OJOS QUE NO VEN (89)
Diversidad de religiones (3)
Estas son las principales religiones ‘inventadas' por el homo sapiens, que una persona culta, interesada por los problemas espirituales, debe conocer:
JUDAISMO. Los textos del Próximo Oriente hablan, desde el siglo XX al siglo XII a.C. de unos pueblos nómadas de origen semita, de nombre habiru (hebreos), asentados en Mesopotamia (Larsa, cerca de Ur) en el año 1.900 a.C. Entre estos pueblos estaban también los moabitas, edomitas y madianitas, nombres de las ciudades de su residencia. Pero los hebreos asentados en Egipto fueron expulsados en el siglo XIII a.C. por orden del faraón hacia las tierras palestinas de Canaán, por motivos no aclarados, pero que comentaristas modernos atribuyen a la ‘herejía' monoteísta del faraón Aj-en-Aton. Los expulsos fueron acaudillados por Moisés (nombre egipcio) quien recibió la ‘visita' (aparición) del dios único (¿Atón=Ra=Sol?), cuyo nombre impronunciable sería en adelante el de Yhvh (Yahveh), que estableció una ‘alianza' con ese pueblo exiliado y le entregó las Tablas de Ley, con los mandamientos que habían de cumplir para entrar en el ‘reino' prometido. En adelante, ese pueblo sería Israel, el ‘pueblo elegido' para una ‘salvación' colectiva, cuya historia quedaría reflejada en la Biblia, que es, sin duda, el mayor éxito editorial de todos los tiempos, ‘libro sagrado', aunque no pase de ser una historia ‘novelada' que, no obstante, ha servido de base para la fe de otras comunidades religiosas, como el cristianismo y el islamismo, cuyos adeptos se cuentan por miles de millones.
Israel se constituyó en reino en el siglo X a.C. con Saúl, al que siguieron sus grandes reyes David y su hijo Salomón (965-925), ambos guerreros y grandes pecadores, pero venerados en el judaísmo, el primero como el conquistador de la ciudad yebusea de Jerusalén, que convertiría en la capital del reino, y el segundo como el constructor del gran templo dedicado a Yahveh (2 Sm 6:12ss). La división del pueblo en dos reinos separados, Israel y Judá, que tuvo lugar a la muerte de Salomón, no llegó a destruir la conciencia religiosa de un pueblo unido a Dios por una ‘alianza' o contrato de fidelidad, algo incomprensible para una mente razonable, que no puede concebir cómo el Ser Supremo podría rebajarse a ‘pactar' con sus inconstantes y frágiles criaturas. A pesar de todo, Israel admitió a otros dioses, como el becerro de oro, en los santuarios de Dan y Betel, provocando la ira de Yahveh, que se ‘arrepintió' del pacto y de la misma creación de tan infieles súbditos.
La aparición de los ‘profetas' que anunciaban grandes males a los idólatras, provocó en el siglo VII a.C. la purificación del sacerdocio, la destrucción de los ídolos y la centralización del culto en Jerusalén, cuyo templo fue destruido por primera vez en el año 586 a.C, por el rey babilónico Nabucodonosor. Tras ser autorizados a volver a su país por los persas, quienes conquistaron babilonia en el año 538 a.C. los descendientes de los hebreos -llamados judíos desde entonces, por ser habitantes de Judea- se reorganizaron basándose en la Ley de Yahveh. Esdras creó un Estado judío teocrático, cuya autoridad era la Torá escrita, aunque en siglos posteriores se ha incrementado con los comentarios de los rabinos hasta formar el conocido Talmud, que ha mantenido su vigencia hasta el día de hoy. Conquistado en el año 63 a.C. por el romano Pompeyo, y destruido el templo de Jerusalén, por segunda vez, en el año 70 d.C. y la ciudad completa en 135 d.C. los judíos fueron expulsados por el emperador Adriano del territorio de Israel, que los romanos llamaron Palestina.
