Publicidad:
La Coctelera

La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

12 Marzo 2009

OJOS QUE NO VEN (57)

 

El mito de la inmortalidad (6)

 

Para Juan Pablo II el Cielo tampoco es un lugar físico entre las nubes, sino "una relación viva y personal con la Santísima Trinidad". ¿Cómo se entiende, entonces, el comienzo del ‘Padre nuestro', la oración que nos han obligado a rezar desde pequeños? Para la actualizada doctrina católica, el Cielo es la ‘Casa del Padre', que está en el cielo. ¿Cómo puede ‘estar' en presencia y "en relación" con la Trinidad, de la que forma parte? De nuevo es Pablo de Tarso el responsable de la doctrina católica, en sus epístolas a los Efesios y a los Colosenses, en especial, cuando explica a los Corintios que "tenemos un edificio que es de Dios: una morada eterna, no hecha por mano humana, que está en los cielos. Y así gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celeste" (2Cor 5:2). Todo pura imaginación, recibida como verdad indiscutible, sin posibilidad de discusión, porque es dogma fundamental para un creyente, la primera ‘verdad de la fe'. Verdad plasmada por los artistas en pinturas murales como el fresco de Luca Signorelli (1502), titulado El cielo, composición de cuerpos desnudos y ángeles músicos que los recibían  con cánticos, que he podido contemplar en la catedral de Orvieto (Italia). Otros cielos, también abarrotados de ansiosos elegidos (esta vez con ropa) fueron los pintados en lienzos de grandes dimensiones por el Veronés (en el Palais des Beaux-Arts de Lille) y de Palma el joven (en la Pinacoteca Ambrosiana de Milán).

Según el credo católico, Dios es el ‘creador del cielo y de la tierra', que pone de manifiesto lo ilimitado de su poder, expresión que se complementa con otra metáfora decisiva en el Concilio de Nicea-Constantinopla, al añadir "de todo lo visible y lo invisible". Es el ‘acta de bautismo' de los espíritus en la Iglesia de Cristo. El IV Concilio de Letrán vino a especificar con más detalle que Dios, "al comienzo del tiempo, creó a la vez de la nada una y otra criatura, la espiritual y la corporal" (DS 800). El animismo no se entiende, por tanto, sin el mito de la inmortalidad. De este mito depende no sólo la creación (‘invención humana') de los espíritus, en especial del alma personal, ‘espíritu invisible' destinado a la vida eterna. En el Antiguo Testamento ya se conocía a Yahvéh como ‘el Dios del cielo' (Jon 1:9; Esd 1:2; Neh 1-4).  En el Nuevo, se confunde el ‘reino de Dios' con el ‘reino de los cielos' (Mt 21:25; Lc 15:18). Parece que fue un santo del siglo IV, Basilio, el que se propuso encontrar la exacta ubicación de ese lugar en el que habrían de convivir con Dios todos los justos, fuesen ángeles o cuerpos resucitados. Hay quien piensa, entre los teólogos modernos que, al ser tan extensos los cielos astrales, el paraíso inmortal podría estar en una ‘dimensión' distinta a la nuestra.

Se puede pronunciar la palabra cielo con varias significaciones. No sólo la citada como ‘morada de la Santísima Trinidad', del ejército de ángeles y de los justos después del Juicio Final. Allí está el ‘trono' de Dios, el ‘palacio de Dios' (Sal 11:5 y 103:19); Sal 17:7), donde Cristo, desde su ascensión, "está sentado a la diestra del Padre", como se puede leer en varios escritos neotestamentarios (Mc 16:19, Act 3:21, Heb 8:1). También se usa como equivalente a firmamento, conjunto de estrellas en lenguaje de astrónomos, es decir, un ‘espacio' exterior al planeta Tierra. Espacio infinito para la ciencia actual, en continua expansión, donde las estrellas nacen, viven y mueren en incesante actividad de millones de años. De ese espacio ¿qué sitio ocupa la divinidad? ¿actuará sobre todos y cada uno de los átomos que componen el universo? ¿nos revelará algún día en que consiste el 90% de la materia oscura interestelar, tan codiciada por los  científicos? ¿moriré sin saber exactamente qué son los agujeros negros? ¿es verdad que hay más de un cielo? ¿no fue Pablo arrebatado al ‘tercer cielo'? Algunos escritos apócrifos hablan de cinco, siete y hasta de diez cielos. ¿Cuál será mi morada? ¿Qué sufrimiento me estará reservado por mi incredulidad, tan ‘razonable'?

