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La Coctelera

La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

23 Febrero 2009

OJOS QUE NO VEN (40)

 

 

I

El poder de la imaginación (1)

 

En determinado momento de la evolución del primate simio al primate homo (¿dos millones de años?) el cerebro del homo primigenius se percató de que sus sueños nocturnos eran poblados por imágenes ‘animadas' que, al despertar, desaparecían como por ensalmo. ("Cuando soñamos lo hacemos con elementos cognitivos que fabricamos nosotros mismos", nos enseña el catedrático de Fisiología José María Delgado). Al mismo tiempo, su incipiente ‘toma de conciencia' le advertía de unas funciones cerebrales nuevas y maravillosas que le diferenciaban de los demás primates.  La masa cerebral, con el aumento gradual del tamaño, podía ya imaginar, deducir, razonar, sintetizar, calcular y preguntarse por su propia existencia y por la naturaleza que le rodeaba. Entre esas funciones que despuntaban a la vida progresivamente, estaban la razón y  la imaginación, los deseos y los sentimientos, la conciencia del ‘yo' y de las emociones agradables o desagradables. Sería ingenuo pensar que todas estas facultades le llegaran de forma súbita a una ‘primera pareja' de homínidos. El proceso tuvo que ser lento y evolutivo, es decir, que el primate homo se fue transformando durante muchas generaciones (¿cientos o miles?) a medida que iba creciendo el número de sus neuronas y separándose genéticamente de sus parientes más cercanos hace unos cinco millones de años (muy poco tiempo, si consideramos que las hormigas se nos adelantaron en más de cien millones de años), de los que aún perduran entre nosotros los bonobos, chimpancés, orangutanes y gorilas (aunque quizá haya que incluir los más recientes descubrimientos de familias humanas hasta hoy desconocidas, como  algunos aborígenes de Australia).

Ninguna de estas facultades tuvo mayor trascendencia en la vida ‘espiritual' de los homínidos  que la imaginación (esa ‘loca de la casa' denunciada por Santa Teresa), sublimada por la fantasía, base del pensamiento poético, es decir, creador. Mediante su imaginación, el ser humano, que piensa con imágenes, a veces huye de la lógica y crea seres virtuales, leyendas, mitos y monstruos de  cuya existencia no dudará hasta que venga a imponer su criterio la razón, mientras siga despierta y atenta a la realidad.  En sus sueños (generalmente en la fase REM o más activa) el sujeto ‘ve' entidades espirituales formadas por sus percepciones sensoriales de la vigilia, pero alteradas, mezcladas, exageradas y sublimadas por alguna idea de ‘trascendencia'. Los sueños reflejan un proceso de síntesis creativa, incluso surrealista, de imágenes que pueden provocar sentimientos tanto de paz como de terror pánico. Dicen los psicólogos que el sueño es necesario para que el cerebro haga una selección de los recuerdos y ‘archive' los más necesarios. En todo caso, dormir es vital para el individuo, una ‘obligación placentera' que nos permite seguir viviendo. "El sueño es el único regalo que nos conceden los dioses", decía el filósofo Plotino.

Durante el sueño también duerme la razón, dejando el campo en manos de la imaginación. Si sus caminos se separan, dominarán la mente entes monstruosos, pero la unión de ambas facultades puede producir armonía, belleza y sublimes obras de arte. Así lo dejó sabiamente descrito en el siglo XVIII  el pintor español Francisco de Goya, en su ‘Capricho 43' El sueño de la razón produce monstruos: "La fantasía, abandonada de la razón, produce monstruos imposibles; unida a ella es madre de las artes y origen de sus maravillas". Todos los conceptos abstractos, como ‘misterio', ‘trascendencia', ‘espíritu' y tantos otros carecen de vida fuera de nuestro cerebro. No tienen existencia real, viven como ‘representaciones' en la ‘imaginación', que es un atributo humano cuya existencia sólo conocemos por su indudable ‘poder' en nuestra corta vida, provocando imágenes tanto en el sueño como en la vigilia, agradables y positivas o desagradables y monstruosas. Imágenes que dependen de las sinapsis neuronales, como nos advierten los neurólogos y psicólogos, no de ningún inexistente espíritu o ‘alma' personal. Como enseña Paul Diel, "lo trascendente existe, puesto que la razón tropieza con ello, pero es una idea de contenido irreal...La razón tropieza con el infinito y con lo indefinible...que son los límites de su competencia". Desde Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis a comienzos del siglo XX, el estudio de los sueños y del inconsciente, así como sus interpretaciones, está en manos de los psicólogos y los psiquiatras. Se puede recomendar Dormir y soñar, de Dieter E. Zimmer (Salvat, 1988) y El sueño y los sueños, de M. Jouvet (FCE, 1998).

La imaginación ya ejerció plenamente su ‘poder creativo' en los individuos del género homo, especie sapiens, subespecie sapiens.  Pero, anteriormente, durante el Paleolítico inferior, vivieron otras especies  cuyos restos se han encontrado fosilizados, entre ellos el homo habilis y el homo erectus, el homo ergaster, el homo antecessor, incluso el homo neardentalensis, que vivían en bandas o grupos de número no superior a veinte, nómadas que no alcanzaban los 35 años de vida, cazadores, que vivían en cuevas o abrigos naturales. ¿Estaban ya estos depredadores sometidos al ‘poder' de su imaginación? ¿Creían ya en los ‘espíritus' de la naturaleza? ¿Se creían destinados a otra vida, ‘más allá'? Lo único que me aseguran los paleontólogos es que la costumbre de enterrar a los difuntos, incluso con sus ajuares, indica la creencia en una vida futura. Por la imaginación, facultad más poderosa que la razón, nació la idea del alma individual, evidenciada en los ritos funerarios, ya que "el ritual de enterramiento presupone algún tipo de reconocimiento de la naturaleza espiritual del hombre, de la existencia de un alma capaz de seguir viviendo después de la muerte" (Alfonso Moure, El origen del hombre, Historia 16, 1999). Para el simbolismo, "el principio inexplicable de la ‘animación' se transforma en alma que no muere". (Continuará)

 

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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