, relativamente, sedentaria (el óvulo femenino), mientras que la otra (el espermatozoide masculino) es un esforzado viajero, un luchador implacable, un héroe de su especie, que ha tenido que vencer en durísima batalla a los otros  millones de espermatozoides depositados en la vagina en cada eyaculación, aunque solamente llegan al útero unos diez mil, que se lanzan al ataque, alcanzando las trompas de Falopio menos de tres mil y al óvulo menos del centenar. ¡Cuántos millones de estos esforzados guerreros caen antes de la batalla final! (Tienen sólo 72 horas de vida para llegar al óvulo y fecundarlo). Todos habían nacido, como células germinales masculinas, en los testículos del varón, después de dos meses de maduración, durante los cuales habían generado unas largas colas (flagelos) que les servirían para la futura movilidad hacia el óvulo. Cada día los testículos producen unas doscientos millones de estos microscópicos torpedos, en cuya cabeza está contenido el material genético, con la información necesaria para construir un nuevo ser, y en su cuello van las mitocondrias, que actúan como el motor de la célula, impulsada por la energía que producen.

Por su parte, la hembra humana es portadora de óvulos (células-huevo) en cantidades muy inferiores, quizás un millón, pero la mayoría se pierden durante la infancia, quedando sólo unos pocos cientos para su maduración durante la vida fértil. Con la menstruación, el óvulo seleccionado rompe las paredes del útero y sale, en busca del mejor espermatozoide que pueda encontrar, al que facilita la entrada en su núcleo, por misteriosa comunicación, más egoísta que afectiva.  En realidad, como ha demostrado la ciencia, los espermatozoides en este agotador viaje encuentran señales que le indican el camino: son atraídos por una sustancia que envuelve al óvulo y el moco cervical, una sustancia segregada por el cuello de la matriz, que forma una especie de carriles-guía. Además, al llegar a la entrada de las trompas de Falopio son empujados por leves contracciones musculares del órgano femenino. Una vez que el óvulo se halla frente al espermatozoide elegido, éste comienza a generar enzimas que disuelven la membrana del óvulo, la cual, a su vez, se endurece en el resto de la superficie para no dejar pasar ningún otro espermatozoide. Química y más química. Pero misteriosamente intencionada.

Otra maravilla de la fecundación es que los espermatozoides tienen la clave de la masculinidad o feminidad del futuro bebé. Hay espermatozoides que transportan el cromosoma Y (masculino) y otros el X (femenino). Ya sabemos que la combinación de uno y otro con los cromosomas del óvulo dan como resultado la orientación sexual del recién nacido. Es el principio de la vida. ¿Hay algo más misterioso, por más que conozcamos ya los más nimios detalles físicos? Al cabo de una semana llega al útero el embrión originado por esta unión, se ha ido multiplicando a velocidad de vértigo, clonando células sin cesar, hasta que la información genética va señalando a cada una su cometido para formar un nuevo órgano. A partir de la octava semana, el embrión ya es un feto, con el corazón palpitante Un embrión de doce semanas, con algo más de dos centímetros, posee ya todos los atributos de un auténtico ser humano: cabeza, ojos, boca, manos y pies.  Habrá que esperar a las treinta y seis semanas para que el feto esté ya maduro para el parto. Este es un gran misterio de la vida, que a tantas personas seduce y llena de emoción, pero que toman con la mayor naturalidad, sin pararse a pensar demasiado en el misterio. Quien exclama ¡es un regalo de Dios! sigue las pautas de la fe, pero ignorando voluntariamente que, según la ciencia, no es necesario acudir a ninguna explicación sobrenatural. (Continuará).

 

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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