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La Coctelera

La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

5 Marzo 2009

OJOS QUE NO VEN (50)

 

El mito del alma (6)

Incluso algunos grandes pensadores de mi época, a quienes he conocido y tratado, creyentes de sincera fe, han conservado una reticente sumisión a los dogmas recibidos. Sin atreverse a dar el paso a la incredulidad, han manifestado su disconformidad en cuestiones puntuales de la enseñanza católica. Para mí fue particularmente emotiva la sesión de homenaje al profesor Pedro Laín Entralgo, en el mes de abril de 1999, con motivo de la presentación de su último libro Qué es el hombre, premio Jovellanos de ese año. Cuando, postrado en su silla de ruedas, balbuceando las palabras a sus 91 años de edad, proclamó ante el auditorio que renunciaba a la idea del alma, porque estaba ya convencido de su inexistencia, como había apuntado en su otro libro Cuerpo y alma (Espasa-Calpe, 1991)  al escribir que su propósito era "mostrar con documentación  y rigor que las actividades tradicionalmente atribuidas al alma pueden ser razonablemente referidas a la estructura dinámica del cuerpo". Además de convicción razonada, hubo sentimiento contagioso en sus palabras.

Otros dos temas que han dado origen a variedad de hipótesis se refieren a la sede del alma en el cuerpo y al momento de su ‘encarnación'. Un libro demencial, cuyo contenido no responde exactamente al título (Gary Zukav, El lugar del alma, Plaza Janés, 1990), propone que el alma es una porción divina "Dios asume formas individuales, gotitas de agua, reduciendo su poder a pequeñas partículas de conciencia individual". Sin embargo, el enunciado responde a una sincera preocupación de los filósofos desde la antigüedad, al menos desde que Hipócrates afirmara que el alma tiene su sede en el cerebro. Como sabemos, para los egipcios residía en el corazón (ba), el único órgano vital que se mantenía dentro del cuerpo tras la momificación. Descartes la sitúa en la ‘glándula pineal', mientras que el cirujano mayor de Luis XIV,  La Peyronnie, la sitúa en el ‘cuerpo calloso' (1747). Opinión que es rechazada por el médico español Miguel Sabuco, escondido tras el nombre de su hija Oliva Sabuco de Nantes, muy elogiada por el benedictino Feijoo, en el siglo XVIII, por haber defendido que el alma se localizaba en todo el cerebro y no sólo en la glándula pineal.

El problema parece intrascendente, pero no lo es en la actualidad, cuando se ofrecen tantas posibilidades de trasplantes de órganos. Cierto que aún no se ha llegado al trasplante exitoso de una masa  cerebral completa, pero sí a extirpaciones de partes de esa masa, con los interrogantes científicos inherentes a tal clase de operaciones quirúrgicas. Se diría que el alma se puede ‘dividir', ya que extirpada una parte de la masa cerebral, el sujeto puede seguir viviendo, quizás disminuido, pero vivo. Si el órgano trasplantado no es vital, como las extremidades, riñones, hígado, incluso páncreas y pulmones, no parece que peligre la ‘identidad' de la persona. Tampoco si se trata del corazón, una vez aceptado que no es más que un músculo-motor, sin relación con los sentimientos, como es creencia común. Si a un ser humano, como parece que ya se ha hecho y seguirá haciéndose en el futuro, se le amputan todos sus miembros excepto el cerebro completo, mantiene viva su conciencia y personalidad. Entonces, ¿dónde sino en el cerebro se puede alojar la conciencia, el ‘yo' individual?

Si, como parece, la identidad de una persona reside en la memoria, allá donde se esconda esa memoria será la ubicación de la supuesta alma. El monstruo del doctor Frankenstein ¿tendría el alma  alojada en la memoria del difunto criminal? ¿Sin posibilidad de redención? ¿Era realmente un ser humano ‘individualizado'? Lo único que pueden demostrar y asegurar los científicos es que sin cerebro no hay vida. Como dice el investigador español Javier de Felipe, "el cerebro no se puede sustituir; si lo cambiamos, cambia nuestra esencia. Somos nuestro cerebro" (En conversación con Eduardo Punset, Cara a cara con la vida, la muerte y el universo, Destino, 2004).Con palabras muy parecidas se expresa el catedrático de Psicología en Harvard, Steven Pinker: "La conciencia no reside en un alma etérea...es la actividad del cerebro".

El otro tema trascendente, en relación con el alma, es el referente a su unión con el cuerpo. Si es Dios mismo, como enseña la doctrina católica, quien crea cada alma individual, ¿en qué momento ocurre la ‘encarnación' del alma espiritual en el cuerpo mortal?  El problema se complica cuando, al intentar encontrar una respuesta, se presenta la duda de si un retrasado mental o un embrión humano son portadores del alma inteligente, inmortal y destinada a la eterna felicidad. Pero vayamos al embrión: Si según Tomás de Aquino, el eminente teólogo medieval, autor de la Suma Teológica, Dios introduce el alma racional sólo cuando el feto es un cuerpo ya formado, la consecuencia es que los embriones no son ‘seres humanos', contra la doctrina más actualizada, que defiende lo contrario. (La encíclica de Pablo VI Humanae Vitae, de 1960, confirma la "perversidad" de la contracepción -mejor, contraconcepción- y el aborto, doctrina ratificada por Juan Pablo II y su sucesor en el Pontificado).

La tesis de ‘embrión=persona' no es compartida ni por las iglesias protestantes, ni por ninguna otra religión, incluidas las monoteístas. Según el Talmud, el libro sagrado del judaísmo, el embrión se convierte en persona gradualmente, en el segundo mes del embarazo. Para la religión islámica, el alma entra en el cuerpo cuarenta días después de la concepción. Con este criterio, se admite sin reparos la experimentación con células embrionarias antes de la formación de los órganos vitales, en un plazo aproximado de seis semanas. (Un embrión, antes de los 20 días tiene una dimensión inferior al milímetro, y no tiene órganos ni tejidos diferenciados. El corazón comienza a latir en la cuarta semana tras la fecundación y el cerebro, considerado como el lugar de la conciencia, no tiene actividad hasta la octava semana de la gestación).  La tesis de que el embrión, desde la fecundación, es ya un ser humano es racionalmente insostenible, al menos para la ciencia moderna. Es solamente un ‘futurible' humano. (Continuará).

 

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annapaola

annapaola dijo

Un lujo leerte, estoy muy de acuerdo con tu escrito y aunque de entrada no me parece bien el hecho de abortar, si estoy totalmente de acuerdo con tu último parrafo.

Un saludo

5 Marzo 2009 | 10:33 AM

fap

fap dijo

Gracias annapaola (¿italiana?) por recibirme entre tus amigos. Eres de las pocas personas que entienden el tema del aborto, que se supedita a la existencia del alma. La verdad es que no es lo mismo un aborto de cuatro días que otro de cuatro semanas o de de cuatro meses. Hasta que no haycerebro no hay persona. Si nos convenciéramos todos de que el alma no existe, ya no existiría el problema del aborto. Besos, Vandalio.

5 Marzo 2009 | 11:42 AM

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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