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La Coctelera

La bitácora de Vandalio

Temas variados sobre humanismo, sociedad y religión

15 Noviembre 2009

OJOS QUE NO VEN (144)

 

La cristiandad (10)

 

Existe un Diccionario de los papas (Destino, 1963) poco fiable, si nos atenemos a las biografías ‘edulcoradas' que publica, pero que no oculta algunos de los pasajes más escabrosos del Papado. Por ejemplo, la vida de Benedicto V (964) quien al poco de ser proclamado violó a una joven romana y tuvo que salir huyendo hacia Constantinopla, llevándose parte del tesoro pontificio. "Finalmente, dice el profesor Rodríguez, halló la muerte a manos de un marido poco dado a compartir su esposa con nadie, por muy Santo Padre de la Santa Madre Iglesia católica que fuese, y su cadáver, acribillado por un centenar de puñaladas, fue arrastrado por las calles y arrojado a una alcantarilla".

 Juan XV (986-996) fue, al decir de Mabillon, el primer papa que canonizó a los santos, a imitación de las apoteosis paganas, en la persona del obispo san Udalrico, en el año 993. El papa alemán Gregorio V (996-97) excomulgó al antipapa italiano Juan XVI, al que hizo pasear por la ciudad montado al revés sobre un asno, después de haberle cortado la nariz y la lengua y con las vestiduras rasgadas. El último pontífice del siglo X fue el estudioso químico Silvestre II (999-1003), llamado antes Gerberto, obispo de Rávena. Entre sus útiles inventos se recuerda el reloj con balancín, que estuvo en uso hasta 1650, en que fue sustituido por el péndulo.

Pero, en general, durante el primer milenio, la Sede Apostólica estuvo ocupada por algunos papas indignos, ambiciosos de poder, al que llegan sin escrúpulos, aunque la elección estuvo reservada desde 1274 al cónclave (‘cum clavis', bajo llave). Pero la indignidad llega a su cima cuando nos enteramos de que hubo papas que fueron hijos de sacerdotes, de obispos o de papas, el caso más evidente de lujuria y  nepotismo. Entre otros, se citan los nombres de Bonifacio I (418-423), Félix III (483-492) y Agapito I (535-536), hijos de sacerdotes; Adriano II (867-872), hijo de obispo; Silverio (536-540), hijo del papa Hormisdas y Juan XI (931-935), hijo del papa Sergio III y de su amante Marozia, hermanastro de Alberico II (932-954), que los encarceló y asesinó.

Continuando la historia de estos "siglos oscuros", los historiadores de la Iglesia más ortodoxos llaman a los pontífices del siglo X "simoníacos, tiranos, sodomitas, ladrones y asesinos". Una serie de epítetos capaces de escandalizar al más timorato, si no hubieran sido dichos por personas tan adictas a la Iglesia como el cardenal Baronio. Del pontífice Sergio III (906-911)  dice el mismo historiador eclesiástico que "es un bandido digno de la cuerda y el fuego, un monstruo execrable, que es imposible creer que haya sido papa legítimo". Uno de esos hijos del pecado fue consagrado papa con el nombre de Juan XI, ya citado,  que "se entregó a incestuosos amores con su madre" ¿Cuántas de estas noticias, que manchan la historia de la Iglesia, han sido comunicadas a sus fieles creyentes? Es inevitable dirigir la mirada al pasado para entender el presente.

El erudito Muratori, en un escalofriante relato, nos cuenta cómo el papa Esteban VI (896-897) hace desenterrar el cadáver del papa Formoso I, nueve meses después de ser sepultado, para que lo juzgase un tribunal en la Basílica Lateranense, y lo declarase culpable de usurpación de la tiara. En consecuencia, Esteban ordena cortarle los tres dedos de la mano derecha con que bendecía al pueblo, se le corta la cabeza y el resto de su cuerpo es arrastrado por las calles de Roma para ser arrojado finalmente a las aguas del Tíber. En represalia, los secuaces de Formoso asesinan a Esteban por estrangulamiento. El papa Bonifacio VI (898), de vida escandalosa, sólo gobernó durante dos semanas, y murió envenenado. Antes de llegar al milenio, en este ‘maldito' siglo X, gobiernan la Iglesia 26 Papas, de los cuales nueve murieron asesinados (Esteban VI, León V, Cristóforo, Juan X, Juan XII, Bonifacio VII, Juan XIII, Gregorio V y Juan XVI).

Con Juan XII (955-963), retoño extramatrimonial  de Alberico, la sede romana llegó a la bajeza más extrema, ya que no sólo "convirtió el palacio papal en un burdel", sino que, ajeno por completo a la responsabilidad de su cargo, gustaba de invocar a los dioses paganos, celebraba la misa sin comulgar y cometió incesto con sus hermanas, violando a cuantas devotas "peregrinas" llegadas a Roma se ponían a tiro. Este papa sacrílego fue el que coronó emperador a Otón I  el 2 de febrero de 962, en San Pedro de Roma, dando comienzo el "Sacro Imperio Romano", que se mantuvo hasta su desaparición en 1806. Juan XIII (965-972) era también hijo de obispo según el ‘oficial' Liber Pontificalis, y hubo de entrar en Roma al frente de un ejército propio. El papa Juan XIV (983-984) estuvo preso durante cuatro meses en el castillo de Sant'Angelo por intrigas de Bonifacio VII (984) que le suplantó. De nada le sirvió, porque a los pocos meses el pueblo romano lo despojó de sus vestiduras pontificales, fue asesinado sin piedad y su cadáver arrastrado por las calles de Roma. El papa Juan XV (985) también fue hijo de sacerdote y hubo de huir de Roma. Le sucedió Gregorio V (996-999) biznieto del emperador alemán, de 24 años, que a los pocos días coronó en Roma como emperador a su primo Otón III.

Esto sólo en el primer milenio. En el segundo, baste recordar que el poeta italiano Dante Alighieri, en su Divina Comedia vio los tormentos que sufrían en el octavo círculo del Infierno  tres papas de los siglos XIII y XIV: Nicolás III (1277-1280), Bonifacio VIII (1294-1303) y Clemente V (1305- 1314). Dante, como es conocido, era un ferviente católico. Durante todo el siglo XVI los papas siguieron con sus amantes y teniendo hijos sin ningún escrúpulo: Paulo III Farnese (1534-1549) era hermano de la amante de Alejandro VI y fue padre de varios hijos; también los tuvieron Julio II (1503-1513), Pío IV (1559-1565), Gregorio XIII (1572-1585) y el gran libertino Alejandro VI. Así es la historia, muy esquemática, de los obispos que han ocupado en los primeros siglos la Sede Apostólica. Pero hemos de tener presente también (sin que sirva de excusa) que eran malos tiempos, tanto para la historia política de Europa, como para la Iglesia, que ha de enfrentarse a las  herejías del patriarca Nestorio, del obispo Pelagio y del archimandrita Eutiques, y finalmente a la arrolladora invasión de los bárbaros del norte, que comenzó en el año 410 con el saqueo de Roma por el rey Alarico, y de los sarracenos, con la invasión de la península ibérica en el año 711. (Continuará).

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Soy filólogo ya jubilado, me gusta escribir y deseo mantener mi propia bitácora para ofrecer mis experiencias, ideas y sentimientos sobre la vida a quienes -jóvenes o viejos- las quieran compartir.
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