En el judaísmo primitivo no hubo unanimidad de criterios, y se fueron formando escuelas y sectas, grupos diferenciados, como los saduceos (sacerdotes), fariseos (laicos piadosos), esenios (monacales de Qumrán), zelotas (independentistas) y mesiánicos (esperaban al Mesías). Después de la destrucción por segunda vez del Templo de Jerusalén (70 d.C.) por los romanos, los sacerdotes fariseos encabezaron la cohesión del judaísmo disperso como rabinos o intérpretes de la Escritura, en los templos o sinagogas, que carecen de altar y vienen a ser como un lugar de reunión, estudio y oración."La Torá era el Libro, la Revelación que hablaba a todas las generaciones a través de sus intérpretes", y que "sirvió para unir a la Diáspora y a sus diversos grupos y experiencias", se dice en el Diccionario de Religiones Comparadas (Cristiandad, 1975). Los judíos actuales se rigen por los 613 mandamientos del Talmud y otros textos venerables, como la Mishne Torah del judío-español Maimónides, que representa la cumbre del judaísmo medieval con sentencias místicas como "Dios no es débil, Dios no es ignorante", que supone la negación de toda imperfección en el Dios judío. En el siglo XVIII Moses Mendelssohn (1727-1786) trató de reconciliar al judaísmo con la razón ilustrada, aunque sin abandonar la legislación 'divina' de la Torá, basada en la ‘revelación', concepto fantasioso que siempre está presente en todos los comentaristas bíblicos.
En la actualidad, el judaísmo sigue siendo una religión, con millones de adeptos dispersos por todo el mundo, aunque en el Estado de Israel, que ocupa desde 1948 parte del territorio ‘otorgado' por Yahveh a ‘su' pueblo, es imposible separar política y religión. Aunque hay facciones distintas que forman la base ideológica de los partidos políticos, con diferentes formas de entender el ensamblaje entre política y religión, todos se consideran servidores de su Dios, el Dios de Abraham, el Dios de Jacob, el Dios de Israel. El monoteísmo impregna toda la vida del judío, viva donde viva. Es un lazo de unión étnico pero ante todo religioso. La sangre es, quizás, lo que menos importa. La ‘conversión' es posible para quien acepte los principios ideológicos, bíblicos, históricos y morales de la religión judía. Los adoradores del Dios único, por quien han sufrido persecución y martirio, expulsiones y exterminio, se mantienen en su fe inamovible: son los más tenaces en sus creencias religiosas, heredadas de sus antepasados, que las formaron con inexistentes ‘revelaciones', mitos que no resisten la más pequeña reflexión
En la actualidad hay unos trece millones de personas que se identifican a sí mismas como judíos, aunque no todos sean religiosos practicantes. Los ‘ortodoxos' son los más fanáticos, defendiendo a sangre y fuego su pretendido derecho ‘religioso' a la tierra palestina, que, como sabemos, fue conquistada a sangre y fuego, con exterminio de sus habitantes, en tiempos de Josué. En términos religiosos, judío es aquel cuya madre es judía y además vive según la ley y la Torah. El holocausto nazi (1939-1945) destruyó la cultura judía de Alemania y Europa oriental, pero se mantuvo en distintos puntos del planeta, sobre todo en los Estados Unidos de América, en Francia, Rusia, Argentina, y desde hace más de medio siglo en Israel. No hay religión más dispersa, pero al mismo tiempo más unida en su fe. La estrella de David, las candelas de la sinagoga y la kipáh que usan los varones en las reuniones, son los símbolos externos de esa unidad de creencias, que se concentran en los rollos de la Ley, cuidadosamente caligrafiados y ornamentados, que se guardan en armarios especiales de las sinagogas. Su texto es inalterable. Si hoy sería una blasfemia modificar su contenido, en la antigüedad este atrevimiento podía ser castigado incluso con la lapidación pública. La causa es tan evidente como insensata: el origen divino de tales textos, por muy extremistas y condenables que sean. La fe es ciega.
La Biblia, considerada como Antiguo Testamento, es un conjunto de libros de muy diverso contenido. Se encuentran en sus páginas ritos y salmos, plegarias y las leyes sagradas, relatos, historias y tradiciones, acontecimientos varios y profecías. En todo caso, son considerados como ‘palabras de Dios', algunas tan amorales, sanguinarias y abominables que repugnan al lector más avezado a la maldad de los dioses. Casi no hay página que no esté salpicada por la sangre de los ‘enemigos' de Yahveh, es decir, del muy devoto pueblo de Israel, que aún espera la llegada del Mesías, al final de los tiempos. De ella se hablará en capítulo aparte. El Estado de Israel, fiel a su condición de Estado confesional, donde impera la religión judía, ofrece automáticamente el derecho de entrada y nacionalidad a cualquier judío de no importa qué parte del mundo. Si pequeño es su territorio y pequeña su filiación, el judaísmo está en el origen de la religiosidad monoteísta occidental, sin la cual no se entendería la historia del planeta en los últimos treinta siglos. (Continuará).

