OJOS QUE NO VEN (13)
Mucha gente sigue sin creer en la teoría evolutiva (¿cómo voy a ser pariente de los monos?) pero la Ciencia, aunque pueda ir modificando sus postulados, en esto parece que ha llegado a un consenso universal. Aquello de Adán y Eva comiendo manzanas no pasa de ser un cuento infantil, sólo creído por los más fervorosos ignorantes. El hombre actual desciende, por evolución natural, de unos ancestros que, hace millones de años, dieron origen, por los misteriosos caminos de la genética, a varias ramas de homínidos, entre ellos nosotros, los homo sapiens sapiens. No es que el chimpancé ni el orangután, ni el gorila, sean nuestros hermanos, pero sí son nuestros primos lejanos. Adán, el progenitor de nuestra especie, vivió en África hace unos 270.000 años, según el profesor Robert Dorit, de la Universidad de Yale, pero cuyos descendientes no se aventuraron a expandirse por los demás continentes hasta pasados doscientos mil años. Especie que se diversificó en diferentes ramas, muchas de ellas desaparecidas, como la del ‘visitante' de la Edad del Cobre cuya momia fue encontrada en 1991, en plenos Alpes italianos, a 3.270 metros de altitud. Congelado durante cinco milenios, el análisis de su genoma permitió establecer que pertenece a una rama del homo sapiens que se extinguió hace mucho tiempo, sin dejar más huella de su paso por este mundo de este ‘hombre de Ötzi' alpino.
En la reproducción a tamaño natural de los homínidos que hoy podemos contemplar en el Museo de Ciencias Naturales hay un aspecto que me llama la atención: la ausencia, bastante llamativa, de un vello abundante por todo el cuerpo que mitigara los rigores del frío invernal, al alejarse de la zona ecuatorial. Según dice Spencer Wells, Director del Proyecto Genografic, quien completa lo establecido por el profesor Dorit, los humanos venimos de una familia africana que vivió hace sesenta mil años (escasamente unas dos mil generaciones) y que emigró por la costa africana hasta llegar a Australia; otra oleada lo hizo hace cuarenta y cinco mil años hacia oriente Medio, expandiéndose diez mil años después por Europa; finalmente, una tercera emigración se internó en América por el norte de Siberia hace tan sólo veinte mil años..
Los seres humanos pertenecemos a una sola especie, como se ha demostrado a lo largo de la historia, que se caracteriza por las continuas migraciones y cruces interraciales. Juan Luis Arsuaga afirma taxativamente: "Las tesis racistas no sólo son éticamente abominables, también son científicamente falsas" (El collar del neandertal, Temas de Hoy, 1999). Lo que llamamos ‘razas' humanas son categorías definidas por razones históricas, sociales y culturales. (Véase el libro de Juan Luis Arsuaga/ Ignacio Martínez, La especie elegida: La larga marcha de la evolución humana. 11ª ed. Temas de Hoy, 1998). Marcha que se inicia en el Pleistoceno y aún continúa. Según Francisco Mora, catedrático de Fisiología en la Complutense de Madrid, hubo un momento en la vida de ‘los primeros Adanes', fundamental para su evolución, la llamarada del fuego, que le permitió cocinar los alimentos. "El fuego, espontáneo o producido por él mismo, debió cautivar a los primeros homínidos desde hace ya un millón de años". A las ventajas del calor y la protección contra los demás predadores, se sumó la de cocinar y calentar su dieta diaria, "un fenómeno único y distintivo de la especie humana, que transformó su cerebro" (ya de por sí en constante evolución, por otras causas genéticas).
