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La Coctelera

La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

5 Septiembre 2009

OJOS QUE NO VEN (81)

 

I

Del politeísmo al monoteísmo (1)

 

El enfoque de esta Tercera Parte ha de ser forzosamente histórico, porque los dioses, aunque sean quiméricos,  tienen también su historia. Sin perder de vista que el nacimiento de la religión no se puede entender sin el previo supuesto ilusorio de la existencia de los espíritus, ya que, según enseña Marvin Harris, "Dondequiera que la gente crea en la existencia de uno o más de estos seres, habrá religión"  y más adelante: "El alma explica el misterio de la muerte. Un cuerpo sin vida es un cuerpo privado de su alma para siempre" (Nuestra especie, Alianza, 1995). Si pretendemos bucear hasta encontrar el origen y la causa del sentimiento religioso, deberemos rastrear, por tanto, las huellas en el pasado de algo tan evanescente como la idea del alma en todo lo que el homínido primitivo observe como ‘animado' en su entorno, comenzando por sí mismo. Estas huellas sólo pueden encontrarse en el estudio de la Arqueología, al que dedican su vida, con abnegación y paciencia dignas del mayor de los reconocimientos, cientos de investigadores que hunden sus manos en esa ciénaga de ilusiones perdidas que es la corteza terrestre, el cementerio donde reposan los misterios de la vida.

En octubre de 1996 se celebraron unas jornadas de estudio sobre "La evolución de los homínidos" en el Museo de la Ciencia de Barcelona, cuyas ponencias y discusiones fueron después publicadas con el título de Antes de Lucy. El agujero negro de la evolución humana (Tusquets, 2000). Millón más, millón menos, "hoy sabemos que los hominoideos como grupo se separaron de sus parientes cercanos hace unos 25 millones de años", nos dicen estas páginas, para continuar marcando sus cortes genealógicos: "La separación entre los chimpancés y el género humano tuvo lugar hace unos seis millones de años" y "El homínido más antiguo bien conocido, con  una edad de tres millones de años es el Australopithecus afariensis", que era trepador y bípedo a la vez, como nos confirma el profesor Jordi Agustí. El representante de este primer primate bípedo y trepador encontrado en tierra africana  es una hembra,  "Lucy", nombre que le dio su descubridor, Donald Johanson, en 1974. Pero hay quien establece la transición entre el animal y el hombre dos millones de años antes, con una evolución mucho más lenta (Herbert Wendt, Del mono al hombre (Bruguera, 1981). Admitir que la evolución fuera lenta parece muy sensato, pero es que, además, resultó ser "revolucionaria", como la califica Juan Luis Arsuaga: "Un primate bípedo es algo revolucionario y no representa tan sólo una ligera variante respecto de otros tipos hominoideos. Hay que descartar que todo el esqueleto se modificara drásticamente de una única vez; y por otro lado, no es fácil imaginar cómo se puede pasar de un cuadrúpedo a un bípedo poco a poco" (La especie elegida. La larga marcha de la evolución humana, Temas de Hoy, 1998). 

Lo verdaderamente importante para nuestro propósito es determinar el momento en que empezó el cerebro del  homínido a elaborar conceptos abstractos y a ‘crear' símbolos, que son las señas de identidad de la humanidad naciente, y de todo pensamiento religioso, ya que "la conciencia humana emergente exige explicaciones sobre el mundo" (Richard Leakey/ Roger Lewin, Nuestros orígenes. En busca de lo que nos hace humanos, Crítica, 1994). No sólo el  cuándo, también el cómo ha ocupado muchas horas de investigación a los pacientes antropólogos. Algunos con sorprendentes conclusiones, como Oscar Kiss Maerth, quien, escribiendo en un monasterio chino, lanzó la idea del canibalismo como la que podría explicar esta aparición de la conciencia humana, con sus secuelas de ideas abstractas y pensamiento simbólico: "El canibalismo es la causa de la evolución del hombre", escribió. Abandonar, en parte, la comida vegetariana del simio para comer "carne cruda" fue el paso decisivo, aunque ignorado, para la transformación evolutiva de los primates. Y este paso fue dado por un nacido de un cruce entre un mono antropoide africano y una mona asiática, según la teoría de Maerth, que conoció y difundió las ventajas de alimentarse de carne de sus semejantes. Pero lo más sustantivo de esta teoría es que "los primeros hombres se convirtieron en caníbales por su obsesión del sexo", ya que "el primer ser humano fue aquel mono que por vez primera consumió el cerebro fresco de un congénere" porque aumentaba su deseo sexual. El resultado fue un renovado impulso sexual, que le procuraba orgasmos desconocidos. Con razonable sorna podríamos decir que "se corrió la voz" y aquellos primates abandonaron los hábitos vegetarianos para comer la carne de sus congéneres, especialmente el cerebro. (Por supuesto, sólo se hicieron carnívoros los hombres, comenzando tal ‘hazaña' en Mesopotamia). Concluye Maerth que "unas cien mil generaciones se han dedicado a comer cerebros". El canibalismo, despojado de connotaciones imaginativas, ha pasado a ser una hipótesis generalmente aceptada.

