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La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

14 Septiembre 2009

OJOS QUE NO VEN (85)

 

Del politeísmo al monoteísmo (5)

 

Otras religiones de gran trascendencia en la historia de la Humanidad irán apareciendo, ajenas a la del "pueblo elegido", pero politeístas como todos los pueblos mesopotámicos y casi todos los del Extremo Oriente. Excepto una, el zoroastrismo, la religión del antiguo Irán (Persia), del siglo XI a.C., que  impuso la fe en un dios único, Ahura Mazda, "el Señor único". Por su parte, el hinduismo, con su ‘trinidad' divina, el budismo, del siglo VI a.C., o el jainismo, también del siglo VI a.C., no exigen derramamiento de sangre en los sacrificios. El shintoismo japonés, anterior a las doctrinas de Buda, importadas de China, tiene un panteón de dioses venerados como ‘kami', sinónimo de sobrenatural, pero que están ‘humanizados', ya que les gusta la poesía, la música y la danza. En el taoísmo chino existen también numerosas divinidades, siempre presididas por el Emperador de Jade. Podrán ser ‘dioses' muy diferentes los que reciben adoración entre los pueblos del Extremo Oriente, pero la variedad excluye el monoteísmo.

Es difícil determinar cuándo comienza la historia de la religión griega, aunque sabemos que los poemas homéricos, donde se invocan a los dioses venerados en Grecia, se escribieron en los siglos VIII-VII a.C. seiscientos años después de la Guerra de Troya, que es su principal argumento. En el Mar Egeo, entre los años 3.000 y 1.000 a.C. florecieron tres grandes culturas de la Edad del Bronce, con reminiscencias de carácter religioso: la cicládica, la minoica (isla de Creta) y la micénica (de  Micenas). La primera procede de las Islas Cícladas, ricas en minerales, cuyos habitantes dejaron huellas de su paso con un arte estilizado, muy alejado del arte griego clásico. La isla  central es Delos, que estuvo habitada desde el tercer milenio a.C. y donde, según la tradición, nacieron el dios Apolo y su hermana Ártemis, hijos de Zeus. Una vía sagrada, flanqueada por leones, conduce al viajero a los tres templos dedicados a Apolo y al templo dórico dedicado a las doce divinidades olímpicas. Otro recinto sagrado está dedicado a los dioses extranjeros, entre ellos el templo de la diosa Isis.

La isla de Creta, trampolín cultural y comercial entre el Medio Oriente y el mundo griego, carecía de grandes templos, ya que la vida religiosa se limitaba a la intimidad doméstica o a los lugares sagrados de las montañas, consagrados a la Diosa Madre, con numerosos exvotos que hablan de múltiples divinidades. Pero en los palacios descubiertos se han encontrado archivos civiles en tabletas de arcilla de 1.400 años a.C. (Cnosos) y ofrendas funerarias, con máscaras de oro, que indican un culto a los antepasados. En el archivo de Pilos se han descubierto, además, listas de los dioses cretenses. Los asentamientos humanos descubiertos en Creta demuestran que la isla estuvo ya habitada hace nueve mil años, con emigrantes procedentes del Oriente Próximo.

Las primeras tumbas micénicas, en el Peloponeso,  datan de los siglos XVII y XVI a.C. con una máscara real en láminas de oro, de 1.500 años de antigüedad, y estatuillas religiosas de la Diosa Madre. En la península las ciudades-estado tenían cada una su dios protector, con grandes santuarios fuera de sus murallas. En la capital, Atenas, la acrópolis ("ciudad en lo alto") dominaba la vida urbana ya desde el tercer milenio a.C. con edificios religiosos dedicados a Zeus, Dioniso, Asclepio, Temis, Apolo, Ártemis y el grandioso Partenón, en honor a la gran Atenea Partenos, esculpida en oro y marfil, como el Zeus de Olimpia, por mano del gran escultor Fidias. Otros santuarios famosos fueron los de Elelusis, en honor de la diosa Deméter; el ya citado de Olimpia, regado por el río Alfeo, con el colosal templo de Zeus, el padre de los dioses; y Delfos, al pie del monte Parnaso, donde el oráculo de Apolo respondía a las preguntas de los fieles que a él acudían, con el templo más rico y venerado de Grecia.

