OJOS QUE NO VEN (14)
Hay que precisar qué son las mitocondrias y por qué es tanta su importancia. Le cedo la palabra al autor (Sykes), para no dar un traspiés: "Las mitocondrias son estructuras diminutas que existen dentro de todas las células. No están en el núcleo de la célula, ese saquito central que contiene los cromosomas, sino fuera de él, en lo que se llama citoplasma. Su función consiste en ayudar a las células a utilizar el oxígeno para producir energía. Cuanto más vigorosa es la célula, más energía necesita y más mitocondrias contiene. Las células de tejidos activos, como el muscular, el nervioso y el cerebral, contienen hasta mil mitocondrias cada una...Hay una cosa que es exclusiva de las mitocondrias. A diferencia del ADN de los cromosomas del núcleo, que se hereda de los dos progenitores, las mitocondrias sólo se heredan de la madre. El citoplasma de un óvulo humano está repleto: un cuarto de millón de mitocondrias. En comparación los espermatozoides tienen muy pocas mitocondrias, sólo las suficientes para aportar la energía necesaria para nadar útero arriba hasta llegar al óvulo. Cuando el espermatozoide triunfador penetra en el óvulo para entregar su paquete de cromosomas nucleares, sus mitocondrias ya no le sirven de nada, y se desprende de ellas junto con la cola...Por esta sencilla razón, el ADN mitocondrial (ADNmt) se hereda siempre por vía materna. El óvulo fecundado se divide una y otra vez, formando primero un embrión y después un feto, que se transforma en un recién nacido y con el tiempo, en un adulto. Durante todo este proceso, las únicas mitocondrias que aparecen son copias de las originales que había en el óvulo de la madre. Aunque tanto los varones como las hembras tienen mitocondrias en todas sus células, sólo las mujeres transmiten las suyas a su descendencia, porque sólo las mujeres producen óvulos".
Siguiendo esta pista, en miles de individuos y horas de laboratorio, el profesor Sykes ha podido localizar geográficamente el asentamiento inicial y la descendencia de estas siete "hijas de Eva". Esta ‘investigación detectivesca' se puede leer como la más apasionante de las novelas. De gran interés resultan también otros dos libros sobre el tema. El primero, En busca de Eva, de Michael Brown (Planeta, 1990), donde queda establecido que "no existió ningún ‘Jardín del Edén' único y mágico", y el colectivo Antes de Lucy. El agujero negro de la evolución humana (Tusquets, 2000) que se pueden recomendar entre los innumerables escritos sobre el origen de la especie homo que podemos encontrar en las librerías, cada uno con sus propuestas, a veces incompatibles.
Tesis contrarias, si no contradictorias, que engendran agrias polémicas, hipótesis que se anulan a poco de ser formuladas: tal es el lento pero imparable avance científico en todas las materias, pero especialmente en las biológicas. ("Cada día sabemos más y entendemos menos", decía Einstein). Todo lo que atañe a la vida es, no sólo apasionante, sino que, además, estimula como ningún otro acicate la entrega más absoluta al trabajo de laboratorio. Esto no lo podrá comprender quien no lo haya vivido. Ni la imaginación más viva me puede poner en el lugar del investigador que encuentra su felicidad en la búsqueda de la verdad científica. Es el atractivo del misterio. El catedrático mejicano Antonio Lazcano, autor de libros tan interesantes como La chispa de la vida y El origen de la vida (Trillas, 1989) no duda en afirmar que "el nacimiento de la vida sigue siendo uno de los grandes interrogantes de la ciencia; de ahí la fascinación que ejerce sobre nosotros". Por ahora, su última palabra sobre el tema se opone a la ‘sopa primordial' de Oparin, quien "estaba convencido de que el origen de la vida había sido un proceso lento que necesitó miles de millones de años para tener lugar. Ahora sabemos que no fue así. La evidencia fósil, tanto morfológica como química, ha demostrado que la vida apareció poco después de la consolidación de la corteza terrestre y la formación de la hidrosfera...un ‘gazpacho prebiótico' se antoja como un modelo mucho más adecuado para la acumulación de la materia prima de los primeros seres vivos". ¿Y por qué no pudo surgir la vida sobre una base sólida, como los cristales de arcilla, según propone el químico irlandés Graham Cairns-Smith? La incertidumbre - la angustiosa incertidumbre - sigue alimentando el misterioso origen de la vida.
Ciertamente, un pobre mortal no científico se pierde entre tantas tesis y antítesis. No sabemos cuál será la que, al fin, gane la partida. Hoy por hoy parece que la física gana a la química. Aunque todas las combinaciones atómicas que pudieran originar la vida sean de índole química, las ultimísimas investigaciones nos dejan deslumbrados, porque exceden a nuestra comprensión. La solución al misterio parece que puede estar en las teorías de la física cuántica. En el día de hoy ya no podríamos vivir sin las aplicaciones prácticas de esta nueva física, como la electrónica (transistores, ordenadores, televisiones, incluso la bomba atómica), los procesos de fisión nuclear, el rayo láser (que puede ‘leer' la superficie de un CD lo mismo que ‘mostrar' el interior de un cuerpo en tres dimensiones), las nano-tecnologías (todavía en sus comienzos).
