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La Coctelera

La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

27 Octubre 2009

OJOS QUE NO VEN (125)

 

 

VI

Jesucristo

 

Cuando muere Jesús, nace Jesucristo. Jesús es hijo de su espacio y de su tiempo, Jesucristo es intemporal y universal. Cuando acaba la vida del Jesús de la historia, comienza la del Jesús resucitado, divinizado y adorado por millones de creyentes como la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. "Son sus discípulos quienes, tras su desaparición física, lo convierten en un héroe y en un dios", en palabras de Antonio Piñero. El nombre de Jesús le fue impuesto por sus padres, siguiendo las órdenes de un ángel (Mt 1:21; Lc 1:31). El sobrenombre de Cristo fue usado por los suyos, al ser tratado como el ‘Ungido', el ‘Mesías', el ‘Señor' en las páginas de los Evangelios. A la pregunta de Jesús: "Y vosotros, quién decís que soy yo?" Pedro responde: "Tú eres el Cristo" (Mc 8:27-30). Pero, "Cristo no nació porque Cristo no es el nombre de una persona, sino una dignidad", afirman los autores de Jesús contra Jesús. Cristo es un concepto teológico, primero egipcio y después bíblico, que hace referencia a un líder victorioso, a un Mesías enviado por Yahvéh para la liberación del pueblo judío. Pero la decepción de los discípulos es real y comprensible tras la crucifixión: "Nosotros esperábamos que sería él quien iba a librar a Israel" (Lc 24:21). La victoria no llegaría hasta pasadas cinco o seis generaciones. En el cementerio del Vaticano se conserva el mosaico cristiano más antiguo (mediados del siglo III) que es una representación del Cristo-Sol subido al carro triunfal del ‘Sol invicto', el dios solar asirio, adorado por Caracalla y otros emperadores, ahora cristianizado.

Al percatarse del doloroso mentís de la cruz, sus discípulos, el converso Pablo, y más adelante los evangelistas, se empeñaron en sustituir al Cristo vencido por el Cristo vencedor. Para ello no había más remedio que falsificar la realidad, ‘inventando' otra que diera esperanzas a los desanimados fieles. Como dice Pablo, "Si Cristo no resucitó, vacía es nuestra predicación, vacía es también vuestra fe" (1Cor 15:14). La resurrección era, pues, de absoluta necesidad para predicar la nueva religión. En los Hechos de los Apóstoles, el ardiente Pablo porfía con los tesalonicenses tres sábados consecutivos para convencerles de que Jesús es, efectivamente, el Cristo: "es Jesús, a quien yo os anuncio" (Hch 17:3-4). "El lastre del muerto va aligerándose, se desvanece ante el prestigio del Resucitado, se engalana con títulos, se corona de gloria. Y puesto que Cristo ha resucitado, Jesús se retira al arcano de la historia", dicen poéticamente Gérard Mordillat y Jérôme Prieur en Jesús contra Jesús. Una polémica visión de la figura de Cristo a partir de las contradicciones de los evangelios (Algar, 2002). 

El nombre completo de Jesucristo no se encuentra hasta las cartas conocidas de Pablo de Tarso, escritas hacia la mitad del siglo I, que comienzan siempre con una salutación: "Gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo" (1Cor 1:3; 2Cor 1:2; Gál 1:3; 2Tes 1:2). A los Romanos se presenta como "Pablo, esclavo de Jesucristo" (Ro 1:1). A los Gálatas les confiesa la "revelación" que le convirtió en predicador del Evangelio. "pues ni siquiera yo lo recibí ni aprendí de un hombre, sino por revelación de Jesucristo" (Gál 1:11-12). A los Tesalonicenses los saluda con la expresión "La gracia de Nuestro Señor Jesucristo (esté) con vosotros" (1Tes 5:28). Para los Corintios, en fin,  reserva una bendición: "Bendito el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo" (2Cor 1:3), sugiriendo que el Padre y el Hijo son dos personas distintas. Veinte años después, el nombre aparece en el primer versículo del evangelio de Marcos: "Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios" (Mc 1:1). El último evangelista, Juan, finaliza el suyo diciendo: "Estas (cosas) se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Jn 20:31). Juan, aunque escribe medio siglo después de Pablo, relata los hechos y dichos de Jesús, sin mencionar nunca la palabra Jesucristo.

Con este proceso de transformación del Jesús de la historia en el Cristo de la fe, nace la "cristología". Los primeros cristianos dan una vuelta a la historia: el pobre galileo crucificado va a ser, en adelante, el Cristo, el Señor (kiryos), el Hijo de Dios, que no puede morir. "De este pasmoso sofisma, dicen Mordillat y Prieur, nació una verdad eterna". La confirmación comienza con una ‘visión' o ‘alucinación', cuando un presunto ángel dice a las mujeres en el sepulcro: "Jesús el Nazareno, el crucificado; ha resucitado; no está aquí" (Mc 16:6).  Las ideas enfrentadas sobre la divinidad de Jesucristo en esos primeros años quedan magníficamente resumidas por Antonio Piñero, en  Los cristianismos derrotados.¿Cuál fue el pensamiento de los primeros cristianos heréticos y heterodoxos?   (Edaf, 2007). Primera teoría: Era un hombre normal, que Dios Padre  elevó a la gloria y lo sentó a su lado, después de resucitarlo. Así lo manifiesta Pedro en su primer discurso, conservado en los Hechos: "Jesús Nazareno, hombre a quien Dios resucitó..."(Hch 2:22-24). Segunda teoría: Jesús fue un hombre ‘adoptado' por Dios y capacitado para su misión salvadora en el momento de su bautismo (Mc 1:9-11). Tercera teoría: La filiación divina ocurre en el momento mismo de la concepción (Lc 1:30-33). Cuarta teoría: Jesús es Dios antes de ‘encarnarse', vive desde toda la eternidad (Jn 1:1-14), que fue la que, finalmente, venció a las demás teorías sobre su divinidad.