Pero, según el imaginario griego, sus doce principales dioses tenían su residencia (donde vivían adornados con los mismos vicios y virtudes de sus ‘inventores' humanos) en el monte Olimpo: Zeus, Hera, Apolo, Ártemis, Afrodita, Hermes, Ares, Poseidón, Hefesto, Atenea y Dioniso. También había templos para dioses extranjeros, bien acogidos por los griegos, como el babilonio Adonis y la egipcia Isis.  El resultado final de siglos de creación y recreación de mitos fue una religión en la que no había iglesia, ni clero, ni dogma, ni textos sagrados, sólo leyendas mitológicas, narradas teológicamente por Hesíodo en la Teogonía (también del siglo VIII a.C.) la primera narración ordenada del origen de los dioses. "A la herencia oriental, dice García Gual, se une el anhelo de sistematización y de explicación, rasgos del pensamiento griego en sus inicios" (La Grecia antigua: En la cuna de Occidente,  número monográfico de la revista Muy interesante, 2006).

Al carecer de sacerdotes, los griegos recurrieron a los oráculos, como el de Delfos, donde una pitonisa en trance transmitía el mensaje divino tras ingerir o inhalar un alucinógeno. Pero ningún griego, devoto o sabio filósofo, abrió las puertas al monoteísmo. Su panteón ("todos los dioses") estaba colmado de divinidades ‘humanizadas', humanos venerados como dioses, ninfas y héroes semi-dioses, frutos de la más fantasiosa imaginación, para intentar explicar el misterio de la vida y los secretos de la condición humana. La figura mayestática de Zeus, obra de Fidias, serviría siglos más tarde a los artistas para imaginar al dios Padre de los cristianos. Pensando en su influencia cultural, somos herederos del pensamiento griego, como se intitula una obra sintética de Meter Levi, Grecia es la cuna de Occidente (Ed. del Prado, 1992)

Pero la mitología europea no se acaba en Grecia. Tras ella, el pueblo etrusco, que habitaba en el siglo VII a.C. en las llanuras italianas comprendidas entre el Tíber y el Arno, tomaron de sus vecinos tanto la escritura como la religión. Era un pueblo supersticioso, cuyos ‘arúspices' consultaban los deseos divinos examinando las entrañas de los animales sacrificados. Al principio, sus dioses eran objetos simbólicos, pero después, influenciado por Grecia y Fenicia, construyeron templos a  la diosa fenicia Astarté y a los dioses griegos. Aunque su principal divinidad era el dios Voltumna, honrado cerca de Orvieto. Más tarde, el  poder de Roma expande por el mundo conquistado las ideas y los dioses griegos, asumidos como propios para completar el panteón romano. Los restos arqueológicos han permitido comprobar establecimientos humanos en los alrededores de  Roma hace unos 5.000 años, por asentamientos de pueblos venidos del norte de Europa.  Basta consultar el Diccionario de la Mitología griega y romana (Labor, 1966) de P. Grimal, para darnos cuenta de que el pueblo romano, más guerrero que místico, supersticioso y práctico, prefiere asimilar a los dioses griegos, confundiéndolos con los propios, mediante el simple expediente de cambiar de nombre. Así, Zeus pasó a ser Júpiter; Hera, Juno; Afrodita, Venus; Ares, Marte; Hefesto, Vulcano; Atenea, Minerva; Crono, Saturno; Pan, Silvano; Poseidón, Neptuno; Dioniso, Baco. Algunos como el gran dios Apolo conservó su nombre, muy venerado en Roma.

La difusión de los cultos mistéricos provenientes del Oriente, está atestiguada por los numerosos santuarios dedicados a dioses no romanos, como Cibeles, Jano, Isis, Serapis y Mitra, el dios persa del Sol. El culto del dios Mitra, muy extendido por todo el Imperio, fue el gran competidor del cristianismo, condenado durante siglos a vivir en las catacumbas., por las persecuciones de los emperadores, hasta conseguir su aprobación por un edicto de Constantino (313 d. C.). La religión romana, a diferencia de otras antiguas, no era una religión revelada, ni sus dioses promulgaron jamás normas o mandamientos de conducta, como explica John Scheid (La religión en Roma, Ed. Clásicas, 1991), aunque recibían la veneración de sus fieles mediante actos rituales de oraciones y ofrendas, una especie de contrato entre los humanos y sus dioses protectores. (Continuará).

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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