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La Coctelera

La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

15 Enero 2009

OJOS QUE NO VEN (15)

 

III

La tiranía vital de los genes

 

En el año 1920 aparecía en España La teoría de la evolución, libro de Scott, traducido por el científico catalán Antonio de Zulueta, Conservador del Museo de Historia Natural de Madrid y primer catedrático de Genética (1932), quien fue perseguido después de la Guerra Civil por haber pertenecido al partido Izquierda Republicana. Dos años más tarde, por obra del también científico español José Fernández Nonídez, apareció el primer texto de Genética aparecido en España, La herencia mendeliana. Introducción al estudio de la Genética (1922). Casi cuarenta años hubieron de pasar hasta la nueva creación de una cátedra de Genética en la Universidad de Madrid (1960), lo cual significa que esos estudios tuvieron una vida lenta y no dieron su fruto maduro hasta el último tercio del siglo XX. Quiere esto decir que en mis años de estudiante nunca oí hablar de genes; me quedé en los experimentos de Mendel sobre los guisantes. No podía imaginar que, pasados unos años, me apasionaría todo lo relacionado con el origen de la vida y con la nueva ciencia de la Genética, que estudia los genes y el ADN de cada individuo. Lo mismo que a Dawkins, pero con mucho más motivo, me llena de asombro el saber que "somos máquinas de supervivencia, vehículos autómatas programados a ciegas con el fin de preservar las egoístas moléculas conocidas con el nombre de genes" (R. Dawkins, El gen egoísta, en el prefacio de la edición Salvat de 1976). Efectivamente, la biología es una "novela de misterio", el misterio de la vida.

Al igual que todos los demás animales, somos máquinas de carne y hueso, destinadas a proteger los maravillosos genes (palabra nacida en 1909)  porque, como sentencia Dawkins, "la unidad básica de la selección natural no es la especie, ni la población, ni siquiera el individuo, sino las pequeñas unidades de material genético que convenimos en llamar genes".  Aunque no existe una definición aceptada universalmente, "un gen es un replicador con una alta fidelidad de copia", según Dawkins. Cada cromosoma contiene varios miles de genes, formados cada uno de ellos por cien pares de bases, protegidos en su extremo por la enzima ‘telomerasa' (cuya estructura no fue descubierta hasta el año 2008). El genoma de un ser humano tiene, más o menos, 30.000 genes, aunque no existe una correlación proporcional entre la complejidad de un organismo vivo y su número de genes. Resulta asombroso el saber que una simple cebolla quintuplica el tamaño del genoma humano que la puede comer en unos minutos. Pero aún más asombro causa el hecho de que estos pocos miles de genes presentes en el núcleo de cada célula pueden producir más de diez millones de proteínas diferentes, que son los verdaderos ‘ladrillos' del edificio corporal.

El ADN (Ácido Desoxirribo-Nucleico) es el archivo genético en el que están programadas las instrucciones que necesita un ser vivo para nacer y desarrollarse a partir de la primera célula que se forma en el momento en que es concebido por sus padres. En el núcleo de cada célula hay 23 pares de cromosomas, es decir, formando parejas, que proceden de ambos genitores. Todos procedemos de la unión de un óvulo y un espermatozoide, como es bien conocido. Ninguno de los cromosomas de cada una de estas células germinales existía antes de su fabricación, uno en un testículo de mi padre y el otro en el ovario de mi madre. Estos cromosomas fueron fabricados por la unión de pedazos de otros cromosomas provenientes de mis abuelos y quedaron instalados en el espermatozoide victorioso (uno entre millones de fracasados) y en el óvulo que ‘aceptó' al vencedor. Esta unidad genética embrionaria se puso a sacar copias de sí misma a velocidad de vértigo, operación que, aunque se ralentiza,  sólo concluye con la muerte. Los genes son parte de esos cromosomas, algunos ‘inmortales', con una vida calculada en millones de años, que  pasan de unos a otros, de generación en generación.

Se conoce como genoma el conjunto de genes de un organismo, y desde 2004 se conocen los genomas completos (por orden descendente), entre otros,  del homo sapiens y del ratón (con 30.000 genes cada uno), del pollo (20.000),  de la mosca del vinagre (13.600), del gusano (19.100), de la levadura de la cerveza (6.300) y de la bacteria escheridia coli (3.200). El microorganismo más pequeño, la bacteria carsonella ruddii     que vive en simbiosis con algunos insectos, tiene solamente 182 genes. Una de las mayores sorpresas detectada por la Genética es que la insignificante mosca del vinagre tiene un 60% de genes idénticos a los humanos, o que el erizo marino comparte con el hombre más de siete mil genes. Según la revista Nature de diciembre de 2004, el pollo se separó de los dinosaurios hace más de cien millones de años, mientras que los humanos empezaron su domesticación en Asia hace solamente unos ocho mil años. El antepasado común de ambos vivió hace unos trescientos millones de años. La ciencia paleontológica aún no ha conseguido encontrar ningún ser tan antiguo, pero sí se ha logrado descifrar el código genético de los mamuts prehistóricos, a partir de tejidos congelados en Siberia de este animal, que se extinguió hace más de 3.500 años. Le supera el hallazgo de un antecesor, que vivió en Asia hace 80 millones de años, antes de la desaparición de los dinosaurios.

El genoma humano contiene aproximadamente tres mil millones de letras de código genético, información que puede servir para modificar y controlar la genética, manipulando los genes para mejorar la salud, producir fármacos adecuados y adelantar en todos los campos de la ciencia biológica.  Para explicar la diversidad hay que acudir a las variantes que se producen, tanto en los fallos en la reduplicación de los genes como en la contaminación ‘ambiental'. Aunque los individuos comparten  la mayoría de su material genético, la pequeña fracción que los separa (según se conoce desde el año 2006) esconde la clave de la diversidad humana, que se calcula en un 12% (2.900 genes diferentes de los 30.000 de cada núcleo), suficiente para provocar las diferencias.

No parece, a juicio del doctor Francisco Mora, que exista un programa genético con instrucciones precisas para la vejez. Sin embargo, todavía quedan por descifrar muchas funciones del genoma.  Lo que se sabe es que se puede controlar el proceso del envejecimiento con una dieta equilibrada y una actividad muscular moderada. Aunque se llegue a superar el siglo, que parece ser la meta de los biólogos (hay quien piensa ya en los dos siglos),  no se podrá controlar la vejez más allá, aunque sí moderar los daños y disfunciones. También se sabe con seguridad que nuestro cerebro es el órgano que menos y más tarde envejece. No se puede decir lo mismo del sexo, en el extremo opuesto, que reduce la potencia sexual del varón, dificultando la erección necesaria para el coito y provocando un sentimiento de humillación difícilmente comprensible por la hembra, cuyo envejecimiento sólo produce sequedad en la vagina y disminución del orgasmo. Ya lo decía Burt Lancaster en la película de Bertolucci, Novecento (1976) antes de suicidarse, ya anciano: "La maldición es cuando no se te levanta". (Continuará).

Tags: genetica, adn, sexo

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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