A este respecto, la mención evangélica más explícita sobre la vida eterna la transcribe Juan, (aunque puede ser interpolación posterior; pensemos que ha pasado casi un siglo y nadie asistió a esta conversación entre Jesús y Marta) al responder el Maestro a las dudas de la hermana de Lázaro: "Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás" (Jn 11:25-26). Idea muy acorde con el ideario gnóstico del evangelio de Juan, y que remite a un simbolismo místico de difícil encaje en el realismo de los evangelios sinópticos. El suceso mismo de la resurrección no está recogido en ningún texto del Nuevo Testamento. No hay más constatación que las ‘apariciones' posteriores. No podemos saber, en realidad, siguiendo los evangelios, qué sucedió realmente. El cotejo de los diferentes relatos, por otra parte, no añade más luz, sino que lo oscurece aún más. Las opiniones del erudito profesor Gerd Lüdemann, Director del Instituto de Estudios Cristianos antiguos de la Facultad de Teología en la Universidad de Göttingen, quedan recogidas en su libro más reciente, La resurrección de Jesús. Historia, experiencia, teología (Trotta, 2001). Teorías sorprendentes, que contradicen los textos evangélicos.

Primera: "La marcha de María Magdalena con las otras dos mujeres hasta la tumba de Jesús el día siguiente al sábado difícilmente se puede calificar de histórica. Su fuente es una leyenda surgida tardíamente y encaminada a hacer frente a los ataques de los adversarios, una leyenda que sin una fe ‘cristiana' ya presente de antemano no habría podido existir".  Segunda: "La visita de Pedro a la tumba...es una creación posterior, y por consiguiente, sin valor histórico". Tercera: "De la historia de Emaús como tal no podemos aprender casi nada en absoluto sobre lo históricamente especial de la fe cristiana".  Cuarta: "El saldo histórico es igual a cero". Quinta: "Sobre el momento cronológico de la resurrección no se puede dar históricamente ninguna indicación. El momento cronológico ‘al tercer día' se eligió para cumplir una profecía veterotestamentaria". Sexta: "El rumor sobre el robo del cadáver de Jesús es históricamente cierto, pero no el robo como tal....Los discípulos, debido a su inmensa decepción, no habrían sido capaces de una impostura así". Séptima: "La tradición del soborno de los guardias del sepulcro no se puede tomar históricamente en serio". Octava: "Los relatos de la resurrección...son composiciones tardías que intentan satisfacer la exigencia relativa al ‘cómo' de la resurrección de Jesús. Carecen, por tanto, de todo valor histórico". Novena: "El encuentro entre Jesús resucitado y Tomás no es histórico". 

Según las investigaciones teológicas más recientes, como las del mismo profesor alemán, ya citado, de la resurrección de Jesús sólo se tienen noticias por las apariciones, cuando existe la controversia sobre si el cuerpo era ‘real' o mera ‘apariencia'. Lo que sí parece cierto es que  Magdalena, Pedro y los demás discípulos tuvieron ‘vivencias' de Jesús resucitado. Pero nada tienen que ver con el acontecimiento histórico ‘real'. La posible ‘aparición' de Jesús a Pedro es diferente a la de Pablo, ya que éste no lo conocía previamente, y el primero sí. Los sucesos de Pentecostés y la ‘aparición' a ‘más de quinientos' (1Cor 15:6) como fenómeno histórico se puede justificar como un éxtasis colectivo que tuvo lugar en la época primitiva de la comunidad, tal como ha sucedido después en tantas ocasiones, en especial en las ‘apariciones marianas'. Desde el punto de vista de la psicología de masas, los desencadenantes de dicho éxtasis pudieron ser diferentes personas o una sola. Lüdemann habla de una "embriaguez religiosa" que origina las visiones, pero sin intervención divina, sino como expresión exaltada de un proceso psíquico. En consecuencia, "una perspectiva de cosmovisión moderna consecuente debe decir adiós a la resurrección de Jesús como acontecimiento histórico".

Psicológicamente, sin embargo, "Pedro experimentó ‘en una visión' a Jesús vivo, y este acontecimiento condujo a una reacción en cadena sin igual....El círculo de los doce, fundado por Jesús durante su vida, se vio arrastrado por Pedro y ‘vio' igualmente a Jesús...Hoy en día ya no  podemos tomar literalmente las afirmaciones sobre la resurrección de Jesús...No fue un hecho histórico, sino un juicio de fe. Digámoslo, por tanto, de forma totalmente concreta: la tumba de Jesús no estaba vacía sino llena, y su cadáver no se esfumó, sino que se descompuso...Con la revolución de la cosmovisión de las ciencias de la naturaleza, las afirmaciones de la resurrección de Jesús han perdido definitivamente su sentido literal". Afirmaciones taxativas del profesor Gerd Lüdemann que, dejando en mal lugar las del apóstol Pablo ("Si Jesús no ha resucitado, vana es vuestra fe") promueve un nuevo sentido cristiano de entender el dogma, "una liberación que lleva en sí la semilla de lo nuevo". Es una teoría similar a la expuesta por el obispo episcopaliano de Nueva Yersey John Shelby Spong en su obra La Resurrección ¿mito o realidad? (Martínez Roca, 1996). Fue el evangelista Lucas quien "transformó radicalmente el relato de la tumba", ‘inventando', además, el episodio que sólo él relata, de la  ascensión de Jesús, necesario para completar la victoria de Jesucristo. (Continuará).

 

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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