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La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

19 Septiembre 2009

OJOS QUE NO VEN (90)

 

Diversidad de religiones (4)

 

CRISTIANISMO. Prolongación sectaria del judaísmo, cuyos libros sagrados acepta como propios, fundamento del monoteísmo más intransigente. Cerca de dos mil millones de personas, repartidas por todo el mundo, pero en especial por Europa y América (conocido con poco fundamento como el Occidente terrestre) profesan la fe en Jesús el Cristo, judío histórico de la Palestina romana con el que comienza no sólo una nueva religión sino, además, una nueva era, una civilización y una cultura, que ha dado origen a la división de la Historia en dos etapas: antes de Cristo y después de Cristo. A comienzos del siglo XXI, una encuesta periodística reseñaba que el 67 % de los europeos creía en Dios, con mayoría en los países mediterráneos.

En el siglo XV el cristianismo era una religión casi exclusivamente blanca y europea, pero se fue expandiendo gracias a los descubrimientos de nuevas tierras en las que el colonialismo fue decisivo para suplantar a las religiones nativas autóctonas por el nuevo mensaje de ‘salvación'. Organizada en forma piramidal, la Iglesia Católica es la única que tiene un Estado propio, aunque minúsculo, en el centro de Roma, la ‘Ciudad Eterna', con la Santa Sede instalada en el complejo Vaticano, donde ‘reina' como soberano absoluto el Sumo Pontífice o Papa, sucesor como Vicario de Cristo, de Pedro, Príncipe de los Apóstoles y supuesto primer obispo de Roma. El Estado Vaticano se creó en febrero de 1929 por los acuerdos de Letrán, firmados entre la Santa Sede y el dictador italiano Mussolini. Se trata de un Estado de pleno ejercicio, con su moneda, su bandera y su peculiar ‘ejército' de guardias suizos. La soberanía política del Vaticano sobre las 44 hectáreas de su superficie, constituye la garantía de la independencia espiritual del Papado, algo insólito en la historia mundial de las religiones (César Vidal, Pontífices, Península, 2007).

Su doctrina es unitaria, dogmática e intransigente, que se ha ido formando durante siglos, amparada en los ‘libros sagrados' del Antiguo y Nuevo Testamento. Las discusiones teológicas, que comenzaron muy pronto, fueron estableciendo esa doctrina de fe, por obra de los teólogos y los llamados Santos Padres, que ha ido moldeando la cultura occidental durante la Edad Media, aunque ya en el siglo XI se desgajó del tronco común la Iglesia Ortodoxa de Oriente, con leyes costumbres y liturgia propias. Incapaz la Iglesia de Roma de mantener la disciplina universal,  llegó la fragmentación del sistema doctrinal cristiano en varias ramificaciones nacionales, que impusieron reformas no admitidas por la Santa Sede. Los pueblos ‘rebeldes' del siglo XVI se organizaron en comunidades diferenciadas, bajo el rótulo común de protestantismo. Así nacieron en Europa los creyentes en Cristo, pero seguidores de Lutero, Calvino y otros disidentes, como el sádico rey de Inglaterra Enrique VIII. A esta ‘Reforma' protestante se opuso la ‘Contrarreforma' católica, que escindió Europa en dos (Norte y Sur), manteniendo férreamente sus posiciones ideológicas, que el catolicismo refrendó en el Concilio de Trento.

A estas Iglesias, Luterana, Calvinista y Anglicana, se unieron después la Iglesia Holandesa Reformada, la Presbiteriana, la Metodista, la Baptista, la Episcopaliana, la Evangélica, los Testigos de Jehová, la Iglesia de la Cienciología, y así hasta un total de 2.550 movimientos cristianos  contabilizados sólo en los Estados Unidos de América (dato tomado de la Word Christian Encyclopedia, 1982), una nación tan puritana como hipócrita, que se dice ‘protegida por Dios' al mismo tiempo que mantiene la separación constitucional entre Religión y Estado, donde se practica la pena de muerte y que no duda en masacrar pueblos enteros si así lo piden sus intereses. En junio de 2002, mientras un sesudo senador manifestaba que "esta nación es de personas creyentes, y el que no quiera quedarse en ella que se marche", el propio presidente afirmaba muy convencido, que "nuestros derechos provienen directamente de Dios". El Dios cristiano está presente en las leyes y en la tradición americana. Esta firme creencia en la divinidad no es un caso personal, sino que el nombre de Dios preside el himno nacional (God Bless America), las instituciones políticas y judiciales (el Tribunal Supremo comienza todos los días sus sesiones con la frase We Trust in God), las escolares (cada día inicia sus tareas con una oración) y las financieras (en cada billete de dólar se registra la frase: In God We Trust).

