OJOS QUE NO VEN (83)
Del politeísmo al monoteísmo (3)
Los Imperios sumerios, babilonios y asirios cuentan con una historia ‘mítica', con soberanos legendarios cuyos gobiernos superaban los veinte mil años. La más antigua inscripción que puede ser fechada se refiere al primer rey de la I Dinastía de Ur, unos 3.100 años a.C. Esta es, pues, la datación histórica que se puede considerar más segura en relación con los asentamientos urbanos de Mesopotamia, según indican las Tablas cronológicas del profesor Ernst F. Weidner, que se incluyen en el muy conocido libro, subtitulado "La novela de la Arqueología", que se publicó en España con el título de Dioses, Tumbas y Sabios (Destino, 1953), del investigador alemán C.W. Ceram. En una de las tumbas reales de Ur, donde se hallaron más de mil sarcófagos de los siglos XVIII-XXIV a.C., con riquísimos ajuares funerarios, Sir Leonard Woolley encontró los adornos de oro y joyas pertenecientes a la más antigua reina de la que se tiene noticia, la sumeria Sub-ad, que vivió hace unos cinco mil años.
El primer rey que consiguió unir bajo su cetro el vasto territorio comprendido entre Elam y el Tauro fue Sargón I (2.684-2.630 a.C.) quien, según la leyenda, había nacido de una mujer virgen y abandonado a orillas de un río. Hasta 2.225 a.C. aproximadamente la historia cultural y religiosa de este "país de los dos ríos" es sumero-babilónica, con sus dos capitales Ur y Babilonia. De esta historia solamente nos interesa su vida religiosa, con una divinidad distinta en cada ciudad, a las que se rendían cultos con derramamiento de sangre. (Marduck era el dios protector de Babilonia y se conserva una estela del siglo XXI a.C. en la que se aprecia al rey de Ur haciendo ofrenda a su dios, que rivalizaba en importancia con el de Babilonia). Los reyes se imaginaban ya como ‘representantes' absolutos del dios principal, aunque se veneraban más de cien, imposibles de distinguir al fusionarse los panteones sumerio y acadio. El rey acadio Naram-Sin (2254-2218 a.C.) al derrotar al vecino pueblo sumerio se hizo adorar como dios, siendo el primero que lo consiguió aún en vida, hace, pues, la friolera de cuarenta y cuatro siglos. (J.A. Black y A.R. Green, God, Demons and Symbols of Ancient Mesopotamia, Londres, 1990).
No tardaron mucho en seguirle otras sociedades jerarquizadas, como la egipcia y la india, que se habían formado a orillas de los grandes ríos: en el Valle del Nilo (3.200 a.C.) y en el Valle del Indo (2.200 a.C.). Parece que la primera manifestación escrita de las preocupaciones religiosas, (aparte de las simbólicas pinturas y estatuillas totémicas de hace treinta o cuarenta mil años, que nada dicen de Dios, y los altorrelieves de las estelas), se ha encontrado en el antiguo Egipto. En el año 1881 fueron descubiertos en la pirámide de Pepi I, en Saqqara, los llamados Textos de las Pirámides (c.2345 a.C.), que son 759 fórmulas de plegarias para que fueran recitadas por el propio rey en su ‘viaje' al Más Allá, donde aparece la primera mención al dios Osiris. Más tarde fueron hallados otros textos similares en otras pirámides, que constituyen los textos religiosos más antiguos de la Humanidad. En uno de los pasajes se hace alusión al "Himno caníbal", que había de recitar el faraón difunto mientras devoraba la ‘carne de los dioses'. Con el tiempo, esta costumbre de las ‘fórmulas mágicas' se hizo común a todos los sarcófagos para que el difunto supiera cuanto debía hacer "para no pasar hambre ni sed en el camino al Más Allá".
La codificación de las ideas religiosas egipcias se expresa tanto en papiro (Libro de los muertos) como en las paredes de las estancias mortuorias, agrupados en los llamados Textos de las Pirámides ,el "texto fundacional del Egipto antiguo", como lo ha calificado Christian Jacq, su comentador más reciente (El origen de los dioses. Claves para descifrar los Textos de las Pirámides, Martínez Roca, 1999), quien añade que "el Egipto faraónico es nuestra madre espiritual", la primera fijación escrita (por supuesto, en jeroglíficos) de una preocupación por una vida ultraterrena, además de una preocupación más ‘mundana', la de mantener el orden y la armonía en la sociedad, función reservada al Faraón, hijo de Ra, la luz divina del Sol, que lo ha engendrado, cuya comprensión está negada al mortal.
La institución faraónica no es de origen humano, sino divino, según los Textos:"No hay en el Faraón ningún miembro vacío de Dios; el cuerpo de Faraón es el de Dios". Lo sorprendente es que unos y otros, creadores o beneficiarios del mito, estaban convencidos de la verdad de sus ensoñaciones. Como dice J. Campbell: "Los Faraones del Egipto dinástico creían en su divinidad temporal, es decir, estaban locos. Además, estaban apoyados, enseñados, halagados y alentados en esta creencia por sus sacerdotes, sus padres, esposas, consejeros y súbditos, quienes también creían que eran dioses. Es decir, toda la sociedad había enloquecido" (Las máscaras de Dios: Mitología oriental, Alianza Editorial, 1991). Esta divinización de una persona concreta, por muy noble que sea, supera y sublima el concepto de la divinidad (totémica) que poseyeron durante miles de años los hombres del Paleolítico, y que todavía conservan los indígenas actuales de regiones aisladas.
El panteón egipcio, desde la unificación del norte y el sur del país, que tuvo lugar c. el año 3.000 a.C., queda constituido por dioses principales como Ptah, Seth, Amón, Horus, Isis, Osiris, Hathor, Anubis, Maat, Sober venerados en grandes templos, entre otros menos conocidos, que habitaban en santuarios locales, donde el pueblo llano presentaba sus ofrendas. (T. Gómez Cordero, Diccionario de los dioses y mitos del Antiguo Egipto, Océano Ámbar, 2003). Pero hay un solo Dios creador, principio de todas las cosas, incluido el Faraón: el dios Atum, que prolonga su propia creación cogiéndose el falo con la mano y masturbándose para dar origen con su semen creador a la pareja primordial (la Luz y el Fuego) y a los demás dioses, que protegen y veneran al Faraón, hijo predilecto del Creador, sagrado como El y encarnación viva de los dioses, a los que consagra majestuosos templos en ambas orillas del Nilo, atendidos por una casta sacerdotal que dominaba tanto la burocracia política como la religiosa. (S. Quirke, La religión del Antiguo Egipto, Oberón, 2003). En uno de ellos, el de Karnak, había relieves de jóvenes dioses mostrando sus largos penes erectos. Es la manifestación palmaria de que la vida, tanto de dioses como de hombres, tenía un origen sexual y nada espiritual, ‘grosera' imitación de las potencias animales. Siglos más tarde, los cristianos, liderados por el anacoreta san Antonio, destrozaron las imágenes y derribaron parcialmente los templos. La rivalidad no perdona. (Continuará).



maria josé cano gilabert dijo
Buen resumen sobre la religion de las civivilizaciones antiguas y sobre el nacimiento del poder a través del control de las creencias.
12 Septiembre 2009 | 08:59 PM