Como afirma en una entrevista del mes de noviembre de 2008 en la web ‘Tercera Cultura' el físico español Juan Ignacio Cirac, Premio Príncipe de Asturias del año 2006, "La física cuántica requiere un cambio drástico de nuestra visión de la naturaleza". Tan espectacular es el giro científico como que el origen de la vida se puede explicar por "fluctuaciones cuánticas de vacío", como asegura A. Lazcano. Es decir, que la materia/energía puede surgir de la nada de forma espontánea por unas simples "fluctuaciones" cuánticas. Cuando esta hipótesis se transforme en tesis, como manifiesta el físico teórico Michio Kaku, estudioso de la teoría de cuerdas, nuestra cosmovisión habrá dado un vuelco impensado: "Creemos que un multiuniverso de universos existe como burbujas flotando en la Nada" (La física de lo imposible, 2008). La teoría einsteniana de la relatividad general ha quedado ya desfasada por esta teoría de cuerdas, que pretende, no sólo la explicación del universo (uno entre los infinitos universos posibles) sino arrinconar, por inservibles, todas las demás teorías que han ocupado hasta hoy la paciente actividad de los científicos.
Físicos como David Deutsch, Richard Feynman y el citado Michio Kaku (Universos paralelos. Los universos alternativos de la Ciencia y el futuro del Cosmos, Atalanta, 2008) aseguran, sin poder probarlo, que "pueden existir infinitos universos paralelos pero no son verificables". La llamada ‘dualidad cuántica' (principio de incertidumbre) establece que cada electrón del átomo tiene dos ‘personalidades' diferentes, según que actúe como onda o como partícula. Cuando contemplamos los objetos vemos una masa homogénea, inmóvil en la mayoría de los casos, aunque sabemos (o debiéramos saber) que esa masa está constituida por átomos en permanente movimiento. Además, a nivel microscópico, regido por una absoluta indeterminación. Esta revolución física comenzó en los años 20, con los estudios del alemán Werner Heisenberg sobre la naturaleza dual de la luz. En 1930 el británico Paul Dirac formuló por primera vez los principios de la mecánica cuántica, destinada a revolucionar el conocimiento humano. El físico español Francisco Yndurain declaró en una entrevista que "el gran hito del siglo XX ha sido la teoría de los cuantos, no la de la relatividad".
Según la física cuántica, las propiedades de los objetos no están definidas hasta que son observadas por alguien. Por muy extraño que parezca, la física cuántica se basa en leyes extraordinarias, que no tienen nada que ver con las de la física newtoniana. Nada existe hasta que alguien lo mira. ¿Será verdad tamaña majadería? se pregunta el necio. Lo mismo cabe preguntarse cuando esta ciencia admite sin mayor rubor que la ‘teleportación' es posible, así como el viaje al pasado, porque no se traslada la materia sino la información. Unir la mecánica cuántica con la relatividad general es el sueño de muchos, que esperan así encontrar la única teoría universal, que todo lo explique. No obstante, la oposición tiene sus dudas, y se aferra al escepticismo crítico respecto a este reduccionismo (Freeman Dysson, El científico rebelde, Debate, 2008). Hasta hace poco el último eslabón de la materia era el ‘top quark', acosado en sus cualidades por la nanotecnología. Pero aún queda sin dilucidar, para desesperación de los científicos, el conocido como ‘bosón de Higgs', considerado como la ‘partícula fundamental de la masa', cuyo descubrimiento nos abriría las puertas del misterio.
Si se llegaran a conocer los últimos enigmas de la realidad quizás debiéramos plantearnos el antiquísimo postulado de que la vida es "ilusoria". Si las partículas elementales (hoy "altas energías") que conforman la materia, son tan inciertas, indefinibles y misteriosas ¿por qué no lo puede ser toda la realidad? Para el científico ruso Ilia Prigogine, "el abismo entre la vida y la no-vida es mucho más pequeño de lo que pensábamos" y propone para explicar el misterio la tesis más heterodoxa dentro del mundo científico: existe un ‘programador' del que nada sabemos: "un gigantesco cerebro que ocupa todo el universo". Al final, va a resultar que la fe religiosa, basada en (imposibles) ‘revelaciones' sobrenaturales, ha de ser sustituida por otra fe, esta vez nacida en los laboratorios, tan absurda (para nuestra comprensión) como la primera. ¿Llegaré a ver la luz antes de morir?
La Ciencia desarrolla sus teorías escrupulosa, pero asépticamente, sin comprometerse ni mancharse, sin llegar a las últimas consecuencias, que cada persona ha de hacer aflorar por sí misma, llevándose las manos a la cabeza, por tanta humillación escandalosa. Por ello, la tentación más frecuente suele ser la del desprecio y la incredulidad: "¡No puede ser verdad tanta fantasía científica! Es preferible aferrarse a la teoría bíblica como a un clavo ardiendo. ¡Que nadie me expulse del paraíso de mis sueños, con mis bellos padres, mis manzanas y mi serpiente, por muy malvada que sea! Acepto de mil amores la pesada carga del pecado original, con tal de zafarme de esa historia bestial que nos quieren hacer creer unos locos antropólogos, biólogos o físicos que no saben lo que dicen. Si el demonio, como asegura el Papa, ya ha sido vencido, nada puedo temer de sus añagazas para privarme del paraíso..." Bien pensado, si no sabemos dónde están localizados ni el cielo ni el infierno, sí podemos estar seguros de algo más cercano: el limbo está entre nosotros. (Continuará).