Pese a tanta división, todos los movimientos cristianos, incluidas las Iglesias Ortodoxas generalmente de etnia eslava, en el este europeo, y las africanas de Etiopía, tienen como base doctrinal la creencia en Jesús como Hijo de Dios, creador y salvador del hombre, la veracidad de su fe, incompatible con las demás, y la esperanza en una vida ultraterrena más allá de la muerte, eternamente contemplativa del Dios único y verdadero. Esta religión (múltiple en sus interpretaciones) tiene poco más de dos mil años de vida, basada en los libros de la Biblia, fuente de ‘revelaciones' divinas, no importa que sean inhumanas y contradictorias, como veremos. La fe  no conoce barreras ni entiende más que lo que quiere entender, siempre en contradicción con la más elemental racionalidad. Gonzalo Puente Ojea, en su duelo dialéctico con el filósofo Eugenio Trías, aclara que la razón no se propone consagrar verdades eternas, ni ha de ser ‘sacralizada' como sustitutivo de la fe, ya que se define por su radical e incesante función crítica, enemiga de cualquier tipo de ‘revelación sagrada'.

A pesar de considerarse la cuna histórica del catolicismo, Europa está siendo superada por el resto de continentes, tanto por el número de fieles como por su influencia. América Central y África constituyen actualmente los otros dos pilares de la Iglesia Católica. Desde el siglo XVI, gracias a la gran actividad misionera de los religiosos católicos (y protestantes), esta religión se expandió por todos los continentes, suplantando, a veces por la fuerza, a las religiones indígenas y autóctonas, arrollando con su predicación las creencias tradicionales, coartando la libertad de los ‘pobres ignorantes', que no tuvieron la especial gracia de conocer al ‘verdadero Dios'. No ha faltado, desde luego, la buena fe y el entusiasmo de los misioneros, pero la causa no ha podido ser más desgraciada, porque el resultado ha sido una mixtificación de dioses y creencias que han falseado la doctrina original católica. Ese afán proselitista ha causado en las mentes más daño que beneficio. Pese a la ordenación de sacerdotes y obispos nativos, los ‘misterios' de la doctrina cristiana no han suplantado, sino que se han mezclado, en la mayoría de los casos, con las religiones tradicionales, adulterando el mensaje original. Díganlo, si no, los católicos de Brasil, México, Venezuela y todas las repúblicas del Caribe, los de Filipinas, Indonesia o el África negra.

La intransigencia católica -coherente con su creencia en que el dios que predica es el único verdadero- ha sido la causante de los más sangrientos hechos en la historia de nuestra civilización. Ha desencadenado guerras teológicas, ha perseguido con saña a los disidentes, ha combatido a los ‘infieles' en las Cruzadas medievales, en la moderna Inquisición y en las guerras civiles  de nuestro tiempo. Son tres papas ‘Píos' los que encabezan esta intransigencia: Pío V, el más activo enemigo de la reforma de Lutero; Pío X, famoso por sus excomuniones a principios del siglo XX; Pío XI, que envió al infierno a los comunistas, a los filósofos existencialistas y a los científicos.

La Iglesia Católica nunca fue amiga de las Ciencias, porque se apartan de la fe irracional y sólo confían en la razón y en la experiencia. Como dice Eduardo Punset, "nuestra cultura heredada es dogmática y fanfarrona. Nuestras clases dirigentes decidían quién tenía razón echando un pulso. La ciencia, en cambio, condiciona la existencia de Dios a la experimentación y la prueba". Pero al final se impondrá la racionalidad y comprenderá que la razón también es un don de ese Dios que predican, y que no se la puede humillar de ese modo, obligándola a someterse a la fe, que, al fin y al cabo, es un meme psíquico, es decir, creado culturalmente por la mente humana, sin más dependencia de Dios que la imposible ‘revelación' durante el sueño de un profeta ‘iluminado'. Entre la fe y la razón existe un abismo infranqueable, pese a que la Iglesia actual diga lo contrario, como el papa Juan Pablo II en su encíclica Fides et ratio, donde se declara que "hay una profunda e inseparable unidad entre el conocimiento de la fe y el de la razón". Toda doctrina que intente esta (falsa) unión estará condenada al fracaso, ya que la verdad ‘dogmática', basada en mitos, no tiene ninguna relación con la verdad ‘científica', basada en pruebas ‘razonables', que es la única verdad que la razón humana puede aceptar como tal. La verdad puede matar la ilusión, pero conduce a la verdadera felicidad. (Continuará).

 

 

Tags: cristianismo

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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