La más imaginativa descripción cristiana del cielo o paraíso se la debemos al Apocalipsis de Juan, que ha servido de inspiración a cientos de artistas en los últimos veinte siglos. Según el autor, un ángel "me mostró la santa ciudad de Jerusalén, que descendía del cielo de parte de Dios. Tenía la gloria de Dios y su resplandor era semejante a la piedra más preciosa, como piedra de jaspe, resplandeciente como cristal. Tenía un muro grande y alto. Tenía doce puertas y en las puertas había doce ángeles...El material del muro era jaspe y la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio. Las cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con piedras preciosas...La ciudad no tiene necesidad de Sol ni de Luna para que resplandezcan en ella, porque la gloria de Dios la ilumina y el Cordero es su lámpara". Añadamos la noción de paraíso que aprenden los musulmanes y tendremos una idea aproximada de lo inverosímil de las ideas de inmortalidad que se han transmitido de generación en generación, dejando embaucados a la mayoría de los mortales. Para los griegos destinados a la felicidad se ‘inventaron' los ‘Campos Elíseos'; para los egipcios, los ‘Campos de la felicidad'; para los nórdicos el Walhala, y así todas las religiones tienen su ‘cielo de inmortalidad', sean  las religiones indígenas o más elaboradas, como el budismo, hinduismo y taoísmo.

En el Antiguo Testamento ya aparece la amenaza del juicio en boca de los profetas (Is 13:27, Jer 46:51; Ez 25:32) y en el Apocalipsis se describen con espanto los últimos días de la humanidad, con la aparición del Anticristo, de la ‘Bestia' de de los cuatro ‘jinetes' que asolarán la Tierra. (Miguel Hernán, El Apocalipsis que viene, Ciencia 3, 1997) La ‘segunda' venida de Cristo, en toda su majestad y con el ‘sano' propósito de colocar a cada uno en su sitio, precederá a esa espectacular puesta en escena que en la doctrina cristiana se conoce como Juicio final, garante de toda inmortalidad, sea para bien o para mal. La entrada en el Cielo cristiano no debe ser nada fácil, porque los aspirantes se han de someter a ese estricto y sumarísimo Juicio Final, que también ha tentado a los artistas medievales y renacentistas. Modelo de portadas catedralicias, con el ‘Justo Juez' haciendo justicia (¡difícil papeleta!) al separar a buenos y malos, es la de Nôtre-Dame de París. Pinturas murales destacadas por su grandiosidad son las conservadas en la cabecera de templos tan conocidos como la Catedral vieja de Salamanca, y la basílica de Santa Cecilia, en Albi (Francia). Aunque ninguna tan espectacular como El juicio universal, la pintura al fresco de Miguel Ángel que preside la Capilla Sixtina del Vaticano, donde creo que la belleza no puede sacar más partido a la fantasía, con casi cuatrocientas figuras, en las que resultan conmovedoras las de los cuerpos difuntos que resucitan al toque  de las trompetas angélicas, mientras el arcángel Miguel lee el ‘libro de los elegidos'. Allí no hay espíritu, sólo carne, pero carne resplandeciente de inmortalidad. Incluso son bellos los cuerpos de los condenados, empujados al abismo por el barquero Caronte. En Granada se conserva un lienzo renacentista de Luis de Vargas, que representa el Juicio Final con un colorido exuberante, parecido al políptico del pintor flamenco Roger van der Leiden, y al tríptico de Hans Memling, en Bruselas, con ángeles que dejan pasar al Cielo y demonios que arrastran al Infierno. Los artistas son los más convincentes predicadores. (Continuará).

 

servido por Francisco sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de Francisco

La bitácora de Vandalio

Madrid, España
ver perfil »
contacto »
Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis

Fotos

Francisco Aguilar Piñal todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera