OJOS QUE NO VEN (22)
Pierre Magistretti, director del Instituto suizo ‘Mente y Cerebro', confiesa sin ambages que el individuo humano ha sufrido manipulaciones interesadas a lo largo de la historia, con objeto de lograr ´clonaciones ideológicas´. ("Más temo a la clonación cultural que a la genética"). La primera, desde luego, la ‘clonación' religiosa. Sin embargo, para el Director del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts (Boston), el filósofo oxoniense Daniel Dennet, "hay una manera natural de explicar el fenómeno religioso... que es, simplemente, un producto de la evolución cultural de la especie, como el lenguaje o la música". Podría explicarse su evolución "como se explica el cáncer". No basta con la educación, ni con la insistente promulgación de los memes religiosos por los responsables familiares: "los hombres piensan que creyendo en Dios van a ser mejores, que abrazando una religión va a ser más fácil apartarse del mal". Muchas personas endebles de espíritu necesitan encontrar un sentido a la vida, que solamente lo proporcionan las agrupaciones de creyentes "en algo": es la gran fuente de prosélitos de las diferentes Iglesias. Así se consigue formar parte de un grupo, sentirse arropado y protegido por los miembros del mismo ‘club'. Por miedo a la soledad.
La conducta humana responde tanto a los memes como a los genes, pero en el ámbito de la moral es donde más se alejan unos de otros. Para los genes no existe la moral, ya que son indiferentes a todo lo que no sea la supervivencia de la especie. Para los memes, en cambio, los valores morales (o inmorales), como todo lo aprendido, son el campo de juego en el que consiguen las mejores victorias. Muchas personas no entienden bien en qué consiste este novedoso concepto de meme. Baste decir que de él dependen la ética y la estética, la política y la solidaridad, la fe y la caridad, es decir, todo lo que puede englobarse en la axiología de una persona, la suma de los valores que conforman una personalidad. Los memes serán, pues, los productos derivados de una educación, de un ambiente, de unos ejemplos, de unos consejos, de unas lecturas. (Los muertos nos educan y enseñan a través de sus obras. Valoremos la importancia de los libros).
Los genes, por su parte, dependen de la química hormonal, sin valoraciones ni consideraciones de carácter ético, aunque sí afectivo y emocional. El altruismo, por ejemplo, que encontramos a cada paso en personas de bondad reconocida, depende de la ‘vasopresina', una hormona vinculada a la creación de vínculos sociales. Un altruista es, simplemente, un ser humano que tiene mayor cantidad de ‘vasopresina' actuando en su comportamiento. Además, los buenos ejemplos, las actitudes de amor y compasión adquiridas en el entorno no dejan de presionar al cerebro para animar y justificar tales actos. (Aquí no se habla de genes, sino de cerebro). El psicólogo Daniel Goleman, autor de La inteligencia emocional, escribe que "El cerebro humano tiene más propensión biológica hacia el amor, la compasión y la cooperación que hacia la ira, la envidia, el egoísmo. Infinitos actos de bondad que ocurren todos los días y que superan con creces a los de crueldad" (La inteligencia social, Kairós, 2006).
La bondad, la generosidad, la caridad, la compasión, los múltiples casos que vemos a diario de lo que llamamos ‘buena conducta', pueden responder tanto a reacciones hormonales de la herencia como a una educación esmerada en buenos sentimientos. Pero también a una ‘simulación' de intereses egoístas. La honestidad puede no depender de las creencias, sino de un motivo oculto para favorecer la convivencia, como la propia reputación. (¿Acaso todos nos comportamos igual en las relaciones sociales que en los momentos de privacidad?). La ciencia de la Sociobiología, creada por los neo-darwinistas (Edgard O. Wilson) explica el altruismo, la cooperación y la no-violencia de los humanos por la ‘apariencia' con que deseamos presentarnos en sociedad. El miedo al castigo ¿no es también un motivo de auto-represión? "No peques nunca, porque Dios te ve": esta es la premisa de toda educación religiosa que se precie. El meme de la represión es el que impide la verdadera educación "en" y "para" la libertad. Freud creía que la ‘civilización' es posible gracias a la inhibición de los instintos violentos: es la ‘sublimación', proceso misterioso, por el cual los instintos criminales más primitivos se civilizan. Pero "la regresión a la barbarie -añade Norman Doidge- siempre es posible y la civilización siempre será algo frágil y vulnerable que debe enseñarse con cada generación, como si de algo nuevo se tratara" (El cerebro se cambia a sí mismo, Aguilar, 2008).
Lo que ahora me importa es profundizar en los memes de las creencias religiosas, en especial de las católicas, con las que, como dócil hijo y aplicado escolar, he convivido durante mis mejores años, sin apreciar mi condición de esclavo ideológico, siempre angustiado por una absurda cosmovisión que me condenaba al sufrimiento psicológico y a la angustia de un futuro incierto. Afortunadamente, llegó la hora de abrir los ojos y de la sublime decisión de hacer frente al acoso de los memes que me dominaban. Haciendo uso de mi propio juicio crítico, supe al fin ver el sinsentido a que me conducían las creencias recibidas, la falacia de las fantasías religiosas, y tuve el valor de sacudir ese pesado yugo, logrando hallar la felicidad en esa sacudida espiritual, antesala de la verdadera libertad, la de conciencia. Hago mías las palabras de Buda, transcritas por Fernando Sánchez Dragó en su Carta de Jesús al Papa (Planeta, 2001):
"No creáis en nada simplemente porque lo diga la tradición, ni siquiera aunque muchas generaciones de personas nacidas en muchos lugares hayan creído en ello durante muchos siglos. No creáis en nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen. No creáis en nada sólo porque así lo hayan creído los sabios de otras épocas. No creáis en lo que vuestra propia imaginación os propone, cayendo en la trampa de pensar que Dios lo inspira. No creáis en lo que dicen las sagradas escrituras sólo porque ellas lo digan. No creáis a los sacerdotes ni a ningún otro ser humano. Creed únicamente en lo que vosotros mismos habéis experimentado, verificado y aceptado después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia".
(Continuará).

