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La Coctelera

La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

4 Septiembre 2009

OJOS QUE NO VEN (80)

 

La quimera de los dioses (2)

 

Las diversas religiones regulan el tiempo de sus fieles creyentes, tanto en su intimidad como en la colectividad. No podemos minimizar su influencia en la mayoría de las personas, angustiadas tanto por el presente como por el futuro. A pesar de la violencia, que nunca falta, millones de fieles de religiones distintas conviven en buena armonía, sin preocuparse excesivamente ni por la ideología ni por la teología. Pero es cierto que la paz siempre es precaria. Y que la religión todavía sigue siendo un poder, y como tal, encierra el conflicto en la misma medida que las nubes contienen la tormenta. "Paz o guerra, persecuciones o fraternidad: la religión lo permite todo, lo justifica todo. Los dioses proponen y los hombres disponen" es la teoría más difundida. No obstante, el mensaje de paz se puede (y se debe) imponer al mensaje agresivo. Para ello no hay más que un camino: "Mediante la educación cívica, mediante la enseñanza ilustrada de la historia de las religiones y de las civilizaciones, y sobre todo mediante una ley laica" (Dioses: Modos de empleo, Museo de Europa, 2008). Yo añadiría algo que me parece de suma importancia: el acercamiento a la Ciencia, que poco a poco nos está levantando el velo de la ignorancia (muchas veces consentida) para acercarnos a una verdad demostrada, insospechada y que alumbrará al ‘hombre nuevo', libre de ataduras religiosas que, en todo caso, debe reducirse al ámbito personal.

"La libertad de no creer es la primera libertad del ser humano", es una sentencia muy conocida de Paul Kurtz,  que se completa con esta otra: "Miles de años de fe ciega en lo sobrenatural parecen haber creado en el cerebro algo así como un ganglio religioso". Estas palabras del premio Nobel español Santiago Ramón y Cajal (Recuerdos de mi vida) remiten al cerebro toda reflexión que se haga sobre la vida espiritual. Afirmación que asume y reproduce el catedrático Francisco Mora en su estudio ¿Enferman las mariposas del alma? Cerebro, Locura y diversidad humana  (Alianza Editorial, 2004) con estas otras: "El cerebro posee el sustrato último de toda experiencia, inefable o no, lo que incluye la propia experiencia religiosa". Es decir, que a la teología de tiempos pasados, basada en "revelaciones" místicas, han de suceder en nuestros días las neurociencias o estudio fisiológico, biológico y psicológico del cerebro humano, donde se forjan todas las experiencias religiosas.

Para el Diccionario de Neurociencia (Alianza Editorial, 2004), la mente humana "es material y refiere a la expresión de la función cerebral. Para otros, muy pocos hoy, su naturaleza es espiritual, no-material". La experiencia religiosa, por tanto "se coaliga con sentimientos, sean éstos de alegría, de amor o incluso de miedo y temor. Tanto en la soledad como en los ritos en donde se comparte la experiencia con otros, el ingrediente básico es emocional...Y es que nuestro propio cerebro, en su desmedido afán de supervivencia, nos eleva al infinito. Y construimos aquí, en nuestro mundo de todos los días, un nuevo mundo más allá en ese afán de querer seguir vivos" (¿Enferman las mariposas del alma?). Lo mismo ocurre con la sociedad, que ‘necesita' un Dios, sea el que sea, para evitar el caos y la barbarie. Aunque vaya en contra de los postulados de la razón y la sensatez del entendimiento humano. "Al final del siglo XX, dice Paul Jhonson, la idea de un Dios personal continúa tan viva y real como siempre en las mentes de millones de hombres y mujeres de todo el planeta" (La búsqueda de Dios. Un peregrinaje personal, Planeta, 1997).

Para los ideólogos del "diseño inteligente", quienes niegan la veracidad de la evolución, pretendiendo salvaguardar la idea de una divinidad ‘creadora' y responsable de su creación, las tesis científicas contrarias no merecen el más mínimo respeto. Hay científicos que quieren, a toda costa, probar la existencia de Dios, como William Dembski, Philip Jhonson o Hugo Ross, pero la palma de la osadía se la lleva Michael Behe, cuyo libro La caja negra de Darwin (Andrés Bello, 2000) es considerado como "la Biblia del diseño inteligente". Desde otro punto de vista ofrece una visión ‘creacionista' el físico Frank Tipler en La física de la inmortalidad (Alianza Editorial, 2005). Si hubiera unanimidad en las opiniones habría muerto la Ciencia. 

Las polémicas entre filósofos y teólogos no han dejado de aflorar en la vida cultural de los hombres, al menos desde el nacimiento de la Filosofía quinientos años antes de Cristo. Pero eran disquisiciones o elucubraciones sin fundamento científico, basadas solamente en la Lógica, la Historia y las Escrituras, lo que permite arrinconar sus ideas en el baúl de los recuerdos. Al menos hasta 1776, año en que muere el filósofo escocés David Hume, el primer europeo que murió confesándose ateo impenitente.  Pero las Neurociencias de nuestros días están obligando a dar un giro espectacular a la idea clásica del ser humano. Citaré un párrafo del libro editado por el Vaticano (Neuroscience and the Person, 1999), en el que se hacen unas reflexiones que hubieran sido consideradas heréticas no hace muchos años. "¿Por qué negar la relación entre las neurociencias y la acción divina? -se pregunta el teólogo autor del libro-.

 La mayoría de los teólogos cristianos en la era moderna han seguido a René Descartes  como anteriores teólogos lo hicieran con Platón y así han asumido una visión dual de la naturaleza humana (seres humanos constituidos por alma -o mente- y cuerpo). Hasta ahora, por tanto, la acción de Dios en la esfera humana podía interactuar libre y directamente con las almas (esferas del espíritu). Pero dado que las neurociencias actuales cada vez aportan más peso a los argumentos de la unidad del ser humano (un puro organismo físico), ello ha puesto en serio desafío a los comités teológicos, que ven que si Dios tiene algo que hacer con sus criaturas humanas debe hacerlo a través de la interacción con sus cuerpos y más particularmente aún con sus cerebros". Pero esta postura acomodaticia, interesada y contraria a la doctrina tradicional, es privativa de algunos teólogos, que ven cómo se desmorona el edificio total de la fe. La historia, sin embargo, es muy distinta, y a ella hemos de acudir para conocer la nuestra.

. (¡Qué humor negro se necesita para calificar de sapiens a quien todo lo ignora, mucho más cuando el adjetivo se duplica, para apartarnos a una más que prudencial distancia de los demás animales!) ¿Existe algún ser superior a mí, de infinitos atributos, a quien pueda culpar de mi existencia? ¿Cuál es mi destino? A estas preguntas responde, en forma poética, el reciente libro del físico catalán David Jou, que analiza las sucesivas respuestas de la historia humana a lo largo del tiempo, abordando el tema de las ‘dimensiones ocultas de las supercuerdas' de la física cuántica, empeñada en descubrir el inefable misterio del origen de la vida, al margen de cualquier ‘diseño inteligente'.(Reescribiendo el Génesis. De la gloria de Dios al sabotaje del universo , Destino, 2008). (Continuará)

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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