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La Coctelera

La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

18 Marzo 2009

OJOS QUE NO VEN (62)

 

El mito de los ángeles (5)

Entre todos los seres angélicos, la Biblia cita en varias ocasiones a uno muy especial y distinto de los demás, que parece confundirse con el  Dios hebreo, a quien se conoce como el "Ángel de Yahvéh". Su presencia equivale a la presencia divina (Ex 32:34; Is 63:9) y aparece con más frecuencia en los libros proto y deuterocanónicos (Tob 5:21; Est 15:16; Ecle 48:24). El ángel de Yahvéh habla con Agar como si fuera el mismo Dios: "Yo multiplicaré tu descendencia de manera que no podrá contarse" (Gen 16:10). Aunque no es posible demostrar una identificación absoluta, lo cierto es que este "ángel" no se halla en el mismo plano identitario de los restantes ángeles, cuya distinción con la divinidad siempre es nítida. Contradicción tan evidente ha tenido diversas interpretaciones, entre las que parecen más sensatas las que admiten interpolaciones posteriores, para reforzar la idea de un Dios trascendente y único.

Todas estas fantasiosas leyendas, dispares y disparatadas, han calado tan profundamente en la mitología popular que son muy difíciles de desarraigar. Sobre todo después de haber sido tema de inspiración para los mejores artistas de todos los tiempos, que dieron visos de realidad a tan ridículas creencias en sociedades compuestas, en su mayoría, por personas analfabetas. Hasta el "Coro de ángeles del Paraíso" pintado por Gustav Klimt en el Edificio de la Secesión, de Viena, en el siglo XX, los pintores cristianos han rivalizado en dejar constancia de su propio concepto de la visión angélica, tanto en pintura como en escultura o relieve. En el siglo XII, y siguientes, especialmente durante la expansión del estilo románico, los ángeles pueblan las paredes y retablos de las iglesias europeas, para adoctrinamiento del pueblo iletrado. Decoran las paredes de las iglesias románicas, como en la cripta de la catedral inglesa de Canterbury o en la catalana de  San Clemente de Tahull,  y visigóticas, como de la San Román, en Toledo, ambas joyas de la España medieval. Los ángeles pintados en los murales de la ermita segoviana de la Vera Cruz (1.125) fueron pasados a lienzo y trasladados al Museo del Prado, donde se conservan. Por otra parte, hay ángeles en bajorrelieve en casi todas las portadas románicas de los siglos XII y XIII. A destacar  las del pórtico de la Gloria, de Santiago de Compostela, o en Santo Domingo, de Soria. En el estilo gótico de la arquitectura medieval, la evocación angélica se plasma en las preciosas vidrieras que iluminan el templo.

Si toda esta pintura está idealizada, al servicio de una espiritualidad que renegaba de la carne, a partir del Renacimiento se va notando la evolución hacia el naturalismo, que reivindica para el cuerpo humano la belleza negada hasta entonces. Hay que reconocer una gran diferencia de estilos entre los ángeles etéreos pintados, por ejemplo, por Fra Angélico (La coronación de la Virgen, rodeada de una idealizada multitud de ángeles, en el Louvre), y los muy humanos de Rubens, Zurbarán y Murillo, del que cabe destacar la belleza del "Ángel de la Guarda" de la catedral de Sevilla. Entre estos dos extremos se sitúan otros grandes pintores de ángeles, como el Perugino, Benozzo Gozzoli, Ghirlandaio, Jan van Eick, Hans Memlinc, Jacopo Bellini, Leonardo da Vinci, Hugo van der Goes, Miguel Ángel (que prescinde del halo de la santidad, como antes Piero della Francesca y Botticelli), Rafael Sanzio y tanto otros renacentistas, cuyos ángeles "deben considerarse entre los más fantásticos vuelos de la imaginación que se hayan concebido" (Godwin).

El destino de los ángeles, por supuesto, como el de todos los humanos ‘elegidos' es la Gloria celestial, presidida por la Santísima Trinidad en la doctrina católica, como supo recoger acertadamente el genial Tiziano en su cuadro "La Gloria", del Museo del Prado (1554). Según el Catecismo católico, el "Cielo" no es sólo el "lugar propio de Dios", sino también el de "las criaturas espirituales" que rodean a Dios (I, 327). En cuanto a la existencia de los ángeles, declara rotundamente que es "una verdad de fe", es decir, que quien no crea en ellos se aparta voluntariamente de la comunidad cristiana, ya que tiene tanta validez doctrinal como el misterio de la Santísima Trinidad, la divinidad de Jesús, la virginidad de María o todos los demás dogmas aceptados y predicados por la Iglesia. "El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición" (I, 328). En el fin de los tiempos, "el Señor vendrá en su esplendor con todos sus ángeles" para "subir a los Cielos a los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados...Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven ‘tal cual es', lo que es conocido como ‘visión beatífica' (I, 1023).   Naturalmente, en compañía de los ángeles, de todos los santos y del Dios trino, "El Cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha" (I, 1024).

Con estas falsas ‘verdades inventadas', basadas únicamente en la supuesta autoridad de quien las dice, el mensaje religioso cristiano ha embaucado durante veinte siglos a los devotos creyentes, incapaces de reaccionar por falta de información, de voluntad y de audacia frente a los predicadores -quiero creer que engañados más que engañosos- de doctrinas tan escasamente creíbles, sin más asidero en la realidad que sus vanas palabras. Si los ángeles existieran de verdad, se hubieran rebelado todos contra el Creador de tanta maldad como rodea a los humanos en este planeta destinado a la desolación y la muerte. Sin embargo, hay que reconocer que los ángeles están de moda, tanto en libros como en el cine, o en las series de televisión. No hay más que recordar las andanzas del ángel custodio que consigue rescatar sus alas salvando del abismo a James Stewart en la película ¡Qué bello es vivir! de Frank Capra. También un ángel amable y servicial (encarnado por el actor Michael Landon) era el protagonista de la serie televisiva Autopista hacia el cielo. Hace años la periodista norteamericana Sophy Burnham describió en El libro de los ángeles sus supuestos encuentros con estos seres celestes. Lo más sorprendente es que recibió multitud de testimonios de personas que decían haber tenido experiencias similares. En España, la actriz Lucía Bosé ha creado una fundación cultural para instalar en el abandonado castillo de Turégano (Segovia) el primer museo dedicado exclusivamente al mundo de los ángeles.

Es cierto. El interés por lo sobrenatural y lo paranormal ha crecido de forma exponencial en la segunda mitad del siglo XX, con origen en la puritana sociedad de los Estados Unidos de América, donde los fabricantes de mitos de la Nueva Era han hecho de los ángeles un fácil y sustancioso negocio. A ello han contribuido, sin duda, los ‘avistamientos' de los llamados Ovnis (Objetos Volantes No Identificados), las imaginadas ‘abducciones' y los supuestos contactos con seres extraterrestres, que, en ningún caso pueden ser confundidos con espíritus inmateriales, que es lo único que aquí nos interesa. En todo caso, es una muestra más de la fértil imaginación de la especie humana. Fantasía que sabe crear nuevos héroes voladores, tipo Superman, Spiderman, Batman, y algún otro, mitad hombre mitad ángel, que siembran de esperanza el triste futuro de la humanidad, transformando la envoltura sin prescindir del mito. (Continuará).

 

Tags: angeles

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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