No existen las razas, ya que todos los humanos se pueden aparear entre sí y los rasgos superficiales no indican pertenencia a especie diferente, sino a diferentes culturas; lo que importa es el genoma, prácticamente idéntico en todos los seres humanos. Es decir, que procedemos de un mismo tronco familiar, si nos atenemos a lo que dicen los genes estudiados."La mayoría de los europeos, afirma Wells, el 80% tiene sus antepasados en el Paleolítico, en los cromañones, que son los que salieron en la segunda oleada de emigración de África, y llegaron a Europa Occidental hace unos 35.000 años. Pero hay un 20% de las muestras genéticas europeas que procede de Oriente Medio hace sólo 10.000 años. Fue allí donde la gente comenzó a plantar vegetales y a domesticar animales". Parece que los descubrimientos paleontológicos sustentan la precisión de las fechas, que debemos aceptar, como el cambio de color en el transcurso de las generaciones, puesto que "al ir hacia el norte geográfico, se perdió la melanina de la piel para sintetizar la vitamina D". Pero nada se dice de la pérdida del vello corporal ni se cuestiona la fealdad de nuestros salvajes antepasados (S.Wells, Nuestros antepasados, RBA, 2007). La génesis de la diversidad humana actual ha sido estudiada por dos biólogos catalanes, Jaume Bertranpetit y Cristina Junyent, en Viaje a los orígenes. Una historia biológica de la especie humana, Península, 2000).
La belleza humana idealizada no afloró en el arte hasta unos 500 años antes de nuestra Era, en la Grecia clásica, donde se consiguió, sobre todo en la escultura a tamaño natural, la ‘divina proporción' que parece sustentar (hasta el siglo XX) la belleza ‘canónica'. En el siglo XVI, con el triunfo del idealismo renacentista, los pintores contribuyeron a dar alas a la imaginación para elevar a nuestros primeros padres a la cima del canon estético. Lukas Cranach, Hans Baldung Grien, Alberto Durero y otros maestros, siguiendo las huellas del clasicismo griego, fueron los primeros en dar vida con el pincel a una pareja de progenitores de los que la humanidad pudiera sentirse orgullosa, sin demasiados rasgos salvajes. La belleza renacentista se impuso a la verdad histórica.
Lo que la Ciencia va descubriendo es algo muy distinto. Ya nos habían dicho que los primeros españoles (el "homo antecessor" de Atapuerca) eran grotescos y crueles caníbales, que sólo se diferenciaban de otros simios por el volumen de su cerebro (La tasa de crecimiento neuronal del homo añade a las de esos ‘parientes' unas 250.000 neuronas por minuto en los dos primeros años de vida. Esta parece ser la clave de la hominización). Pero hace unos años nos hemos enterado de algo más trágico: su canibalismo era selectivo, ya que preferían la carne más tierna de los niños, antes de llegar a la pubertad. Y nada de rituales religiosos. Era la elección libre de la dieta. ¿Serían sus propios hijos los sacrificados? Para no llegar al abismo de la crueldad, prefiero pensar que eran los hijos de tribus rivales. Esto nos ayuda a entender la conducta agresiva del hombre actual, de cuyo cerebro no han desaparecido totalmente esas tendencias del hombre primitivo.. Tanto los neandertales como los cromañones eran, pues, de naturaleza violenta, sin más horizonte vital que la supervivencia en un mundo hostil, sin nociones de moralidad, que no sabían distinguir el bien del mal, como falsamente sugiere la historia sagrada. Los neandertales, los españoles al menos, eran de piel clara y pelirrojos, además de tener el grupo cero sanguíneo, como ha quedado establecido por los restos fósiles de la cueva asturiana de El Sidrón, habitada por ellos hace 43.000 años. Pero, además, ambos eran feos para los gustos estéticos actuales, de una fealdad que nos asusta, como hoy nos pueden asustar nuestros primos los gorilas, orangutanes y chimpancés, con quienes compartimos un antepasado común que vivió hace la friolera de 12 millones de años..
Pero si esta apariencia grotesca la pudiéramos aceptar en Adán, ya que, como dice el refrán, "El deseo hace hermoso lo feo", resulta inaceptable para nuestra vanidad una madre Eva con esos rasgos simiescos, con hijos e hijas tan repulsivos como ella. Por cierto, ¿qué se sabe de las "hijas de Eva"? Responde a esta pregunta el profesor de Genética de la Universidad de Oxford, Bryan Sykes, que reduce a siete las que dieron vida a las diversas tribus europeas, aunque separadas por miles de años. Incluso les pone nombre: Úrsula, Helena, Tara, Katrine, Xenia, Velda y Jasmine. Siguiendo la pista de la "Eva mitocondrial", "raíz de todos los linajes maternos de los seis mil millones de habitantes del mundo", puede afirmar que "sólo el linaje de Eva ha sobrevivido sin interrupción hasta la actualidad. Los demás se extinguieron" (Las siete hijas de Eva, Debate, 2001). (Continuará).