También Salvador Moyá, geólogo mallorquín, admite que el género homo nació por pasar de una dieta vegetativa a otra carnívora (Antes de Lucy) necesaria para aumentar el tamaño del cerebro, pero añadiendo que "la aparición del género humano hace 2,5 millones de años fue debida a las nuevas presiones selectivas de la vida en la sabana".  Una de estas ‘presiones' debió ser la lucha por el espacio vital en un lugar donde escaseaban los alimentos. Primero, entre clanes diferentes, luego entre los miembros de una misma familia. Recordemos las palabras de Arsuaga, al hablar de los huesos hallados en la Gran Dolina de Atapuerca: "los restos humanos de la Gran Dolina aparecen mezclados con los de animales, y bastante rotos. Algunos presentan estrías de corte producidas por el filo de un instrumento de piedra empleado con ánimo de separar la carne del hueso. Está, pues, claro que fueron descarnados y consumidos allí mismo por otros humanos. Se trata de la evidencia más antigua conocida de este tipo de práctica" (La especie elegida, Temas de Hoy, 1998). Porque "el debate sobre el primer poblamiento humano de Europa (fijado en torno al medio millón de años) iba a cambiar para siempre en el verano de 1994 con los descubrimientos de la Gran Dolina en España". Su antigüedad, calculada entonces en unos 780.000 años, supera ya el millón en la consideración de los investigadores de estas cuevas de la Sierra burgalesa de Atapuerca.

Pero debemos recordar que nuestra especie ni es única ni privilegiada. Sólo somos los ‘inquilinos temporales' de este planeta, que convivimos con otros muchos inquilinos, y cuyos antecesores en esta misma vivienda desaparecieron como especie hace mucho tiempo (se dice que desaparecen unas 30.000 especies de seres vivientes cada año). Una de ellas, la más parecida a nosotros, los humanos modernos, fueron los ‘hombres de Neandertal', los "primeros pensadores", que eran miembros de "una humanidad paralela que evolucionó en Europa durante cientos de miles de años de forma independiente y separada de nuestro linaje", aunque con un ancestro común (Juan Luis Arsuaga, El collar del neandertal. En busca de los primeros pensadores,  Temas de Hoy, 1999). "Aunque originarios de Europa, sigue diciendo Arsuaga, los neandertales salieron de nuestro pequeño continente para poblar el Asia central y el Oriente Próximo. Toda esta época (entre hace 127.000 y 40.000 años) es el ‘tiempo de los neandertales'. En esta última fecha, es decir, hace unos 40.000 años, aparecieron en la Península Ibérica y en Europa unos inmigrantes de origen africano, nuestros antepasados: los primeros representantes europeos de la especie Homo sapiens, conocidos popularmente como hombres de Cro-Magnon o cromañones". Después de convivir en el mismo espacio durante unos diez mil años, es decir, hace 30.000 años, los neandertales desaparecieron como especie por causas todavía no precisas. "Desde entonces, concluye el infatigable Arsuaga, somos los únicos humanos y los únicos homínidos sobre el planeta". Última conclusión: los primates han vivido durante millones de años en el bosque, siendo trepadores. Solamente los humanos hemos poblado tierras  con escasa  o nula arboleda, por nuestra condición bípeda, hace escasos miles de años. (Continuará)

 

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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