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La Coctelera

La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

30 Octubre 2009

OJOS QUE NO VEN (128)

 

Jesucristo (4)

 

El médico y pastor presbiteriano Levi H. Dowling, en su obra El Evangelio  Acuario de Jesús el Cristo (Eyras, 1978) con más de cincuenta ediciones durante el siglo XX, sostiene que durante los años de su ‘vida oculta' Jesús viajó por la India, Tibet y Nepal, donde habría aprendido las bases doctrinales de las enseñanzas de Buda, teniendo conocimiento también de la religión de Zaratustra a su paso por Persia y Asiria. Lo más notable es que asegura este pastor ‘visionario' que Jesús aprendió filosofía en Grecia y que ingresó en una ‘fraternidad secreta' durante su estancia en Egipto. Marginando el supuesto 'ingreso' en dicha fraternidad, muchos comentaristas dan por buena la estancia de Jesucristo en Egipto, país vecino cuya influencia sobre la Palestina antigua nadie debe ignorar si quiere entender algo de la mentalidad hebrea. En el Museo Arqueológico de Palestina se conservan muchos amuletos egipcios y fenicios, que demuestran la realidad de esa influencia de tipo religioso.

Recordemos que Jesucristo fue admirado y aplaudido por las masas, más que por su predicación, por los prodigios que hacía para corroborar la verdad de sus palabras o para el beneficio de los más necesitados. Pero, como sabemos, no era el único ‘hacedor de milagros' en su época, considerados ‘magos', como Simón Mago (Hch 8:9-24), que tendría un gran predicamento en Samaría y en Roma, donde se proclamó un ‘dios'. Como ya hemos visto, también lo fue el griego Apolonio de Tiana, a quien, incluso, el emperador Caracalla ordenó consagrar un templo. Parece ser que fue el escritor Porfirio el primero en comparar a Apolonio con Jesús. Ambos con el calificativo de "mago", pero sin la consideración divina, ya que, como dijo el cristiano Eusebio "ningún hombre puede hacer milagros", para respaldar la condición divina de Jesucristo. Sin embargo, uno y otro tenían en común, según sus defensores, que habían aprendido en Egipto las artes mágicas, y que por ellas habían sido perseguidos.  Aunque los dos se diferenciaban de la mayoría de los magos, que utilizaban sacrificios de animales, conjuros complicados, trabajaban por dinero y eran tramposos, sus ‘milagros' eran ilusorios, intrascendentes y de corta duración, basados en trucos al alcance de cualquiera que los hubiera aprendido.

No enseñaban la virtud, siendo ellos mismos inmorales y tramposos, sin ofrecer nada que significara un camino de salvación. Por otra parte, "los cristianos insistían en que, a diferencia de cualquier mago, Jesús y su vida habían sido predichos por los profetas del Antiguo Testamento, y sus proclamaciones habían sido confirmadas por su resurrección de entre los muertos, apariciones después de su muerte y ascensión al cielo. Los seguidores de Apolonio no tenían profecías que presentar, pero tenían el gran ‘milagro' de su escapatoria de la muerte e invocaban su ascensión y apariciones después de su muerte" (Morton Smith, Jesús el Mago, Martínez Roca, 1988). Si Jesucristo era Dios ¿por qué no lo podía ser Apolonio de Tiana?

El hallazgo reciente, en un pecio del puerto de Alejandría, de una ‘vasija' o ‘taza' de una sola asa, de cerámica, datada a mitad del siglo I d.C., ha venido a revolucionar el mundo académico de la arqueología. Porque en su costado, con letras griegas de fácil lectura, se puede ver una inscripción que, traducida, podría decir: "Por Chrestos el mago". Si hiciera referencia a Jesucristo, en lo que no están de acuerdo todavía los estudiosos, vendría a confirmar la valoración popular de Jesús como "mago" y vendría a ser la primera referencia conocida de Jesucristo, unos pocos años antes de que Pablo escribiera su primera carta a los Tesalonicenses. El recipiente, que he podido contemplar de cerca, puede ser una simple taza de uso común, o quizás una vasija ritual. Pero es un indicio más de que Cristo y la magia no estaban tan distanciados. El retrato popular del Jesús itinerante era principalmente el de un ‘hacedor de milagros', por lo que Celso, enemigo de los cristianos, comenzó su ataque diciendo que hacía sus milagros mediante la magia, aprendida en Egipto. Continúa vertiendo acusaciones sin más fundamento que su odio a Jesucristo, llamándole, entre otras cosas, "bandido", "embustero" y "jactancioso", pero "lo que no se discute, añade Morton Smith, es que el nombre de Jesús continuaba utilizándose en la magia como el de un poder sobrenatural por cuya autoridad podían ser conjurados los demonios".

Hay constancia de que el nombre de Jesús aparece en conjuros paganos, tanto como en los exorcismos cristianos, y su figura aparece, incluso con una ‘varita mágica' en una placa de vidrio dorado del siglo IV de la Biblioteca Vaticana. Numerosos actos de ‘magia' se suceden en la vida de Jesús, desde el bautismo a la eucaristía ("un rito mágico inconfundible"), pasando por la expulsión de los demonios y las curaciones más o menos sensacionalistas. Le acusaban de obrar estos prodigios "por obra de Belcebú", el mismo ‘espíritu' que lo condujo al desierto (Mc 1:12). Pero también otros expulsaban demonios sin que fueran acusados como él. No es fácil deslindar las líneas divisorias del retrato ‘oficial' de Jesucristo, según las tradiciones conservadas en los evangelios. Jesús el "mago", Jesús el "Hijo de Dios" o Jesús simplemente "Dios", Segunda persona de la Trinidad cristiana. "Cada uno de ellos, escribe Morton Smith, es intrínsecamente increíble, ya que los tres explican los fenómenos de la vida de Jesús según los términos de un mundo mitológico de demonios y divinidades que no existe". ¿Sería una plausible explicación la ‘magia blanca' sustentada en ‘trucos' y habilidades del mago?

Los evangelios nos dicen que algunos de sus seguidores primeros creían que era un ‘profeta' antiguo, como Elías (Mc 6-15; 8:28), Jeremías (Mt 21:11, 46) o quizás Moisés (Jn 6:14; 7:40; Hch 7:35-40). Pero después corrigen la apelación, para dejar bien establecido que es el Mesías (Mc 8:28-30; Lc 24:19-26; Jn 4:19-25). Sabemos, sin embargo, que si los profetas hicieron ‘milagros' no era por su propio poder, sino por invocación a Yahvéh. Tampoco tenían poder para expulsar los demonios, ni para perdonar los pecados, ni para profetizar el fin del mundo aunque algunos, como Elías y Eliseo pudieran leer los pensamientos ajenos, cosas que sí hizo Jesucristo. Las diferencias son notables. Pero es comprensible que los evangelistas quisieran presentar la figura del Maestro como superior a cualquier personaje del Antiguo Testamento, ya que uno de sus propósitos era, precisamente renovar y superar la Ley mosaica, aunque predicando su cumplimiento (Mt 5:17).

La ciencia, que no puede admitir ningún tipo de milagro por ser contrario a las leyes inmutables de la naturaleza, no se preocupa del tema, abandonado en manos de las religiones, aunque ninguna de ellas puede presumir de tener el dominio exclusivo sobre los prodigios inexplicables. Ni siquiera Jesucristo y su Iglesia, que amparan la existencia -múltiple y variopinta- del milagro, que consiste en la ruptura con las leyes naturales, pero que exige a sus más fieles para ser canonizados como escogidos, en posesión ya de la vida eterna. ¿Hay mayor contradicción? De san Juan Bosco se dice que poseía poderes paranormales; a san José de Copertino se le llama "el fraile volador" por sus continuas bilocaciones, que también tienen un ejemplo en la monja española María de Ágreda. El cristianismo cuenta entre los suyos a unos doscientos santos que ‘levitaban' con facilidad, como santa Teresa de Jesús, san Ignacio de Loyola, san Felipe Neri, santo Tomás de Aquino, y otros menos conocidos. En todo caso, no sirven para gran cosa en la invocación a los dioses,  pues "sería inútil afirmar que los milagros de Jesús y de los santos demuestran la supremacía de la cristiandad" (D. Scout Rogo, El enigma de los milagros. Una investigación paracientífica de los fenómenos portentosos,  Martínez Roca, 1990).

Algo parecido ocurre en religiones orientales, como el hinduismo, donde existen  muchos faquires y santones con poderes espirituales, lo mismo que los chamanes de Africa, Mongolia o Alaska, entre indios de religiones primitivas, todos ellos con facultades especiales para realizar prodigios inexplicables. Aunque la mayoría de las personas sensatas creen imposible el milagro, y piensan más en hábiles ‘trucos' de magia, el mundo de los hechos milagrosos puede parecer un poco menos enigmático y exasperante si lo consideramos a la luz de la parapsicología,  la ciencia de lo paranormal, o incluso a la luz de las nuevas ciencias neurológicas. "La mente humana -concluye Rogo- es la responsable de la creación de los milagros".Por otra parte, los más recientes estudios sobre el cerebro admiten como causas de estos ‘supuestos milagros' la hipnosis, las alucinaciones colectivas, o las extrañas conexiones neuronales, todavía en estudio. En ello están empeñados los científicos de varias universidades, como la de Copenhague o la de Johns Hopkins en EE.UU. Todo cambiará cuando la ciencia llegue al más sensacional de sus descubrimientos dentro de la física cuántica, la comprobación de la teoría de cuerdas, que unificará todas las teorías conocidas y dará la explicación a todos los que hoy consideramos ‘misterios' de la naturaleza.  (Continuará).

 

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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